Daniele ascendió al máximo cargo de planta sin trabajar

En estos días, ya en la cuenta regresiva para su jubilación, Daniele ha preparado un presente griego a sus conmilitones del Suoem.

Por Gabriel Osman

En enero de 2018, fecha de su efectiva desafectación como agente municipal, Rubén Daniele volverá a ser un cordobés de a pie. Será un regreso sin un gramo de gloria a la “vida civil”. Y no porque le haya faltado tiempo: ese mismo mes cumplirá 38 años como empleado y, con pocos días menos, también 33 como secretario formal general del Suoem.
Se trata, quizás, del dirigente gremial cordobés con más fama o, más propiamente, mala fama. En este caso, sus merecimientos son irreprochables. Su “condecoración” más sonora fue la condena por incitación a la violencia en los desmanes de junio de 2009, cuando activistas del sindicato se cargaron toda la cristalería del Palacio 6 de Julio. Daniel Giacomino, entonces intendente, había cometido la temeridad de anunciar el corte de las horas extra y el gremio, con Daniele a la cabeza, no toleró tamaña osadía.
Estos episodios le costaron su primera condena judicial que terminó cancelando con una amable sanción de los jueces: una probation con clases de apoyo en un Ipem de Nueva Córdoba, que sólo cumplió parcialmente. Ahora está en instrucción otra denuncia, también por incitación a la violencia colectiva, en una asamblea general de mayo pasado, cuando prometió, con su lenguaje siempre cuidado, convertir la ciudad en un “quilombo” si el intendente no bajaba del portal municipal Gobierno Abierto los datos personales (sueldos incluidos) de la planta municipal.
Son sólo dos datos en su legajo/prontuario entre muchísimos incidentes que no han trascendido, desde su ingreso mismo al municipio, por decreto 9766 del 18 de enero de 1980, en la categoría 02, agrupamiento de conducción, cargo 13, asesor técnico de 3ª, en el programa 403 (programación y evaluación presupuestaria y financiera). Eran años del último gobierno de facto. Dicho sea esto para algún despistado que imagine a este sindicalista en zagas épicas en tiempos de la dictadura.
Pero hay otros muchísimos incidentes que registra su legajo. Se destacan, casi premonitoriamente, apercibimientos por inasistencias injustificadas (marzo de 1983 y octubre de 1984), suspensiones por solicitar carpeta médica a domicilio y no encontrarse presente ante la visita del médico auditor (noviembre de 1984) y sumario administrativo por injurias graves al entonces intendente Ramón Bautista Mestre. Como puede advertirse, fue llamativamente precoz su entrenamiento para alcanzar el perfil laboral que luego desarrollaría con intensidad.
Su licencia gremial formal fue a partir del 12 de enero de 1985, cuando el intendente le concedió este beneficio a través de decreto 29. Desde entonces, nunca volvió a trabajar, si es que alguna vez, por el mero hecho de concurrir, trabajó efectivamente. Hubo un paréntesis en su trayectoria y fue cuando asumió como diputado provincial por el peronismo (1987-1991). Digamos que su nivel de productividad en la Legislatura fue a tono con su laboriosidad en el municipio, al menos a juzgar por las palabras de quien lo colocó en la lista del PJ, José Manuel de la Sota.
Al finalizar su mandato en la Legislatura, se reincorporó el 24 de noviembre de 1991 a sus cargos municipal y sindical en el Suoem, y se le volvió a conceder licencia gremial (decreto 1419/91). A pesar de caer la medida en pleno desarrollo de su mandato como diputado, el 1 de abril de1988 se produce su ascenso automático al cargo 1223, ya en la planta de profesionales.

El decreto de incorporación de Rubén Daniele a la Municipalidad, en pleno gobierno de facto.

Este ascenso y, con justeza, toda su carrera administrativa en la Municipalidad es doblemente llamativa. Es que esa promoción, un verdadero salto de garrocha, y posteriores, son automáticas pero no tanto: requieren, por el Estatuto de los Municipales, de un informe sobre su desempeño de sus superiores en el área. Y ¿cómo puede haber un, no ya positivo sino sencillamente informe, si no trabajó? Además, Daniele llega a la jubilación en el máximo cargo de la planta de profesionales, el 1224.
En estos días, ya en la cuenta regresiva para su jubilación, Daniele ha preparado un presente griego a sus conmilitones del Suoem. Declarado su estado jubilatorio por el intendente Ramón Javier Mestre y fijada la fecha de su retiro (2 de enero de 2018), no hay mecanismo de relevo. Como remedo ha optado de un sistema monárquico corregido de sucesión, en el que el futuro secretario general provendrá de un sustituto del ius sanguinis. En criollo: vínculos no de sangre sino de afectos: su pareja, Beatriz Biolatto.
La pregunta es ¿cómo un gremio tan belicoso va a aceptar con tanta mansedumbre este relevo en la conducción del sindicato con solo invocar vínculos de gineceo? En el mismo combo, la propuesta del capo sindical a los suyos se completa con la destitución de su pareja a través de un complejo proceso de acortamiento de mandato o revocatoria.
Si se observa el malón de pretendientes al cargo, bien se podría aplicar la ocurrencia en la historieta de Inodoro Pereyra, cuando un milico, trepado al mangrullo, describía la cantidad de indios que se acercaba al fortín: -“Vienen como 1.001 indios, mi sargento”. -“¿Cómo que 1.001 indios?”. –“Bueno, un indio adelante y como 1.000 atrás”.
Esto describe hoy muy bien al sindicato. Y anticipa lo que será del gremio que quieren “cuidar de la arremetida de Mestre”, después de la efectiva jubilación de Daniele, cuando el malón de candidatos se le suba a cococho a la pobre Biolatto.