De la Sota emprendedor o la táctica de ocultarse

Mientras el peronismo de Córdoba sufre, por primera vez en casi veinte años, una abrupta caída electoral, José Manuel de la Sota parece estar ajeno a tal percance.

Por Pablo Esteban Dávila

De la SotaMientras el peronismo de Córdoba sufre, por primera vez en casi veinte años, una abrupta caída electoral, José Manuel de la Sota parece estar ajeno a tal percance.
El exgobernador, por estos días, despliega una asombrosa panoplia de actividades, todas muy lejanas a la incumbencia partidaria. A la publicitaria inauguración de una tienda de ropa de diseño propio –“El Hombre”, en la ciudad de Río Cuarto– se le suma un viaje a Valencia para el dictado de una conferencia en el Congreso Mundial de Gobierno Abierto y tuits relacionados con el recuerdo a Freddie Mercury, entre otras cosas. La política, por ahora, parece estar muy lejos de su esfera de intereses.
No obstante, es muy difícil aceptar que De la Sota no dé puntada sin hilo, especialmente cuando se propone incursionar en la alta costura. Para alguien como él, acostumbrado a exudar poder, este extrañamiento no parece ser una decisión racional. –“Algo se trae bajo el poncho”, especulan quienes fatigan el oficio de analistas.
El problema es entender exactamente qué es lo que está tramando. Los memoriosos recuerdan que, cuando se marchitaba el año 2009, De la Sota sorprendió interpretando el tema “Y apareciste tú” nada menos que ante los micrófonos de Cadena 3. No había elecciones a la vista ni nada por el estilo. El hombre se explayó, con gran naturalidad, sobre que siempre le había gustado cantar y que, como no tenía responsabilidades institucionales sobre sus espaldas, podía despacharse a sus anchas con aquél hobby inesperado.
No obstante, aquella fue una cuidada estrategia de reposicionamiento, tal como pudo verse algún tiempo después. En 2011, y argumentando que había ganado en sabiduría, se postuló nuevamente a la gobernación y terminó triunfando por amplio margen ante Luis Juez, asumiendo su tercer mandato no consecutivo.
Esta vez es diferente, o al menos eso parece. De la Sota sostiene ante quién quiera escucharlo que sólo le interesa ser presidente de la Nación y que la provincia ya fue. Además, y aunque quisiera regresar al Centro Cívico, esta vez no sería el beneficiario de un clamor tan unánime como lo tuvo en el pasado. A Juan Schiaretti le asiste el derecho de presentarse a la reelección y es altamente probable que así lo haga. Si De la Sota pretendiera sucederlo, el gobernador presentaría, esta vez, una dura batalla para impedirlo.
Le queda, entonces, la presidencia como su objetivo nominal. Y aquí aparece, inevitablemente, la pregunta sobre el fin y los medios. ¿Es suficiente lo que está haciendo para asegurar este propósito, asumiendo que efectivamente lo haga para lograrlo?
La respuesta no es fácil. De la Sota puede dedicarse al diseño, dictar conferencias por el mundo y mostrarse como un ciudadano retirado de la lucha electoral, y es probable que este combo le proporcione algún rédito. En general, la gente tiende a valorar a los políticos que son capaces de reinventarse y vivir una vida relativamente normal, sin necesidad de soldarse a nuevos cargos públicos. Si este es el cálculo, puede que tenga sentido.
No obstante, es casi seguro que con esto no alcanza. El exgobernador no sólo necesita mostrar un perfil humano y emprendedor, sino que también requiere de un partido que lo sustente y una estructura capaz de depositarlo en la Casa Rosada. Y, probablemente a su pesar, su actual vida privada no parece dirigirse a la consecución de estos medios tan necesarios como inevitables para asegurar este objetivo.
Puede, incluso, estar apartándose de su propia base de sustentación. Si se confirman los números de las PASO, luego de octubre habrá preguntas incómodas dentro del peronismo cordobés. Una de ellas será el porqué De la Sota declinó su candidatura en un momento de tanta necesidad política. Con él el triunfo parecía asegurado (aunque tal vez por márgenes reducidos), pero lo que ocurrió después excedió los pronósticos de los más pesimistas. Que “La Coneja” Baldassi se haya impuesto con tanta holgura sobre Martín Llaryora es una consecuencia de aquella abdicación originaria. ¿Volvería a apoyarlo el PJ en otra aventura nacional?
No es un tema menor. Cualquier candidato necesita de territorio propio y un puñado de leales que lo acompañen hasta donde sea necesario. En el caso de una campaña presidencial, lo de “puñado” es sólo una metáfora: en realidad se necesitan miles de personas actuando al unísono y comprometidas en el triunfo de su líder. El efecto contagio sólo es posible cuando concurren estos presupuestos. El exgobernador debe conjeturar que sus actuales andanzas extra políticas no sólo lo ayudan ante la opinión pública sino que, además, fortalecen sus tradicionales lazos con la militancia.
La conjetura es, para decirlo de algún modo, opinable. Después de todo, de eso se tratan las suposiciones. No obstante, su existencia revelaría un plan diseñado racionalmente y una estrategia subordinada, algo de lo que nadie puede estar totalmente seguro. Con ello se vuelve al principio, a modo de los razonamientos circulares penalizados por la lógica.
Es que, en definitiva, sólo se trata de acertar si las recientes acciones de De la Sota se encuentran dirigidas al objetivo tantas veces declamados por él mismo o si son, apenas, manifestaciones invertebradas de alguien con un enorme talento que sabe que, si no aguza el ingenio, pronto nadie se acordará de él. Aquellos versos del tango que señalan que “el olvido es ese viento / Que le da por fin alivio / A las heridas del tiempo” no corren para quienes han participado del poder. Nadie se olvida que alguna vez fue poderoso y regresar a él forma parte de un impulso primordial.
Aunque el exgobernador no tenga un plan a mano, nadie debería dejar de recordarlo. Por ahora lo está logrando, aunque no se sepa exactamente para qué.