El relator de lo invisible

En estos tiempos que tan acostumbrados nos tienen a cliquear, a stalkear, a megustear y a postear, el fallecimiento de Rubén Torri nos remite esas épocas en que sus narraciones nos invitaban a imaginar, cuando el legendario “Chino” nos pintaba las batallas deportivas con su labia proverbial.

Por J.C. Maraddón
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torriDentro de la revolución tecnológica que vivimos, que por supuesto tiene consecuencias sobre nuestra forma de pensar y de sentir la realidad, uno de los ejes sobre los que giran los cambios es la presencia de cámaras por todas partes. Cámaras que sacan fotos y que testimonian los momentos de nuestra vida y de las ajenas; y cámaras de filmación, que en muchos casos están permanentemente encendidas y que, o bien transmiten durante las 24 horas los 365 días del año, o bien sirven como archivo para después probar una infracción vial, la autoría de un crimen o una infidelidad.
Sumémosle a eso el archivo de imágenes y de filmaciones que se almacena en la web, y que nos posibilita ver todo lo que se nos ocurra que haya sido registrado. Así como nuestra biografía de Facebook se propone, precisamente, resumir nuestra vida en diversos álbumes, también Youtube representa la mayor videoteca de la que se haya dispuesto en la historia de la humanidad: desde películas completas hasta partidos de fútbol y programas de televisión, muy poco del material audiovisual existente en el universo queda fuera de sus dominios que, si disponemos de una conexión a internet, también son los nuestros.
En ese pandemonio transcurre nuestra vida actual, sin que estemos dispuestos a hacer nada para evitarlo. De pantalla en pantalla, somos expertos voyeurs que nos pasamos horas mirando pixeles, sin que la imaginación tenga tiempo para fantasear. Vemos el mundo en nuestro teléfono inteligente, desde cualquier lugar: tanto una serie como un match deportivo, tanto un concierto como una telenovela, nuestro acceso tiende a ser ilimitado, a medida que nuevas aplicaciones hacen cola para sorprendernos. Nos basta con dar play para que, en milésimas de segundo, aparezca ante nuestros ojos eso que hasta no hace demasiado tiempo nos parecía inalcanzable.
Sin embargo, alguna vez, cuando todos estos dispositivos no figuraban ni siquiera en los libros de ciencia ficción, la disponibilidad de imágenes (fijas o en movimiento) era muy limitada. Las cámaras de foto analógicas funcionaban mediante rollos de no muy larga extensión. Y las de video eran incómodas para transportarlas y eran utilizadas casi exclusivamente por profesionales. Había muy pocos canales de televisión, que tenían una transmisión de unas cuantas horas por día. La mayoría de las publicaciones impresas eran en blanco y negro y las escasas que salían en colores, tenían impedimentos técnicos para que las fotografías se reprodujeran en buena calidad.
Este contraste entre el contexto actual y el de la segunda mitad del siglo veinte, es uno de los motivos de la nostalgia generalizada que se desató ayer en Córdoba, al conocerse la noticia de la muerte del maestro Rubén Torri, relator de boxeo y de fútbol que hizo historia en los medios locales. Torri fue la voz que narró en tiempo real las hazañas futbolísticas de los equipos cordobeses y la que contó con lujo de detalles la epopeya de nuestros boxeadores, como por ejemplo Santos Falucho Laciar. Aunque no viéramos en directo esos partidos ni esas peleas, el legendario “Chino” nos pintaba esas batallas con su labia proverbial.
En estos tiempos que tan acostumbrados nos tienen a cliquear, a stalkear, a megustear y a postear, el fallecimiento de Rubén Torri nos remite a esas épocas en que sus relatos nos invitaban a imaginar. A pesar de la profusión de pantallas, el próximo torneo del fútbol argentino será muy difícil de ver en directo para quienes no cuenten con el dinero para abonar la cuota que exigen Turner y Fox. Cómo vamos a extrañar entonces al “Chino” Torri, cuando arranque la Superliga y nos demos cuenta de que ya no está su voz para hacernos ver lo invisible.



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