Diseñan vagas fórmulas para el plan Diego Mestre diputado

La idea principal pasa por encima de la ley de cupo. Un fallo de la Cámara Nacional Electoral de 1999 la estorba.

Por Alejandro Moreno
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El laboratorio mestrista imagina diversas fórmulas para lograr que Diego Mestre ingrese en un lugar de privilegio a la lista de candidatos a diputados nacionales de Cambiemos. Las dos más analizadas ayer, sin embargo, tienen serias deficiencias. Como una Cenicienta, el hermano del intendente tiene tiempo hasta la medianoche del sábado para conseguir su objetivo.
Con una tenacidad inexplicable (que le proporciona enemigos adentro de su partido y con sus aliados), porque es aún mayor que la desplegada hace dos años para defender su propia candidatura a gobernador, Ramón Mestre postula a su hermano para la reelección en la Cámara de Diputados. Ya no puede esperar que de una lista de consenso con el PRO Diego sea el número uno. Tampoco, el número tres. Ambos espacios están cubiertos por candidatos colocados por el dedo de Mauricio Macri: el actual diputado Héctor Baldassi y el intendente de Jesús María, Gabriel Frizza.
La lista de Cambiemos, entonces, inicia así: Baldassi, la radical Soledad Carrizo (también, por la reelección) y Frizza. El cuarto lugar -hasta donde llegan las razonables expectativas electorales de la alianza- es la nueva obsesión del mestrismo. Para ese renglón se ha mencionado a Brenda Austin (otra reeleccionista), pero los ingenieros políticos del Palacio 6 de Julio imaginan que podrán colar allí a Diego Mestre.
Si eso ocurre, de los cuatro primeros candidatos habría una sola mujer, lo que entraría en colisión con la demagógica y arcaica ley de cupo femenino, que obliga a colocar una dama entre los expectables en una proporción mayor a un tercio. Para cumplir con el cupo, dos de los primeros cuatro candidatos deberían ser mujeres. ¿Por qué sobre cuatro? Porque los “expectables” son el mismo número que los diputados que renueva un partido o coalición. La UCR renueva las tres bancas ganadas en 2013 y el PRO una. Sumados: cuatro.
Los mestristas quieren interpretar que como en 2013 los partidos fueron por separado, la alianza Cambiemos no renueva nada; sencillamente, hace cuatro años no existía. De ese modo, debe considerarse por ley que renueva sólo una, y en tal caso puede satisfacer el cupo con una candidata mujer cada dos hombres.
El problema es que hay antecedentes que indican lo contrario.
En 1999 la UCR y el Frepaso formaron la coalición Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación. La lista de diputados nacionales quedó así: Edgardo Grosso, Alejandro Balian, Teresa Foglia, Atilio Tazzioli, Lorenzo Cortese y Graciela Martínez de Barberis. El criterio para colocar a las mujeres en los puestos tres y seis fue el mismo al que ahora recurre el mestrismo: la novedad de la alianza, que en 1995 no había intervenido.
Graciela Barberis no quedó conforme y recurrió a la Justicia Electoral para que la suban al quinto lugar, de modo que el tercio quede completo hasta allí (dos de cinco, el 40%). En primera instancia, en los Tribunales Federales cordobeses, su impugnación fue rechazada con el fundamento, precisamente, de que “la alianza se presenta por primera vez y que, por lo tanto debe considerarse que renueva una sola banca”. La entonces concejala Barberis insistió ante la Cámara Nacional Electoral, que el 13 de octubre, once días antes de las elecciones, resolvió a su favor. En el fallo 2669 sostuvo que si bien la Alianza se presentaba por primera vez “no puede considerarse que renueva un solo cargo”. “Uno de los partidos integrantes de la Alianza es la Unión Cívica Radical, que renueva cuatro cargos y cuya representatividad en la provincia de Córdoba es bien conocida. Concluir de otro modo importaría burlar el espíritu de la norma pues bastaría que partidos de reconocida representatividad y con varios cargos a renovar cada uno constituyeran por primera vez una alianza para que se pudiera alegar que la coalición creada sólo renueva un cargo, en flagrante contradicción con la realidad jurídica objetiva”. “La banca lograda en 1995 por el Frepaso se renueva en esta oportunidad a través de los partidos Intransigente y Socialista, que entonces formaban parte del Frepaso y ahora integran la Alianza. Esto constituye, también, una realidad jurídica objetiva que no se puede desconocer”, agregaron los camaristas. Por ello, concluyen que “la adecuada observancia de la ley 24.012 exige que haya dos mujeres entre los cinco primeros candidatos a diputados nacionales” y que “corresponde incluir a la demandante Graciela Martínez de Barberis en el quinto lugar de la lista de candidatos a diputados nacionales”. La Alianza recurrió a la Corte Suprema de Justicia, por lo que las boletas para la elección del 24 de octubre no fueron modificadas. La Corte, el 29 de febrero de 2000, desestimó por “inadmisible” el recurso de la Alianza. Así, Barberis quedó como primera suplente, porque los aliancistas ganaron cuatro diputados en 1999. Uno de los titulares, el frepasista Atilio Tazzioli, falleció el 2 de diciembre de 2003, una semana antes de concluir su mandato, por lo que no hubo tiempo para que asuma Barberis.
Ese criterio amparado por la Cámara Nacional Electoral de sumar las bancas que renuevan los partidos que conforman la alianza debería acabar con la pretensión de llevar a Diego Mestre de cuatro.
Por suerte para los mestristas, piensan en otra opción: que de cuatro vaya una mujer del grupo Confluencia dispuesta a convertirse en una candidata testimonial, para que una vez elegida renuncie y deje paso a Diego, con el número cinco. ¿Podrán encontrar alguien así? Trascendidos indican que Brenda Austin ya avisó que no se prestará a eso. ¿Recurrirán a otra, más dócil, quizás una concejala? Pero, ¿no habría que destruir el acuerdo del Congreso, para ello? Demasiados problemas para tan poco tiempo.