Las dudas de Negri para ser candidato a gobernador

Teme que ocurran maniobras (estimuladas por el PJ) para dividir a la UCR

Por Alejandro Moreno

El sábado por la noche, en la mesa de Mirtha Legrand, cuando la señora de la televisión le sugirió que quiere ser candidato a gobernador de Córdoba, Mario Negri sonrió y dijo algo como “si me votan…”.
Ya no hay entrevista en la que dejen de preguntarle a Negri por sus planes políticos para el 2019, luego de que el diputado favorito de Mauricio Macri afirmara por primera vez que quiere ser “gobernador y no candidato”. En su momento de mayor fama nacional, a Negri se le reconoce la capacidad de hablar con sencillez de los temas complejos de la política. Pero también saben los que tratan con él desde hace muchos años que cuando quiere mantenerse en una zona indefinida se expresa con aforismos opacos.
Antes de que Mauricio Macri acceda a la Presidencia y de que Negri vaya convirtiéndose en una pieza parlamentaria clave de la alianza Cambiemos, no parecía que hubiera en el futuro del entrerriano mucho más que unas hurras legislativas en el Senado de la Nación, cuyas bancas nunca pudo ocupar; al menos, eso especulaban los dirigentes cercanos a él.
Por entonces, Ramón Mestre aparecía en el escenario como el único candidato de la UCR, ya que es improbable que Oscar Aguad vaya a intentarlo por cuarta vez, luego de las derrotas de 2003, 2011 y 2015. El protagonismo que tomó en el Congreso y las dificultades de Mestre en el Palacio 6 de Julio lo fueron instalando como una posibilidad, que negó durante más de un año.
Negri cargaba (y sostiene aún) en sus espaldas dos derrotas que le causaron dolor y, aunque no lo admitirá, algo de resentimiento con parte del plantel dirigencial de la UCR. En 1999 perdió la Intendencia a manos del ucedeísta Germán Kammerath, perjudicado porque otro radical, Carlos Rossi, armó rancho aparte con el vecinalismo, quitándole votos decisivos; el candidato dañino era el delfín del entonces intendente Rubén Martí. En 2007, Negri intentó terciar en la disputa gubernamental con los peronista Juan Schiaretti y Luis Juez (disidente en el Frente Cívico y Social), empresa para la que no contó con muchos intendentes y dirigentes de la UCR que jugaron para algunos de los otros dos; incluso, el vice de Juez fue un radical, Antonio Rins.
Esos antecedentes permiten entender la frase de Negri: quiere ser un candidato contra el que no conspire parte del radicalismo. Asegura a su entorno que no le teme a una interna, si fuera inevitable, pero con reglas de juego claras y sin sorpresas. El jefe del grupo Morena desconfía de lo que Mestre puede hacer controlando el aparato del partido (el Congreso Provincial y la Junta Electoral, especialmente).
Pero no sólo eso lo hace dudar. La deriva electoral de Córdoba indica que Cambiemos tiene enormes chances de ganar la elección provincial de 2019. Al peronismo, de todos modos, le queda una maniobra que intentar: trabajar por la ruptura de la alianza. ¿Puede hacerlo? Parece muy difícil porque Cambiemos es una alianza exitosa, pero Negri, que durante años quiso sellar una alianza con Juez para vencer al peronismo (aunque eso significaba cederle el mango de la sartén al inclasificable jefe del Frente Cívico) y no lo logró por la oposición de la mayoría de los otros grupos internos, teme ahora que el oficialismo provincial trate de hacer daño fomentando una división.
En el campamento de Morena observan como una primera señal fantasmagórica la creación de un comando de campaña exclusivamente radical -que de alguna manera colisiona con el aliancista-, que tiene como principal novedad la reincorporación al plantel político del ex presidente del Comité Central, Alberto Giménez. Los negristas le adjudican a Giménez haber mantenido siempre excelentes vínculos con el peronismo cordobés.
Mientras piensa y repiensa, y con un ojo puesto en las encuestas que le entusiasman, Negri está activo, aunque trata de disimular algunas de sus acciones. La semana pasada estuvo varios días en Córdoba y aprovechó para mantener reuniones con intendentes, con empresarios y hasta con sindicalistas; a todas ellas las mantuvo en secreto. De a poco, a su ritmo, irá sumando aliados para cuando llegue el momento del sprint final. La señal de largada será el día después de las elecciones de octubre.



7 Comentarios

  1. Siempre el problema lo tuvo adentro. Pero es como un gato «siempre cayo parado». Factura desde el ´83 y desde hace un rato lo hace en «familia». Pero nunca tuvo liderazgo para nuclear a los «díscolos». Ahora menos… Siempre será un segundon…

  2. Parece que estos tipos no se dan cuenta que hace mucho que estan y ya no los queremos ver ni en figuritas. Por otro lado una vez que los fletan para diputados o senadores, es muy dificil volver y encima querer ser gobernador. Si se fueron del ruedo ya no es facil entrar. O de ultima los mandan de embajadores, chau fueron

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