Las escuelas y las consignas

Probablemente la ampliación del sufragio a los jóvenes mayores de 16 años les generó la ilusión de que ellos pueden votar sobre cuestiones educativas y pedagógicas para las que se requiere formación técnica.

Por Javier Boher
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escuelasLas tomas en Buenos Aires recuerdan a lo que ocurrió en nuestra provincia en el año 2010, cuando se aprobó la reforma educativa impulsada por el schiarettismo. Muchas de las consignas de los estudiantes de aquel entonces hoy se repiten.
Una vez más algunas escuelas de la ciudad de Buenos Aires han sido tomadas por sus alumnos. Lo que reclaman es un conjunto de incoherencias propias de adolescentes. Hace ya un par de años que la retórica del joven empoderado ha generado una serie de conflictos de difícil resolución, principalmente porque lo habitual en esa edad no es la razón, sino el corazón.
Quienes reclaman parecen no tener en cuenta que los datos de la educación en nuestro país son desalentadores: sólo 4 de cada 10 alumnos termina la secundaria, cuando en los países más desarrollados es un fracaso que más del 5% no lo haga. El 70% de los que concluye la educación secundaria lo hace fuera de término, en edades en las que deberían estar realizando sus estudios universitarios o insertándose en el mercado laboral.
El operativo Aprender ejecutado el año pasado -y que se repetirá en noviembre de este año- arrojó números preocupantes. Muchos alumnos tuvieron problemas incluso para interpretar las preguntas del examen. La necesidad de una reforma es imperiosa.
La última oleada de tomas es la respuesta a la reforma educativa puesta en marcha por el gobierno de la ciudad. Los alumnos se oponen principalmente al sistema de prácticas profesionales. Los jóvenes consideran que los preparan para un futuro de precarización laboral, a la vez que se devalúa el rol del docente frente al aula.
Las tomas recuerdan a lo que ocurrió en nuestra provincia en el año 2010, cuando se aprobó la reforma educativa impulsada por el schiarettismo. Parte de los argumentos de los estudiantes secundarios de aquel entonces eran los mismos que se escuchan hoy en lo que respecta a las pasantías en empresas. Si no es para que nos desempeñemos en nuestra sociedad, ¿para qué está la escuela?
Pasó el tiempo y los números del operativo Aprender pusieron a Córdoba en el podio en los dos niveles educativos y en las diversas áreas evaluadas, contra lo que muchos pensaban que iba a suceder.
Quienes se dedican al diseño de políticas públicas saben que para hacer un diagnóstico de la situación es esencial evaluar la opinión de la población sobre la que se aplicarán dichas políticas. Lo que también saben es que tenerla en cuenta significa darle voz, no voto.
Probablemente la ampliación del sufragio a los jóvenes mayores de 16 años les generó la ilusión de que ellos pueden votar sobre cuestiones educativas y pedagógicas para las que se requiere formación técnica. También puede tener que ver con la irrupción de consignas partidarias que no hacen a la escuela.
Cualquiera sea el caso, nuevamente deberíamos posar un ojo en los resultados del Aprender: de esos 4 de cada 10 que terminan la escuela, uno lo hace sin entender consignas.
Consignas que son, precisamente, lo que sobran.



1 Comentario

  1. Creo que es conveniente recordar la reacción del gremio docente y grupos con intereses particulares ante la reforma que intentó el gobernador Mestre. Muchas de esas propuestas fueron puestas en marcha, luego y en silencio, por el Ministro Grahovac. A su vez, le llegó la hora de probar de su propia medicina, a manos de los nuevos conductores sindicales. El tema es que la alianza contra el progreso, continúa en manos firmes y apoyada en discursos que nada tienen que ver con las necesidades de los jóvenes, que necesitarán trabajar para vivir.

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