Cuánto cotiza una vida humana en el mercado de la noticia

Dos episodios conmocionantes pero que no conmocionaron a nadie. Las víctimas fatales son un joven jugador de rugby y una beba recién nacida. El donominador común es que los dos victimarios serían mujeres.

Por Daniel Gentile

Un joven de 25 años, que según testigos había mantenido una discusión con su novia de 30 en el interior de un bar de la localidad de Las Paredes, en el departamento mendocino de San Rafael, fue embestido a la salida del local nocturno por un auto que conducía su pareja y murió.
La víctima, Genaro Fortunato, era jugador de rugby del Club Belgrano. Según publican algunos medios, se pudo ver a Fortunato y su novia Julieta Silva envueltos en lo que parecía ser una discusión entre ambos.
De acuerdo a algunos testimonios, Silva se adelantó en búsqueda de su Fiat Idea, se subió y lo puso en marcha. Fortunato habría pretendido ingresar al rodado, pero en ese momento la conductora aceleró y el muchacho quedó tirado en la carpeta asfáltica.
Sin embargo, no habría sido eso lo que provocó la muerte del rugbier. El relato testimonial indica que Silva salió en primera instancia hacia el norte, pero enseguida cambió abruptamente de dirección y volvió hacia donde había quedado Fortunato, acelerando y embistiéndolo violentamente.
Esta versión, que puede o no ser verdadera, es la que inicialmente ha trascendido.
Un par de días antes de este episodio, había sucedido otro hecho terrible en la provincia de Buenos Aires. Una joven de 18 años arrojó a su beba recién nacida desde un primer piso y la mató.
Esto ocurrió en uno de los monoblocks del barrio de Santa Rita, en la localidad de Boulogne. Después de dar a luz, la joven madre tiró a la criatura por una ventana a plena luz del día.
La pequeña fue trasladada al Hospital Materno Infantil de San Isidro. A pesar de los esfuerzos que hicieron los médicos por salvarla, la beba murió como consecuencia de las heridas.
Además de tratarse de muertes violentas, ¿qué tienen en común estos dos casos?

Veamos:
1) No es tan fácil encontrarlos en los medios, a pesar de que contienen todos los ingredientes de morbo que los convertirían en mercadería que consumirían vorazmente lectores, oyentes y televidentes.
2) En ambos casos se investiga la posible comisión de homicidios.
3) Si bien nos encontramos ante muertes terribles, no han generado las marchas y manifestaciones que suelen ser habituales en estos casos.
4) A pesar de que la condición de las víctimas (un joven deportista y una niña recién nacida) son aptas para conmover a las masas, no se advierte que haya dirigentes políticos o sociales dispuestos a sacar algún rédito de estos episodios, como frecuentemente suele suceder.
Tratemos de investigar ahora por qué quienes habitualmente movilizan a la sociedad en situaciones semejantes, han reaccionado en estos dos casos con tanta apatía.
Podría insinuarse que la diferente respuesta política y comunicacional con relación a otras muertes violentas está determinada por el sexo de las víctimas. Siempre conmueve más el asesinato de una mujer.
Se advierte, sin embargo, que en uno de los hechos referidos la víctima es una niña recién nacida.
Queda entonces, como posible explicación de la diversidad de tratamiento con respecto a otros hechos de sangre, no ya el sexo de las víctimas, sino el de los posibles victimarios. En ambos casos son mujeres las señaladas prima facie como responsables de las muertes.
Tal vez resulte aventurado afirmar con plena certeza que esta hipótesis es la correcta. Lo que sí parecería revelar esta asimetría es que hay quienes disponen del poder suficiente para que algunos hechos atroces se apoderen del sentimiento de las masas, y otros episodios, no menos graves, queden relegados a los rincones de los periódicos.
Es como si la gente común, los sujetos pasivos de la artillería periodística, aguardaran con impaciencia que los medios les hagan saber qué tan grave es un homicidio, qué debe conmoverlos e indignarlos y qué no, y a cuánto cotiza una vida humana en el mercado de la noticia.



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