Martín Cristal, aplauso y premio

El autor cordobés ganó la 17ª edición del certamen de Novela Corta organizado por la Diputación de Cáceres, España, con “Aplauso sin fin”, una “fábula sencilla sobre la vanidad en el arte y las molestias de la fama”.

Por Gabriel Abalos
gabrielabalos@gmx.com

Martín Cristal llegará con su obra al público español. Foto de Simón Lazarte Gisbert.

El escritor Martín Cristal recibió la semana pasada el feliz anuncio de que había ganado el Premio de Novela Corta convocado por la Diputación de Cáceres, al centro de la comunidad autónoma de Extremadura, España, con su obra titulada Aplauso sin fin. “Me hicieron la gran ‘Hola, Susana’: me hablaron por sorpresa, directamente desde la ceremonia de premiación”, cuenta el autor cordobés sobre el momento en que se enteró. En efecto, el premio considerado “el más veterano” de esa Diputación, dotado con 9.000 euros y la publicación de la obra, fue dado a conocer el 8 de junio en el transcurso de una gala literaria durante la cual también se develaron los ganadores de las otras categorías: poesía, periodismo y microrrelatos. Un centenar de novelas procedentes de prácticamente todas las comunidades de España, además de otros países como Argentina, Cuba, Uruguay, Colombia, EEUU y México, habían concurrido a la convocatoria de Novela Corta.
Sobre la obra con la que accedió al prestigioso premio, cuenta Martín Cristal: “Ya la tenía. La primera versión la escribí en dos meses, durante la primavera de 2015. De hecho, la que mandé era la sexta versión. La novela tiene 115 páginas A4. Calculo que en forma de libro tendría unas 150 páginas.” El autor de Bares vacíos, La casa del admirador, Las ostras, entre otras novelas, describe así Aplausos sin fin: “Una posible sinopsis sería: El protagonista es un viejo poeta olvidado que sobrevive en las sierras de Córdoba, a quien se le presenta una última oportunidad para volver a mostrar sus versos en público y ser otra vez ‘poeta ante los otros’. Sin embargo, a cada lectura que ofrece, va menos y menos gente… Inicia como relato realista, pero enseguida levanta vuelo un crescendo de elementos fantásticos. Es una fábula sencilla sobre la vanidad en el arte y las molestias de la fama.”
Por el momento el público argentino no tendrá acceso a esta nueva obra de Cristal: “Supongo que en esa primera edición no, porque es un premio estatal: no es a través de una editorial comercial que lo distribuiría internacionalmente, etc. Ahora bien, una vez hecha esa edición española, sí, podrá salir acá en una reedición argentina. Pero sobre fechas y todo lo demás no tengo ninguna precisión todavía.”
Lo que lo motivó a enviar su obra al concurso de Cáceres fue que “precisamente, era un premio de Novela Corta. Las extensiones intermedias como ésta suelen quedar medio marginadas en los concursos, cuya mayoría son para novela (desde 150 pp. A4, por lo general) o para cuento, o conjunto de cuentos. Éste calzaba, así que mandé. En papel: el correo no salió nada barato… pero valió la pena, finalmente.”
Sobre los concursos literarios, el novelista premiado expresa la siguiente opinión: “Son una alternativa válida, creo, para que el escritor pueda mostrarles su trabajo a nuevos lectores. Si se tiene la suerte de ganar (porque siempre interviene la suerte), proporcionan un desahogo económico (que contrabalancea un poco las muchas horas sin rédito de la escritura), más o menos difusión según el caso y un aliciente para seguir escribiendo. Eso sí: hay premios y premios. Bases y bases. Intereses que cambian según quién premia. Premios que se sospecha arreglados o al menos previamente sesgados, y otros que aparentan ser más transparentes. Conviene reflexionar sobre todo esto antes de mandar nada. Y conviene, una vez enviado, olvidarse del premio y no esperar nada.” A esto agrega: “Y muy importante: ningún premio garantiza la calidad de la obra a los ojos de sus futuros lectores. Para ellos lo único que vale es su propia experiencia de lectura.”
Hasta el momento no ha recibido invitación a viajar a Cáceres, aunque es posible que deba ir cuando salga la edición de Aplausos sin fin. “Sin novedades todavía –explica Martín-. Fuera del anuncio del premio todavía no ha habido otra comunicación o instrucciones sobre qué sigue ahora. Pero no va ni una semana, supongo que pronto se comunicarán.”
A una pregunta sobre su producción en progreso, aún no lista para salir de su mesa a la edición, responde con sus hábitos actuales para escribir: “tengo varios proyectos en gateras. Con la paternidad he cambiado el modo de producir. Antes me enfocaba en un único proyecto: cuando el trabajo avanzaba bien, genial, pero cuando me trababa, quedaba días dándole vueltas al problema… perdiendo un tiempo precioso que, ahora veo, me sobraba. Con una hija, no hay tiempo de sobra. No hay tiradas largas de escritura. Pero sí hay tiradas cortas a espacios regulares: hay que aprovecharlas. Entonces empecé a llevar varios proyectos a la vez, aprendiendo a sujetar la ansiedad respecto de cuál de ellos terminaré antes, para concentrarme en el que me pinte atender ese día. Si me trabo, salto a otro. Resultado: escribo más. (En alguna parte leí que Calvino trabajaba así, y de ahí lo tomé, pero luego no pude reencontrar ese texto ni gugleándolo). Cada proyecto va avanzando. Hay un momento en el que uno siente que no termina nada, pero de pronto van saliendo cosas del horno.” La novela recién premiada es uno de los productos nacidos de ese proceso. “Y tengo un texto para niños, un libro-objeto con microficciones (el cual también estoy diseñando yo) y ya casi listo un libro de cuentos con elementos fantásticos y de ciencia ficción.” Su foco actual está puesto en la continuidad de una serie de cuatro novelas que comenzó con Las ostras (2012), y cuya segundo título fue Mil surcos (2014): “Estoy trabajando en la tercera novela de la ‘tetralogía elemental’ que viene saliendo por Caballo Negro.”



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