La chinita de París

La semana pasada murió la actriz Anne Wiazemsky, justo medio siglo después de haber protagonizado el largometraje “La chinoise”, de Jean-Luc Godard, sobre el culto que rendía a Mao Tse Tung la muchachada intelectual francesa en la segunda mitad de la década del sesenta.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

parisVista cincuenta años después de su estreno, la película “La chinoise” del director Jean-Luc Godard parece una pieza de museo, que refleja una perspectiva del mundo en la que es difícil (por no decir imposible) encontrar alguna correlación con la actualidad. El argumento, que nos presenta a varios jóvenes discutiendo sobre las bondades del maoísmo y las agachadas del comunismo europeo, resulta hoy tan inverosímil como la más absurda de las fantasías, aunque en aquel París de 1967 era absolutamente creíble, sobre todo teniendo en cuenta que chicos y chicas como esos iban a protagonizar al año siguiente el Mayo Francés.
Se trata de jovencitos que rondan los 20 años y que se la pasan leyendo. Pero no leen pantallas de computadoras, ni portales de noticias en tablets ni chats en teléfonos inteligentes. Lo que devoran con fruición son libros. Volúmenes que no relatan sagas de vampiros ni aventuras de magos o hechiceros, sino que explican teorías destinadas a estructurar un análisis ideológico de acuerdo a la doctrina del por entonces líder chino Mao Tse Tung, que estaba llevando a cabo la polémica Revolución Cultural, por la que -entre otras medidas- se cerraban universidades y se enviaba a los intelectuales a trabajar al campo.
De hecho, las bibliotecas, los anaqueles y las mesas que se ven en el filme están presididas por ejemplares del Libro Rojo de Mao, que era venerado por los militantes como si se tratara de un compendio de toda la sabiduría universal. Por supuesto, rondan por ahí otros textos que aleccionan sobre las profundidades del marxismo leninismo, donde los protagonistas abrevan consignas, en el contexto de una Guerra Fría que enfrentaba a Estados Unidos y la Unión Soviética, en representación del capitalismo y del comunismo, respectivamente. Los diálogos del filme no mencionan la contemporánea aventura boliviana del Che, que le costaría la vida, pero sí aluden a la guerra de Vietnam.
Y así, mientras intercambian ideas y pintan lemas en las paredes, estos cuatro jóvenes no paran de fumar. En los pasillos, en la cocina, en el living, mientras polemizan, mientras se dicen palabras de amor, mientras desayunan, siempre lo hacen con un cigarrillo entre los dedos, echando pitadas y lanzando el humo de forma ostentosa. Una postal de un tiempo que alguna vez transcurrió como lo expone Godard, pero que está tan alejado de nuestro ahora como un castillo medieval o una escena de la vida cotidiana en la Antigua Grecia.
La actriz que en “La chinoise” encarna al personaje con mayor preponderancia es Anne Wiazemsky, quien tenía apenas 19 años cuando se rodó la película y que se convertiría en la esposa de Jean-Luc Godard durante más de una década. Musa de enormes directores como Pier Paolo Pasolini, Robert Bresson. André Techiné, Marco Ferreri y, por supuesto, su marido, Wiazemsky compuso una Véronique tan roja como su pelo, que defiende al maoísmo con persistencia e ingenuidad, hasta que se encuentra con la horma de su zapato y advierte cómo muchas de sus propuestas son rebatidas por un ocasional oponente.
La semana pasada, se conoció la noticia de la muerte de Anne Wiazemsky, quien falleció en París a los 70 años, justo medio siglo después de haber protagonizado aquel largometraje sobre el culto que le rendía a Mao la muchachada estudiantil francesa en la segunda mitad de la década del sesenta. El planeta que la vio partir a Wiazemsky no tiene nada que ver con el que la consagró por su interpretación de esa Véronique que, más allá del trasfondo ideológico y de la caricatura que esboza Godard, transmite un carácter que la posiciona como una de las heroínas que marcaron a fuego al cine francés de su época.



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