No todos somos Seinfeld

Aplacado ya ese fanatismo contagioso que desató el comediante Jerry Seinfeld hace un par de décadas, ahora se puede disfrutar del programa especial que estará disponible en Netflix desde el 19 de septiembre, en el que se develarán algunos mitos acerca del estandapero más conocido.



Por J.C. Maraddón
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Quizás la fiebre por el stand up que se desató con la llegada del nuevo siglo tenga que ver con las desventuras de Jerry Seinfeld, el comediante que protagonizó nueve temporadas de una popular sitcom, emitida por la cadena NBC hasta 1998. Casi dos décadas han transcurrido desde el final de ese programa y, sin embargo, la leyenda no se ha acallado y la influencia de su personaje sigue siendo profusa entre todos aquellos que han decidido plantarse sobre un escenario, delante de un micrófono y de un público que espera reírse a carcajadas a partir de los chistes que escuche durante la función.
Los estandaperos llevaban muchos años de vigencia en los Estados Unidos cuando Seinfeld decidió encarnarse a sí mismo en una sitcom con episodios que tenían poco más de veinte minutos de duración. Pero se ve que algo muy particular se escondía detrás de esa historia, porque se transformó en un tanque de audiencia y, por encima de todas las cosas, porque reverdeció la gloria de un género teatral muy típico en aquel país, que había quedado relegado a algunos espectáculos de music hall después de haber alcanzado su mayor brillo entre los años cincuenta y sesenta.
Fue un fenómeno global que, con algo de retraso, tuvo su eco en Argentina, donde florecieron por los bares este tipo de espectáculos que no exigían más que un micrófono, una luz y alguien dispuesto a hacer reír al público. Por todas partes surgieron aspirantes al cetro del “Seinfeld criollo”, después de ver lo que hacía el original en cada episodio, riéndose de sus propios traumas y desgracias, en un tono que transformaba a esa tragedia personal en una comedia digna de ser compartida con otros. Muchos pensaron que, si la fórmula había funcionado para Seinfeld, era infalible en cualquier otro tiempo y lugar.
Por supuesto, la mayoría de estos emuladores no tuvo en cuenta que el talentoso cómico estadounidense sabía muy bien cómo enunciar esas historias privadas en clave humorística. Y que esa sabiduría era un don que no necesariamente todos poseían. Es más, se trata de una cualidad bastante escasa, porque si abundase no se habría concentrado el suceso en una sola sitcom. La consecuencia no deseada de Seinfeld fue entonces el surgimiento de clones suyos en todas partes, que contaban cosas parecidas a las de su ídolo, pero que en la mayoría de los casos distaban mucho de producir idéntico efecto.
Ahora que la tendencia ha decantado y que solamente los más aptos han persistido en su objetivo, en el stand up local empieza a primar la calidad por encima de la cantidad. Pero llevó demasiados años ese proceso que se inició cuando la chispa del humor de Seinfeld encendió la idea de que todos teníamos algo divertido que contar y que nuestras vidas estaban, al igual que las del ídolo humorista, plagadas de anécdotas con las que la gente se desternillaría de la risa. Con la incursión de dramaturgos, directores de teatro y actores profesionales en el género, la fantasía de que cualquiera puede ser Seinfeld se encausó dentro de los límites del sentido común.
Desligados de ese fanatismo contagioso, ahora ya podemos disfrutar del programa especial que estará disponible en Netflix desde el 19 de septiembre, en el que se develarán algunos mitos acerca del estandapero más conocido. “Jerry Before Seinfeld” es el título de esta producción, en la que se promete que- entre otras cosas- se exhibirán los papelitos donde el cómico anotaba sus chistes en sus inicios. Chistes que, seguramente, ya eran mucho más ingeniosos que las paparruchadas que los simples mortales posteamos en nuestras redes sociales, pretendiendo causar una gracia imposible.



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