En UCR se abre la grieta entre Mestre y Negri

Ahora comienza la lucha por la candidatura a gobernador en el radicalismo.

Por Alejandro Moreno
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UCREl principal entretenimiento radical a partir de las 18.01 de ayer es la carrera por la candidatura a gobernador 2019. Los principales protagonistas son Ramón Mestre y Mario Negri. La alianza Cambiemos quedó bien acomodada para intentar desplazar al peronismo del Panal. El radicalismo primero tiene que definir quién será su lider en esa empresa; luego, deberá combatir la angurria del PRO.
Mestre y Negri buscarán conseguir, por diferentes caminos y con distintos estilos, la candidatura tan deseada, que sería la primera para el actual intendente y la segunda para el diputado nacional, que ya vivió la experiencia en la dificilísima coyuntura de 2007. En aquel año, ambos fueron los protagonistas principales de la aventura de la Unión Cívica Radical. En la jornada del domingo 2 de septiembre -inolvidable para la historia electoral de la provincia de Córdoba porque quedó manchada por la irresponsable y sin pruebas denuncia de fraude de Luis Juez y de la mayoría de los medios de comunicación- Mario Negri fue el candidato a gobernador que intentó terciar entre Juan Schiaretti y Luis Juez, mientras que Ramón Mestre luchó por la Intendencia y quedó segundo, aunque lejos del ganador, Daniel Giacomino.
Después de esa elección, el extenso currículum político de Negri parecía que no ganaría más líneas que para aumentarla colección de bancas de diputado nacional. Y de hecho, conseguiría dos más, en 2011 y en 2015. Mestre, en tanto, era el número puesto para la Intendencia 2011, siempre que Giacomino fracasara en la gestión -lo que se reveló temprano-, y más aún porque éste rompió con Juez, quien le había dado los votos y la estampita de la Virgen para instalarse en el Palacio 6 de Julio. Acallado el barullo poselectoral, en 2007 el futuro de Mestre lucía mucho más prometedor que el de Negri. Mestre era la renovación y Negri, lo viejo.
Sin embargo, ahora están los dos radicales en una carrera que no tiene un final cantado. Como en la fábula, la liebre arrancó rápido pero luego se durmió; y la tortuga nunca se detuvo (Esopo debió incluir una coneja en su relato, como se verá más adelante). Ahora, el desgaste al que se somete Mestre en el rudo Palacio 6 de Julio -podría imaginarse que cualquier intendente de Córdoba piensa lo mismo que Wenceslao Paunero cuando aceptó ser gobernador en 1862 (“Al diablo no le pesa tanto haber perdido la gracia de Dios como a mí el haber caído en semejante tontería”)- y las estocadas al fácil kirchnerismo que aplica Negri en los canales de televisión, confunden quién es la renovación y quién lo antiguo en el radicalismo.
Mestre, con energía mestrista, ha dicho una y mil veces que irá por la Gobernación de Córdoba, y ha librado costosas batallas por imponer su apellido por encima de todo. La última, que tanto le costó en su relación con el macrismo, fue tratar de colocar a su hermano, Diego, a la cabeza de la lista vencedora ayer (al final, quedó quinto). También puso al Comité Central a trabajar para su destino (su presidente, Alberto Zapiola, llegó ahí como un mestrista con pasado negrista, pero una vez en la silla, perdió el equilibrio). Ayer, Mestre le palmeó la espalda por TV a su nuevo aliado, Luis Juez, con quien parece haber formado un dúo para enfrentar al macrismo.
El estilo de Negri, en cambio, consiste en decir las cosas por la mitad para que los periodistas y sus correligionarios completen el resto. De esa manera, el mensaje llega y él mantiene su presunta inocencia por las repercusiones de sus palabras. El sostiene que quiere ser gobernador, no candidato. No es que desconozca la ley electoral, sino que envía un mensaje al interior de la UCR: no está dispuesto a repetir su suerte de 2007, cuando fue el candidato de un partido dividido por las fugas hacia el juecismo y hacia el kirchnerismo. O sea, esta vez quiere ser un candidato con chances reales de pelear por la Gobernación de Córdoba. Negri suele afirmar que “para candidatos hay un montón”. Lo que quiere advertir es que varios pueden pretender encabezar el binomio de Cambiemos en 2019, pero que él no irá a una refriega, sino que espera que su candidatura surja de un pacífico consenso.
En la grilla imaginaria de candidatos figuran, además de Negri y Mestre, el macrista Héctor Baldassi, el messista Luis Juez y el posradical Oscar Aguad.
Baldassi alimenta su flamante ambición con los resultados de la lista que encabezó. Agitará en su mano el diario de hoy tanto como la ilusión de que los votos son suyos. Juez disfruta haberse convertido en la mascota de la Selección Argentina, pero ya no es más que eso. Aguad aseguró que no buscará una cuarta candidatura a gobernador, pero puede recordarse que lo mismo dijo de la tercera.

