Comienza la segunda temporada del mandato Macri

Las variables económicas llegaron tranquilas a las elecciones de ayer, pero hay tres cuestiones importantes que el gobierno tiene que ordenar antes de la carrera electoral del 2019: el déficit fiscal, el desbalance de las cuentas externas y los problemas de competitividad.

Por María Cayre
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macriAyer, quedaron atrás las elecciones legislativas de la mitad del primer mandato de la gestión Macri, con un mensaje claro desde la sociedad a la cúpula política de Cambiemos: parece ser que, por ahora, van por buen camino.
La victoria contundente de las listas oficialistas en la mayoría de los distritos del país, no sorprende a esta altura donde las encuestas ya vaticinaban el triunfo, pero dan el cierre formal a las elecciones legislativas de mitad de mandato y ponen a todos a trabajar en el nuevo escenario político y económico. Si bien los cambios en las cámaras de Diputados y Senadores no serán significativos cuantitativamente, o sea, Cambiemos no pasará a tener mayoría en el Congreso; el apoyo en las urnas es crucial para encarar las reformas políticas y económicas más duras en términos de popularidad.
Las variables económicas llegaron tranquilas a las elecciones de ayer gracias a un triunfo descontado por el sector empresarial: un dólar aquietado (marcando una gran diferencia a lo que sucedió con las PASO, donde el Banco Central tuvo que intervenir para mantenerlo por debajo de los $18), un mercado operando sin tensión pre-electoral y el riesgo país a la baja. La situación está marcada por un optimismo tanto político como financiero, con aumentos de actividad e incremento de inversiones, aunque mirando de reojo los desajustes que aún quedan por acomodar. Hay tres cuestiones importantes que el gobierno tiene que ordenar antes de que comience la cerrera electoral del 2019: el déficit fiscal, el desbalance de las cuentas externas y los problemas de competitividad.
El déficit fiscal es una condición necesaria para terminar exitosos en la lucha contra la inflación, que parece obstinada en no bajar de un promedio de 1,7% mensual. El desequilibrio fiscal hace crecer los agregados monetarios a un ritmo demasiado elevado para las metas de inflación que se impuso el Banco Central (la entidad monetaria no imprime pero financia el déficit con endeudamiento). Por otro lado, desde el puntos de vista de la economía real, la reactivación económica junto con la incipiente reactivación del consumo y los reacomodos tarifarios que aún restan por realizar, presionarán al alza los precios; y la tasa de política monetaria por sí sola ya no parece alcanzar para contenerlos. En el desafío de seguir desinflando la economía al mismo tiempo que se la pretende reactivar: el reacomodo del déficit fiscal es inminente.
Por el lado de las cuentas externas, hoy tenemos, por una parte, una economía con exportaciones que no terminan de arrancar e importaciones que siguen en aumento a la luz del crecimiento económico (a mayor crecimiento, mayor demanda de importaciones de insumos productivos). Por otro lado, tenemos un tipo de cambio bajo que encarece nuestros productos en el exterior y hace más baratos los productos externos, o sea que es funcional al desequilibrio comercial con el exterior, pero que el mismo tiempo es muy importante en la lucha anti-inflacionaria (devaluar imprime presión en los precios). Y finalmente, un aumento de los intereses de deuda que genera deterioro en las cuentas externas, pero al mismo tiempo nos permite mantener el déficit fiscal del que hablamos inicialmente sin imprimir billetes o aumentar impuestos. En este sentido el gobierno tendrá que encontrar la receta para ir fomentando las exportaciones, parte mediante tipo de cambio (mirando muy de cerca el impacto en la inflación) y parte mediante la mejora de la competitividad macro; y al mismo tiempo encarar la reducción del déficit fiscal que permita ir descomprimiendo la toma de deuda.
Aquí entramos en el tema de la competitividad. La mejora de la competitividad estructural permitiría mejorar las exportaciones y las inversiones y comenzar con un proceso de reducción del déficit externo sin tener que forzar a la reducción de las importaciones. Al mismo tiempo ayudaría al crecimiento de las empresas, lo que se traduce en una mayor generación de empleo registrado y de calidad, lo que a su vez impactaría positivamente en la recaudación y aportaría lo suyo a la reducción del déficit sin desfinanciar el Estado. Pero sobre todo ayudaría a la reducción de al pobreza que es uno de los fines por los cuales Macri quiere ser evaluado. Sin embargo, la mejora de la competitividad no es ni fácil, ni rápida. Requiere medidas de fondo, como una reforma laboral que permita reducir costos evitando reducir el salario real de los trabajadores, mejoras en infraestructura que implican erogaciones monetarias cuantiosas, desburocratización del Estado que lleva tiempo, etcétera.
Los desajustes que el oficialismo debe encarar en esta segunda etapa de gestión son tan complejos como necesarios si queremos pensar en un modelo de crecimiento moderado pero sostenido. Requieren seguir manteniendo la cautela y la cintura política y económica que hasta ahora ha tenido el oficialismo. Sin embargo, es de esperar que, aprovechando el apoyo de la ciudadanía en las urnas y la distancia máxima hasta el próximo período electoral, en breve se comiencen a ver esas decisiones impopulares sin las cuales no podemos pensar en un proyecto serio de desarrollo de la Argentina a mediano plazo.