Derrota de Cristina sin emergentes en el PJ

El kirchnerismo pierde la elección en la provincia de Buenos Aires frente a Cambiemos. En el peronismo analizan que es el fin de un ciclo, pero las urnas no arrojan a ningún dirigente con capacidad de liderazgo nacional. Se consolida el plan Pichetto.

Por Marcos Duarte

La noche electoral le concedió a la confederación de tribus que componen el peronismo no kirchnerista su deseo más inconfesable. La derrota de Cristina Fernández en la populosa provincia de Buenos Aires implica indudablemente el fin de una etapa.
La minúscula diferencia que Unidad Ciudadana había logrado en las primarias de agosto no pudo sostenerse. Cambiemos, de la mano de María Eugenia Vidal, logró consolidar una victoria clara en el territorio más emblemático para el justicialismo.
Esteban Bullrich y Gladys González serán los representantes bonaerenses en el senado relegando a la ex presidenta a la poca glamorosa representación de la minoría. Los impactantes números que la fórmula del oficialismo obtuvo en distritos como Mar del Plata y La Plata más el crecimiento en la región del conurbano, plaza histórica del peronismo, fueron la clave de la victoria oficialismo nacional.
De esta manera, el gobierno de Mauricio Macri se coloca el galardón que tenía pendiente. Derrota a su adversaria más enconada y, al mismo tiempo, consolida un territorio que conquistó sorpresivamente hace dos años. La gobernadora María Eugenia Vidal gozará de una situación más cómoda en las cámaras legislativas y puede empezar a prescindir de acuerdos con sectores del justicialismo.
Este resultado era esperado con ansias en los comandos del peronismo no kirchnerista. Una victoria de Cristina Kirchner hubiera postergado indefinidamente la vuelta de página que ansían desde las elecciones presidenciales del 2015.
Sin embargo, la derrota no fue solo kirchnerista. En la constelación del peronismo hubo muy pocos que pudieron mantener sus fortalezas ante lo que parece una verdadera ola cambiemita.
Ya en las primarias abiertas se produjeron resultados que cayeron como una bomba en el rincón del justicialismo. La derrota de Unión por Córdoba puso en duda el liderazgo de Juan Schiaretti que parecía natural.
En los comicios de ayer, quien parecía emerger como alternativa presidencial en la liga tuvo su noche negra. El salteño Juan Manuel Urtubey cayó derrotado en forma contundente por la versión local de Cambiemos. Domingo Peppo, gobernador de Chaco y articulador del grupo de mandatarios peronistas corría la misma suerte y cedía el primer lugar que obtuvo en las PASO ante la alianza radical-lilista-macrita. Hasta Carlos Menem perdía el invicto en su bastión riojano.
Al cierre de esta edición, solo el tucumano Juan Manzur, el sanjuanino Sergio Uñac y el pampeano Carlos Verna tenían razones para festejar. De todos modos, ninguno de estos dirigentes parece estar en condiciones de encarnar un proyecto nacional en el mediano plazo.
Con este panorama, el peronismo afronta una situación paradojal inédita desde la restauración democrática. Si bien la derrota de Cristina Kirchner cierra el ciclo de hegemonía, la ausencia de dirigentes que puedan sustituirla deja abierto el final de la novela.
Ante esto, parece tomar fuerza lo que ya es conocido en los mentideros políticos como el “plan Pichetto”. El rionegrino planea cirugía mayor en las bancadas legislativas a fin de depurarlas de los restos del kirchnerismo. Para soportar ese drenaje, propone la conformación de interbloques con el resto de los islotes justicialistas: el massismo, el bloque justicialismo de Bossio, Unión por Córdoba y los representantes de los gobernadores.
En este escenario sin grandes electores, la conformación de una mesa multicéfala parece la mejor alternativa para un peronismo que debe establecer un diálogo con el gobierno para sostener la gobernabilidad de sus provincias ofreciendo apoyos al oficialismo a cambio.