Festejos y señales
Anoche, Mestre celebró la victoria de Cambiemos con un acto en la explanada de la Casa Radical. Quiso mostrar que no es ajeno al rotundo resultado en la ciudad de Córdoba, y que ese generoso porcentaje lo impulsa hacia la candidatura a gobernador. Negri, en cambio, viajó a Buenos Aires a recibir el reconocimiento de Mauricio Macri por el triunfo en Córdoba, mientras los dirigentes de Morena no salieron del Holiday Inn, donde se reunieron los aliancistas.
Negri sugiere, así, una más firme pertenencia a Cambiemos que su adversario 2019. Mestre quiere ser el candidato de la UCR en Cambiemos; Negri, el de Cambiemos, por la UCR.
Conviene recordar que Negri fue aliancista en 1997/1999 (en aquel espantoso maridaje con el Frepaso) y quiso serlo otra vez en 2007/2009 (con Luis Juez, lo que felizmente para la UCR no ocurrió entonces). Ahora, apoya la entente con el PRO. El principal objetor de la coalición radical-frepasista fue Ramón Bautista Mestre, y su hijo Ramón Javier rechazó el acuerdo con el juecismo, así como digirió con aceite de ricino la alianza con el PRO.
Aunque se trate de una cuestión radical, la opinión del presidente Mauricio Macri será decisiva. De hecho, Macri actúa como un interventor de la UCR cordobesa, y ya lo demostró armando las listas de 2015 y 2017. ¿Cuánto intervendrá en las de 2019, año en que iría por su reelección? Mucho. Y aunque agitará el fantasma del candidato propio, como hizo hace dos años con Ercole Felippa, entusiasmando a Baldassi, si finalmente opta por no someter a la provincia de Córdoba a un experimento del tipo Del Sel en Santa Fe, Negri sacaría varios cuerpos de ventaja a Mestre en la consideración de Macri.

Rencillas
¿Habrá cruces directos entre Mestre y Negri? Difícil de imaginar, por ahora. Problemente dejarán esa tarea a sus lugartenientes. En todo caso, habrá menciones indirectas, como la que podría adjudicársele a Negri cuando dijo, hace unos días que “los triunfos no se heredan”. Negri cree que Mestre cree que con el apellido podrá ganar la elección provincial. Éste puede recordar que así se convirtió en intendente en 2011, y aquél podrá retrucar que el recuerdo del paso de Ramón Bautista Mestre por el Palacio 6 de Julio no es el mismo que dejó en la Casa de las Tejas (independientemente de la justicia o injusticia de ambas valoraciones).
La primera batalla ha sido por la presidencia del Comité Nacional de la UCR, a la que podría llegar Negri si no prospera el ya debilitado intento mestrista por impugnar su designación como delegado. El Comité de la porteña calle Alsina definirá sus autoridades a fin de año, y Negri ganaría más poder interno y vidriera hacia afuera si es consagrado jefe del radicalismo nacional. Mestre hizo un intento por bloquearlo a través de la Junta Electoral del partido, donde se discute un acuerdo interno que ya tiene un año y medio de antigüedad.
El 2019 está lejos en el calendario, pero no tanto para la toma de decisiones. El peronismo adelantará cuanto pueda la elección provincial para despegarla de la nacional y, así, amortiguar el impacto macrista, si persiste por entonces. El próximo año, entonces, será intenso en el radicalismo. Y comienza hoy.