Cómo llega la economía a las PASO

Los principales indicadores mejoran, pero todavía no impactan en la percepción pública. El resultado electoral es importante para el tratamiento de las reformas en carpeta, como la tributaria y la laboral.

En las últimas semanas, las noticias económicas estuvieron en el centro de la escena: el dólar tocó un nuevo récord, la inflación volvió a orillar el 2% el mes pasado, el gobierno sobre-cumplió la pauta fiscal del primer semestre, y los datos de actividad consolidan su recuperación. Aunque el estado de situación de la economía siempre es tema de debate, las novedades de los últimos días adquieren un significado especial a poco más de una semana de las Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias (PASO).
Es de público conocimiento que las condiciones económicas tienen una importante influencia sobre el resultado electoral. Los votantes tienden a apoyar al gobierno de turno cuando el ciclo económico es alcista, y castigar al oficialismo cuando se atraviesa una recesión.
Un claro ejemplo, fue el apoyo electoral que recibió el gobierno en las elecciones de mitad de término de 2005 (contexto de fuerte expansión y restructuración de la deuda pública) y la derrota del oficialismo en provincia de Buenos Aires en las legislativas de 2009 (en un contexto fuertemente recesivo por la crisis internacional y la peor sequía en 40 años).
De acuerdo al EMAE, en mayo el PBI creció más de 3% respecto del mismo período de 2016 y en los primeros cinco meses del año acumula un incremento de 1% interanual. La mejora también se consolida por el lado del mercado laboral. A mayo, el empleo registrado acumula un crecimiento de 0,8% en relación al cierre de 2016 y ya se ubica 1,1% por encima del valor de noviembre de 2015.
El Indec presentó el nuevo índice de precios de alcance nacional, que arrojó una inflación para el bimestre mayo-junio de 1,3% promedio por mes, cuando en los meses previos había sido de 2,2% mensual (producto de fuertes aumentos de precios regulados).
La marcada desaceleración del incremento de precios generó optimismo entre las autoridades del Banco Central, esperanzados en el camino hacia la desinflación para los meses venideros. Sin embargo, admiten que difícilmente puedan cumplir la pauta anual del 17%.
Al quinto mes del año el salario real de los trabajadores formales muestra un incremento de 2,4% respecto de igual período del año pasado, impulsado a partir del segundo trimestre del año (en marzo el poder adquisitivo había caído 0,7% contra diciembre del año pasado).
De todas formas, la mejora del poder adquisitivo de los trabajadores formales no alcanza a recomponer el terreno cedido en 2016, y es probable que sea menor en el caso de informal y/o cuentapropistas.
La mejora de la mayoría de las variables durante los últimos meses hacía pensar que la economía llegaba a las PASO con algo más de margen. En lo que va del año dio señales de recuperación, dejando lentamente atrás el escenario de 2016. No obstante, hay encuestas de opinión que muestran que esta performance económica no entusiasma a la mayoría (está por debajo de las expectativas). Más aún, la mejora de diversos indicadores fue opacada por la trepada del dólar y la aceleración de la inflación en julio.
El dólar se despertó tras un largo letargo (estuvo planchado durante casi todo el primer semestre). Este fenómeno no es ajeno al contexto político: la incertidumbre respecto a la performance electoral del oficialismo (y un posible triunfo de la ex presidente en Provincia de Buenos Aires), y la falta de intervención del BCRA explican por qué el tipo de cambio oficial se depreció, a contramano del resto del mundo.
Desde el cierre de listas a fines de junio la cotización de dólar subió cerca de 10%, cuando hasta entonces sólo había subido 1,6% respecto del cierre del 2016.
Más allá de la importancia que tienen las elecciones de mitad de término sobre el apoyo político al oficialismo, el resultado tendrá un impacto significativo sobre el plano económico. El gobierno intentó generar un clima de mayor previsibilidad a los inversores y una derrota en Buenos Aires podría ser interpretada por los agentes como un riesgo para los avances del plan oficial. Asimismo, un resultado positivo en las legislativas facilitaría el tratamiento de diversas leyes que el Ejecutivo desea aprobar para tentar a los inversores a hundir capital en Argentina.



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