Manos en el fuego: De Vido y Cristina coinciden en el más allá

Recluido en su celda, devenido en escrito, De Vido culmina su lamento con una hipérbole...

Por Pablo Esteban Dávila

de vidoAlejado desde hace mucho de la arquitectura y forzosamente desplazado de la política, Julio de Vido parece haber descubierto una nueva vocación: la de escritor. Por el género literario escogido puede que su modelo sea Honoré de Balzac pero, si se toma en cuenta su condición de presidiario, tal vez busque emular al comunista Antonio Gramsci con sus 32 Cuadernos de cárcel.
Todavía no se sabe la derivación que adquirirán sus escritos con el tiempo (esto depende de cuán largo sea su período de prisión preventiva) pero lo cierto es que el exsuperministro de Néstor y Cristina Kirchner ha decidido canalizar su bronca cultivando el arte epistolar. Siempre es mejor esto que la depresión o el origami. Sin embargo, es difícil no imaginárselo escribiendo al compás de los acordes de la Lacrimosa del réquiem mozartiano, prometiendo venganzas y escarmientos por doquier.
La semana pasada, De Vido obsequió a la opinión pública con su primera carta desde la cárcel. Se despachó con línea duras y que parecían tener destinatarios puntuales. “Despreciando como élsiempre lo hizo(se refriere a Juan Domingo Perón) la cobardía y la traición de rehuir a la defensa de nuestra línea histórica por Rosas, Irigoyen, Perón y Kirchner”, llamó a oponerse al presidente Mauricio Macri, de quién sugiere es el nuevo endeudador serial de la Nación. Muchos asumieron que su llamado no comprendía a sus históricos (y ahora lejanos) compañeros de ruta.
Cuando todavía no se acallaban los análisis de aquélla apareció la segunda, de contenidos aún más fuertes. La nueva misiva abunda en recriminaciones. La primera contra la expresidente Cristina Fernández. “Alguien dijo” –el pronombre es explícito– “al ser consultada sobre mí que no ponía las manos en el fuego por nadie” lo cual, según la interpretación del todavía diputado, fue la luz verde para su desafuero e internación en el penal de Ezeiza. “Todo muy simultáneo, todo muy coincidente. Demasiado explícito”.
El otro regaño es contra el gobierno, es decir, contra Macri. De Vido lo acusa de haber impulsado el “circo mediático y judicial” que ha terminado encarcelándolo con la complicidad de sus colegas del Frente para la Victoria, liberados de sus prevenciones tras la venia de Cristina. Sostiene ser la víctima de un contubernio atroz. La prueba es simple: ¿Qué más sospechosa que la inacción de sus compañeros de bloque en la sesión que trató el desafuero? Prefirieron (Máximo Kirchner el primero) recluirse en la penumbra de sus despachos antes de dar la cara por él en el recinto.
El sentirse abandonado por los suyos lo hace sentir bíblico. “Ecce homo” –he aquí el hombre, escribe en su carta viéndose a sí mismo como el nazareno en manos de Poncio Pilatos, listo para recorrer el camino del Gólgota. Peor que verse preso es darse cuenta que ha sido abandonado. Es un náufrago judicial, el chivo expiatorio de un sistema de poder en el cual él sólo cumplió órdenes.
Esta sensación lo hunde en el desánimo más abyecto, al punto tal de recurrir a ese gran ausente de la década ganada, el estado de derecho. “(…) Está roto o simplemente no existe y los hipócritas de uno y otro lado miran para el costado”, asegura. Cualquier opositor, empresario o ciudadano del promedio podría haber escrito exactamente lo mismo durante los años que estuvo el kirchnerismo en el poder, en donde se violaron contratos, alteraron arbitrariamente las reglas de juego, se prohibió comprar dólares o se obligó a informar los motivos de viajes al exterior, entre otros abusos. “Si no, pregúntenmelo a mí”, sugiere retóricamente De Vido. Él sabe perfectamente de qué se trata eso de quebrar el estado de derecho, junto con tantos otros de su claque.
Por supuesto que tiene razones para quejarse de su situación. Todos los detenidos generalmente las tienen. Pero el diputado apunta sobre aspectos que parecen especialmente graves. “Estoy detenido sin juicio previo en dos causas por delitos que no están probados” –sostiene–“y de los que nunca pude haber sido el actor por falta de acción.Es decir, que con las misiones y funciones que me atribuía la ley, aunque se hubieran cometido, yo nunca los hubiera podido cometer”. Muchas veces se ha visto excesos similares de parte de los jueces, especialmente respecto a funcionarios sin poder y con mala prensa. De Vido deberá apelar y confiar que la Cámara Federal le dé la razón. Esto significa que su destino procesal se encuentra en manos de las garantías constitucionales, como cualquier otro mortal en la Argentina.
Bien le valdría recordar, a este respecto, que la Constitución no es un libro de cuentos, especialmente cuando se pierde (por el motivo que fuere) la libertad ambulatoria. Lástima que él fuera uno de los tantos en su gobierno en ignorarla. ¿División de poderes? ¿Libertad de prensa? ¿Seguridad jurídica? ¡Cuentos chinos! ¡Prejuicios burgueses! ¿Para que detenerse en esas mojigaterías cuando de lo que se trataba era de imitar al bueno de Hugo Chávez, que era especialista en eso de fabricar revoluciones del siglo XXI? Lástima que ahora se necesite la independencia de poderes para intentar volver sentir el aroma de los naranjos en flor, aquella cosa tan extraña que los amigos de Justicia Legítima intentaron liquidar por todos los medios a su alcance.
Recluido en su celda, devenido en escrito, De Vido culmina su lamento con una hipérbole. “Si quieren saber dónde estoy” –desafía a sus lectores, haciendo de cuenta que no lo saben– “estoy donde siempre estuve, al lado de Néstor Carlos Kirchner (…) aquí estoy, seguro de que no me quemaré las manos”. En eso coincide con Cristina, aunque lo hagan en el más allá. Ella también dijo que sólo por sus íntimos podrían las manos en el fuego. Néstor, después de todo, también pertenece a esa categoría, excepto que hace ya algunos años que se encuentra fuera del escrutinio de los jueces federales.



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