Que un Etchevehere no nos tape la pampa

Un nuevo cambio ha removido la discusión sobre el modelo de país que pretende el gobierno. Aunque hayan cambiado los tiempos no hay que dejar de prestar atención al debate que se viene.

Por Javier Boher
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etchevehere
Luis Miguel Etchevehere, el nuevo ministro de Agroindustria.

Nuevos cambios en el ministerio de agroindustria sorprenden al campo y confirman el rumbo que ha decidido tomar el gobierno. Al gradualismo que se empeñan en sostener en la faz económica lo contraponen al shock político con el que se están acomodando después de las elecciones.
El desplazamiento de Buryaile (un hombre del radicalismo formoseño) y su reemplazo por Etchevehere (de la Sociedad Rural) es un gesto de retribución al apoyo del campo y las actividades pampeanas, en oposición a la estructura representada por el ahora ex ministro (más cercana a las economías regionales).
La llegada de un hombre de la Sociedad Rural es vista por gran parte de la oposición como un indicador del camino que va a seguir el gobierno para aumentar los márgenes de ganancia de los grandes empresarios del país. Los más dolidos son los sectores progresistas, que viven en un libro de historia de los ‘90 que relata las desgracias del neoliberalismo y la actividad primaria.
Aunque la izquierda nacional pretenda responsabilizar a la Sociedad Rural por el resultado de las políticas de desindustrialización que se impusieron desde hace 40 años, la realidad es que hace casi 85 años que un presidente de la SRA no llega a ministro de agricultura, por lo que el resultado es aún incierto. En aquel momento estaban en ascenso el comunismo, el nazismo y el fascismo, situación absolutamente diferente a la actual, en la que Lázaro Báez tiene más tierras que cualquier afiliado a la Sociedad Rural.
Como todo organismo corporativo, el poder de influenciar la toma de decisiones va más allá del acceso a los cargos, lo que puede ser fácilmente identificable en nuestra historia. En un país con una fuerte tradición corporativista heredada de la idea de Comunidad Organizada, la influencia de la Sociedad Rural puede ser equiparable a la que en otros momentos han ejercido la UIA o la CGT.
De manera muy sugerente, este cambio se produce en un momento en el que la larga campaña ha logrado disuadir a la gente de debatir política profunda, pese a que está dispuesta a regocijarse con la prisión a De Vido o la condena a Moreno.
Pese a que la izquierda arcaica encara las discusiones con argumentos infantiles, las relaciones entre la economía, el gobierno y el campo han entrado en una nueva fase, con una mayor influencia en la toma de decisiones por parte de uno de los sectores más relevantes dentro de las actividades productivas en Argentina.
Ahora bien, pese a lo exagerado de la posición de los sectores progresistas, no hay que perder de vista que su desconfianza es saludable, porque lo que muchos pretenden es que deje de ser un ministerio de agroindustria y pase a ser sólo un órgano al servicio de la agricultura y ganadería pampeanas.