Mestre, del centro de la UCR a la periferia de Cambiemos

Macri empuja a los bordes al intendente radical, que ahora hace dúo con Juez.



Por Alejandro Moreno
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mestreUna imagen coincidente en las pantallas de los canales cordobeses, en la noche del domingo, fue la de Ramón Mestre y Luis Juez compartiendo entrevistas; a las risas, felices por el resultado y contando por la mitad el incidente que les impidió subir al escenario de los festejos. Después de tantos años de duro enfrentamiento entre ambos, sorprendía ver a Mestre acariciar la espalda de Juez mientras el embajador en Ecuador hacía lo que mejor sabe: chistes.
El nuevo par de amigos nada tenía en común hace poco tiempo. Juez castigaba a Mestre acusándolo de corrupto; por supuesto que sin pruebas, como es su característica. El paladín de la “nueva política” siente una extraña atracción por aquellos a los que él considera corruptos. De otra forma no se entiende la alianza electoral de 2015 con Olga Riutort, a quien denunciara tantas veces como el rostro satánico del primer delasotismo, ni la nueva amistad con Mestre, al que llamó “frívolo e incapaz” y lo recomendó como director de Alumbrado Público porque “conoce la ciudad de noche”. Quizás alguna vez haga un acuerdo político con José Manuel de la Sota, o al menos una sociedad comercial en el rubro textil. Mestre, a su turno, acusaba a Juez de haber destrozado la Municipalidad en su paso por el sillón del Palacio 6 de Julio.
Mestre y Juez confirmaron lo que venía afirmándose en los sabios corrillos políticos: que ambos ya jugaban en equipo. Señales había, como los elogios del jefe del Frente Cívico a la obra pública municipal, que es la principal bandera con la que el radical pretende convertirse en candidato a gobernador por la UCR.
¿Qué los ha unido a estos antiguos irreconciliables adversarios? Como se dice usualmente, el espanto. Y al espanto lo personifica Mauricio Macri, quien no tiene en su agenda dorada a ninguno de los dos para el 2019.
El macrismo es cruel. Así lo demostró en el Holiday Inn cuando se utilizó un estricto protocolo para que al escenario suban sólo los candidatos a diputados nacionales. Luego, le ofrecieron a Mestre acceder, pero ya se negó. En Buenos Aires, pudo verse por televisión, el elenco de favorecidos fue tan amplio que hasta hubo dirigentes de otros distritos, como Mario Negri. El malestar mestrista por esta situación quedó expuesto cuando el discurso de Héctor Baldassi fue interrumpido varias veces por los jóvenes radicales, con estribillos típicos y alfonsinistas, como el que anuncia una victoria “como en el ‘83” o el que afirma “somos la vida, somos la paz”.
Otro ejemplo lo ofreció ayer Nicolás Massot, el presidente del bloque de Diputados del PRO, cuando en una entrevista por radio Mitre dijo que el nombre del candidato a gobernador de Cambiemos en 2019 saldrá de una mesa “en la que estará Macri sentado en la cabecera”. O sea: nada de internas. Y, más claro: resolverá el Presidente. Los macristas piensan que si Macri es el padre de las dos amplias victorias de Cambiemos sobre el peronismo, también será el que bendiga a los miembros de la fórmula.
Ante ese panorama, Mestre y Juez se abroquelan en una alianza contranatura para enfrentar el vendaval macrista, que podría inclinarse, según algunas apresuradas especulaciones, por una fórmula del tipo Negri-Baldassi.
Macri no quiere a Mestre. Ya lo bajó de la candidatura a gobernador 2015 y desbarrancó a su hermano Diego del primer al quinto lugar de la lista de diputados nacionales. Sus portavoces hicieron conocer el disgusto porque en la reciente campaña el grupo Confluencia pegó carteles y repartió merchandasing con el binomio “Mestre-Macri”.
El jefe de la Casa Rosada tiene un estilo gerencial que no acepta los métodos de la UCR. ¿Qué un congreso con 100 representantes de toda la provincia vote si hay alianza y cómo debe integrarse la lista? Inconcebible para Macri. Si, como dice Massot, basta la reunión de unos pocos en torno a una mesa con la cabecera bien definida.
Mestre, el mismo que festejó en la Casa Radical en la noche del domingo, representa esa forma de hacer política que, para el PRO, es vieja; aunque para hacerle justicia, es la última escenificación democrática interna que ofrece un partido político.
Mestre ocupaba el centro de las tablas radicales en 2011, cuando ganó por primera vez la Intendencia. Errores propios, como el fallido plan jubilatorio de los dirigentes de una generación anterior, y la invasión de Macri fueron empujándolo hacia los bordes, hacia la periferia. Y allí, en los andurriales de la política, apareció Juez.



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