UPC, clave para mayoría PJ en el Senado post octubre

La pausa entre las primarias abiertas y las elecciones generales de octubre es el momento ideal para ajustar estrategias e imaginar escenarios futuros. El peronismo parece ser un territorio político en plena ebullición y en ese sentido empiezan a producirse movimientos.
Por el momento, hay un hecho insoslayable y que, salvo que medie un evento inesperado, parece inevitable. Cristina Kirchner será senadora nacional por la provincia de Buenos Aires a partir de diciembre.
Gane o pierda, la ex presidenta parece tener una banca asegurada. En el día de ayer, convocó a la unidad del voto opositor al gobierno nacional detrás de su candidatura. Un anticipo de la estrategia que desplegará una vez instalada en la cámara baja.
A esta altura, nadie prevé que Cristina Kirchner, aunque ingrese por la minoría, sea una senadora disciplinada a los mandatos del bloque justicialista. Descuentan que querrá encarnar la oposición al macrismo y acumular poder desde la barricada de la obstrucción a los proyectos del oficialismo.
Esta certeza encendió las alarmas del peronismo tradicional que, hasta el momento, convive en una misma bancada con los enrolados en el kirchnerismo duro. Miguel Ángel Pichetto ha sido el encargado de conducir este bloque apoyado en una mayoría de miembros que se alinean con sus directivas.
Sin embargo, todos descuentan que la situación de paz armada que mantienen los bandos internos del grupo parlamentario denominado PJ-FPV (las siglas se invierten en el bloque de diputados donde el kirchnerismo es mayoría) no sobrevivirá después de octubre.
Ante esta situación, los rumores de quiebre en la bancada mayoritaria en la cámara alta fueron creciendo en las últimas semanas. La mayoría de los actores parlamentarios creen que la situación decantará en un grupo conducido por Pichetto y otro bajo el liderazgo de Cristina Kirchner. Las relaciones entre ambos líderes son pésimas y el rionegrino ha hecho pública su voluntad de superar la etapa kirchnerista.
Pero, si los resultados electorales son similares a los de las primarias abiertas de agosto, una complicación más se podría sumar a la ya difícil situación del peronismo: Cambiemos podría amenazar el primer lugar en el podio que el PJ ostenta en el senado de la nación desde hace tiempo.
Los números no son exactos pero el peronismo, que hoy tiene 36 senadores y perdería entre 6 y 7, podría quedar dividido en un grupo apoyado por los gobernadores (conducido por Pichetto) de 19 miembros y otro, integrado por los leales a Cristina Kirchner, de alrededor de una decena de senadores.
Cambiemos, por su parte, podría sumar 21 senadores propios más 2 o 3 aliados permanentes. Con estos números, el oficialismo nacional podría aspirar a convertirse en la primera fuerza en el Senado de la Nación.
Esta correlación de fuerzas es conocida por los estrategas del peronismo. Es por esto que, hasta el momento, voceros de ambos bandos niegan una ruptura que parece inevitable. Nadie quiere pagar el costo de ser el responsable de relegar al justicialismo a un segundo lugar en uno de sus bastiones institucionales históricos.
Mientras tanto, Pichetto empieza a diagramar un plan que le permita romper con el kirchnerismo y, al mismo tiempo, mantener la condición de primera minoría en la cámara baja.
La estrategia tiene una clave: sumar a los senadores que, por distintitas circunstancias no formaron parte del bloque PJ-FPV a una nueva formación depurada de kirchnerismo. Los apuntados serían la dupla de senadores que reporta al peronismo pampeano, el salteño Juan Carlos Romero y su comprovinciana María Fiore Viñuales (que reporta a Juan Manuel Urtubey) y el cordobés Juan Carlos Caserio.
En función de este objetivo, se profundizaron los contactos entre el rionegrino y el senador de Unión por Córdoba. Si las negociaciones llegan a buen puerto, el nuevo bloque sería el brazo legislativo de la liga de gobernadores peronistas de la que Juan Schiaretti sigue siendo uno de los principales animadores.