El FIT forcejea para evitar su “primera derrota”

Ante un escenario que se adelantaba (por primera vez) propicio para lograr una banca en el Congreso, el FIT tiene ahora sus chances complicadas para lograrlo.

Por Felipe Osman

El miércoles último el Frente de Izquierda cerró su campaña en Córdoba con una caminata por las calles céntricas de la ciudad, que culminó con un acto en la ex plaza Vélez Sarsfield. En esta oportunidad, los oradores Liliana Olivero (Izquierda Socialista), Javier Musso (PTS) y Jorge Navarro (PO) intentaron transmitir esperanza y optimismo a la concurrencia.
Con discurso centrado en críticas a la gestión de Mauricio Macri, los precandidatos alentaron a la militancia y señalaron que el domingo se debe dar un nuevo paso para conquistar una banca octubre.
Lo cierto es que el objetivo de la novena banca, que el FIT arañó en 2013 y que a comienzos de la actual campaña se percibía como algo muy realizable, parece estar ahora desdibujándose en el horizonte. Unidad Ciudadana asoma en algunas encuestas como la tercera fuerza en la provincia y, por lo tanto, como principal aspirante a ocupar el escaño pretendido por la alianza de izquierda.
El frente K, en su filial Córdoba, ha ensayado una lista con look de izquierda que parece estar dando resultados. Pablo Carro es, además de un casi perfecto desconocido para la opinión pública, secretario general de la Adiuc (Asociación de Docentes e Investigadores de la Universidad de Córdoba) y una figura joven de apariencia desenfadada en los actos de campaña. Eduardo Fernández, segundo en la lista, preside la APYME, asociación de pequeñas y medianas empresas, sector presuntamente victimizado por las medidas tomadas desde el Ejecutivo Nacional. Valentina Enet, ocupando el tercer lugar, es una abogada que representó a usuarios cordobeses en reclamos por el “tarifazo de Aranguren”.
Desde la izquierda ven con desagrado como el kirchnerismo ha servido a la mesa, en el cuarto oscuro, un menú que parece diseñado para el paladar trotskista.
Reducido por su propia incapacidad de constituir un frente común junto a la “Izquierda al Frente”, el FIT debe además soportar que el kirchnerismo local utilice, para confeccionar su lista, una receta propia de la casa, y vista un discurso anti-oficialista del que ha hecho gala en sus pasadas campañas. Estos artilugios, si bien no erosionaran el voto orgánico propio de la izquierda, sí puede atraer el voto de sus simpatizantes de ocasión, de aquellos que sin tener su apoyo comprometido a ninguna estructura partidaria, votarían para expresar su desagrado hacia el macrismo y el schiarettismo.
Todo esto llega en una elección crucial para el FIT, en el marco de un crecimiento sostenido del espacio a nivel provincial y nacional, con una banca en la unicameral (Laura Vilches), y el antecedente vivo del 2013.
El FIT parece aproximarse, en este contexto, a su primera derrota electoral (en escala con sus expectativas) de los últimos tiempos. Acostumbrado a ser un frente minoritario, que no discute posiciones de poder, se presentaba a estos comicios con posibilidades reales de llevar al Congreso un diputado por Córdoba. Las derrotas no son tales cuando la zanahoria no estaba al alcance de la mano, pero habiendo partido con ventaja para ocupar la novena banca, si representaría ahora un fracaso no alcanzarla.
Pero queda aún mucho por verse. Si la Izquierda al Frente no logra los sufragios necesarios para avanzar a las generales, el FIT absorberá seguramente sus votos. Y esto será un anabólico para llegar con mejores números a octubre.



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