Cuando el ocaso del poder te quita hasta el fútbol

Resulta interesante analizar la forma en que algunas personas pueden acumular poder, sólo para perderlo después. Julio De Vido abrazando sus fueros o Amado Boudou festejando la prescripción de una causa son algunos ejemplos. El lunes fue el turno de Ricardo Jaime.

Por Javier Boher
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Ayer se conoció el pedido que hizo el abogado del ex secretario de transporte para poder ver los partidos de la Superliga en el penal de Ezeiza. Considera que el final de las transmisiones por la televisión por aire afectó sus derechos adquiridos. Cuando al inicio del Fútbol para Todos algunos festejaban la frase de Cristina Kirchner sobre los “goles secuestrados”, Jaime presentaba su renuncia acosado por denuncias por dádivas y corrupción.
En aquel lejano 2009, la imposibilidad del exfuncionario para justificar el uso de un avión privado para desplazarse de un lugar a otro del país había forzado su salida. Viene bien recordar cuando ese mismo año denunciaron a Mariano Recalde por haber desviado un avión de Aerolíneas para ir hasta Uruguay a ver un partido de la selección. De aquella capacidad de usar bienes públicos en su beneficio a esta realidad de tener que contentarse con ver los picados que los internos disputan en el patio del penal.
No hay que olvidarse que la Constitución Nacional establece que “las cárceles serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos”. Quizás el abogado del cordobés sienta que es un castigo inhumano no poder disfrutar de la espectacular dinámica de un Chacarita-Temperley.
Muchos piensan que el subordinado de De Vido es un cínico o un insensible respecto al hecho de que aunque esté privado de la libertad, aún conserva la posibilidad de estudiar, aprender un oficio o recibir la visita de sus familiares. Es difícil sentir empatía por una persona que ha sido condenada por su responsabilidad en una de las peores tragedias ferroviarias del país.
El ascenso y ocaso de los políticos les genera un impacto difícil de sostener. Carlos Menem, que ostenta el récord de ser el presidente argentino con más tiempo en funciones, tiene una anécdota que refleja plenamente lo que significa caerse del pedestal. Durante su presidencia numerosos eran los rumores que lo vinculaban con mujeres, caprichos y lujos, como un miembro del jet set.
En el año 2005, después de su frustrado ballotage presidencial ante Néstor Kirchner y previendo sus futuros problemas con la justicia, Menem fue elegido Senador por su provincia natal. Con toda una historia que lo precedía, recayó en el recinto reservado para las personas de mayor trayectoria y reconocimiento en la política nacional.
Allí, en sus primeros días, se sorprendió su interlocutor cuando ante la pregunta sobre su nueva situación, el riojano le confesó que “cuando dejás de ser presidente, ni siquiera conseguís que te sirvan el café”. Si a aquel líder de masas le ocurrió eso, ¿quién puede sorprenderse de que a Jaime no lo dejen ver fútbol en la cárcel?



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