Triunfazo de Cambiemos, pero UPC mantiene capital electoral

Macri ha demostrado en Córdoba ser una especie de Rey Midas, en donde todo lo que toca lo transforma en oro. Esta puede ser una extraordinaria noticia de cara a las elecciones provinciales de 2019, pero tal vez no para todo el colectivo de Cambiemos.

Por Pablo Esteban Dávila

cambiemosMauricio Macri consolidó ayer su poder. Y lo hizo como un ajedrecista consumado. Supo transformar el riesgo de la candidatura de Cristina Fernández en Buenos Aires en una oportunidad. Logró polarizar la elección entre ella y él como si fuera una cuestión nacional. No sólo terminó doblegándola sino que, de paso, arrasó con la supuesta “ancha avenida del medio” que prometía un camino intermedio entre Cambiemos y el kirchnerismo. Ganó en 15 provincias. Incrementó notablemente la cantidad de legisladores propios en el Congreso. Se transformó en la primera fuerza electoral del país. Chapeau.
Este triunfo tiene consecuencias de largo plazo. Podemos consignar algunas. El primero y más evidente, es que el presidente tiene abierto el camino a su reelección. No hay rivales a la vista, ni dentro ni fuera de su espacio. El kirchnerismo parece ser historia, el peronismo se encuentra en estado deliberativo y el radicalismo se encuentra perfectamente domesticado dentro del oficialismo. Es la primera vez desde la recuperación democrática que un presidente no peronista puede esperar, con razonable realismo, continuar en el poder más allá de su primer mandato.
La segunda es que, al mediano plazo, el gobierno deberá probar su templanza. La dimensión de su éxito electoral es tan importante que pueden nacer tentaciones hegemónicas, del tipo de las que tanto se criticaron durante la era kirchnerista. Por de pronto, es indudable que el péndulo político se encuentra ya dentro del campo amarillo. Macri ha manipulado con especial destreza la grieta heredada y son muchos quienes, al amparo de este suceso, desearán mostrarse dóciles y solícitos con el nuevo oficialismo, especialmente jueces y periodistas. Cambiemos deberá mantenerse alerta ante semejantes cantos de sirenas.
La tercera es que el liderazgo del peronismo se encuentra vacante. No sólo perdió Juan Schiaretti (algo que se daba por descontado) sino que también mordió el polvo el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. El esposo de Isabel Macedo quería aprovechar las legislativas para proclamarse como el nuevo conductor, pero terminó perdiendo en su distrito frente a Cambiemos.
La cuarta es una derivación inevitable de la tercera. La poderosa liga de gobernadores no tiene un primus inter pares que haya salvado la ropa. Cambiemos ganó en casi todos sus distritos. Si aquélla representa la mejor parte del peronismo, debe decirse que el partido se encuentra en el momento más democrático de su historia, sin liderazgos providenciales ni proyecciones hegemónicas. Sólo el incombustible Adolfo Rodríguez Saa logró dar vuelta una elección que tenía muy comprometida en su bastión puntano. Otros vencedores, como el caso de Uñac en San Juan, recién comienzan a hacer sus primeros palotes nacionales. Todavía no cuentan.
Esta certeza permitió anoche a Juan Schiaretti afirmar que el peronismo debe reorganizarse bajo los principios de un justicialismo moderno, federal y republicano, una tarea en la que no incluye a la señora Fernández de Kirchner. De paso, mostró como un logro el hecho que 9 de cada 10 cordobeses hubieran votado “en contra” de la expresidente. Muchos compañeros piensan como él en toda la geografía argentina. El capítulo K parece definitivamente clausurado, especialmente al constatarse que la derrota de la expresidente en la provincia de Buenos Aires ya era cosa juzgada.
La quinta consecuencia es estrictamente local. Macri ha demostrado en Córdoba ser una especie de Rey Midas, en donde todo lo que toca lo transforma en oro. Esta puede ser una extraordinaria noticia de cara a las elecciones provinciales de 2019, pero tal vez no para todo el colectivo de Cambiemos.
El radicalismo, especialmente, puede que vea este rol de gran elector extraterritorial con cierta aprensión. Tal como dice Jorge Asís, uno tiene aliados cuando los necesita. ¿Por qué el presidente debería apoyar a, por ejemplo, Mario Negri o Ramón Mestre como gobernador cuando sólo le bastaría seleccionar quien se le antojase, más allá de sus condiciones personales?
Todo parecería indicar que esto es así, ma non troppo. Incluso Macri, en el cénit de su influencia sobre el distrito, sabe que los resultados de anoche no son por entero extrapolables a la realidad provincial. Quien quiera sea su candidato debería enfrentarse a un Schiaretti en búsqueda de su reelección, y este no es un dato menor. El gobernador es dueño de una obra pública portentosa, y todas las mediciones coinciden en que su imagen es muy buena. Será un hueso duro de roer, especialmente cuando puede hacer uso de sus facultades de desdoblar las elecciones locales de las presidenciales. Sólo deberá estar atento al almanaque.
Es interesante notar, a este respecto, que Unión por Córdoba pudo evitar la catástrofe electoral que muchos pronosticaban. Pese a que el triunfo de Cambiemos en el distrito fue, a todas luces, inapelable, la distancia con respecto al peronismo fue similar a la verificada en las PASO. De hecho, no parecía haber demasiadas caras largas en el búnker de Schiaretti al momento de reconocer la derrota. Primero Carlos Caserio y luego Martín Llaryora insistieron, cada uno a su turno y contrariamente a la percepción popular, que había sido la mejor elección de la fuerza en los últimos diez años.
Al calor del análisis, muchos periodistas tomaron esta aseveración como una boutade, pero estadísticamente es cierta. Si se toman las elecciones de 2007 en adelante, ésta ha sido la mejor del peronismo en elecciones nacionales. En aquél año resultó tercero con el 16% de los votos, en el 2009 obtuvo algo más del 25%, en 2011 no presentó candidatos, en 2013 (con Schiaretti a la cabeza) arañó el 23% y en el 2015 el 21%. Si se tiene en cuenta que, en tal período, tanto De la Sota como su sucesor estuvieron en el gobierno, deberá concluirse que la performance legislativa de la fuerza siempre estuvo por debajo de sus circunstanciales competidores.
Esta realidad es perfectamente comprendida por el presidente. No por nada le envió un cariñoso WhatsApp al gobernador tan pronto éste reconociera su derrota: “Gracias Gringo, cuento con vos como pilar para la Argentina que se viene”. Sucede que Macri no se siente particularmente ansioso para hacerse con el control del Centro Cívico. Ojalá lo lograra alguna vez pero, si Schiaretti continuase en el poder por cuatro años más, la Casa Rosada no tomaría el asunto como una motivo de especial lamento.
Por de pronto, Macri necesita construir un candidato digno de tal empresa y justo es decir que Héctor “la Coneja” Baldassi no parece, todavía, estar a la altura de la epopeya con la que los amarillos sueñan todas las noches. ¿Le interesa realmente hacerlo? ¿Los cordobeses volverán a diferenciar su amor por el cambio nacional de las concreciones estrictamente provinciales? Son preguntas de respuestas algo prematuras, especialmente cuando todavía resta de analizar en profundidad el enorme triunfo de Cambiemos en todo el país.