Punkitud a la criolla

Como parte del ciclo sobre 50 Años del rock en la Argentina que organiza la Editorial de la UNC, el cantante Pïl Trafa (Los Violadores) y el periodista y escritor Juan Carlos Kreimer acompañarán hoy la proyección de la película “Punk: Attitude”, de Don Letts, prevista para las 19.

Por J.C. Maraddón
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El punk no tuvo en la Argentina un eco contemporáneo al de su aparición en Londres a mediados de los años setenta. Y es que en esa época se vivían por acá tiempos demasiado violentos como para que prendiera una música que predicaba la destrucción y el nihilismo. Los rockeros argentinos contradecían la realidad del país con una postura pacifista, en sintonía con la filosofía hippie que cundió en el hemisferio norte en la segunda mitad de la década del sesenta. El pelo largo, las camisolas hindúes y las sandalias eran la imagen opuesta de la militarización que padecía la vida política nacional.
Sin embargo, algunos pocos que tenían la posibilidad de viajar al exterior o de recibir revistas y discos extranjeros, tomaron conciencia de que ese movimiento comandado por los Sex Pistols parecía emperrado en poner patas para arriba a los valores que animaban al rock hasta ese momento. Lo que en un principio parecía una moda más y, como tal, un fenómeno pasajero, aunque no se extendió más allá de unos pocos años cumplió con su objetivo de derrumbar esa liturgia rockera que se creía inconmovible. Ya nada fue igual después del paso de esas hordas de crestas y piercings.
Recién en los primeros ochenta hubo en el Río de la Plata alguna que otra erupción de punkitud, soterrada bajo la censura dictatorial que no permitía ni el menor atisbo de rebeldía. Cierta épica marcial de los punks locales confundía tanto a los militares como a los hippies. De hecho, la carta de Hari B (primer punkie argentino) en la revista Pelo, donde criticaba con acidez a las figuras del rock nacional, era considerada una blasfemia por el ambiente rockero, que no entendía muy bien la estrategia de provocación que proponía el futuro (y fugaz) integrante del grupo Los Violadores.
Entre 1981 y 1982 empezaron a aparecer las primeras formaciones locales que emulaban el sonido de los Ramones, los Sex Pistols y los Clash, aunque debían refugiarse en el circuito subterráneo para que sus shows no cayeran bajo el peso de la prohibición. Mientras la jerarquía rockera nacional apelaba a la metáfora para referirse a lo que estaba pasando, los punks fueron los que se atrevieron a mencionar las cosas por su nombre: el tema “Represión”, de Los Violadores, se convirtió en el himno de una generación que había crecido bajo el yugo de las botas y que ansiaba liberarse.
Sobre esa actitud y sobre esos brotes de rebelión en tiempos predemocráticos se explayará hoy en Córdoba Pil Trafa, el cantante de Los Violadores. Como parte del ciclo sobre 50 Años del rock en la Argentina que organiza la Editorial de la UNC, el músico acompañará la proyección de la película “Punk: Attitude”, de Don Letts, prevista para las 19. Junto al vocalista estará Juan Carlos Kreimer, autor del legendario libro “Punk: la muerte joven”, que fue el vehículo a través del cual la epopeya de la punkitud se dio a conocer en Argentina. Kreimer y Pil Trafa acaban de publicar el volumen titulado “Más allá del bien y del punk”, sobre la historia del movimiento en el país.
Cómo una tendencia animada por jóvenes desocupados londinenses terminó atrapando a los adolescentes argentinos que soportaban un régimen militar, es uno de los misterios que tal vez puedan ser develados por la película y la charla posterior a la función. Después, vendría un reverdecer del género con bandas como Attaque 77, Flema o 2 Minutos, que tomarían ese espíritu original para transformarlo en un producto autóctono. Recién entonces, el punk criollo tomaría la consistencia que lo caracteriza hasta la actualidad.