Borges x 14

“Llamamos azar a nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad.” (JLB)

Por Daniel Gentile

“El 14 de enero de 1922 Emma Zunz recibió la carta que le anunciaba la muerte de su padre”.
“El 14 de diciembre de 1941 María Justina Rubio (La Señora Mayor) cumpliría cien años”.
La fórmula secreta que, al cabo de los años, el mago de la pirámide de Qaolom ( “La escritura del dios”) alcanza a descifrar en la piel del jaguar, es una frase “de catorce palabras casuales (o que parecen casuales)”.
“Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche…” (A pie de página, en “La casa de Asterión”, una nota aclara: “El original dice catorce, pero sobran motivos para inferir que, en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por “infinitos”).
“Son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes.” “Todo está muchas veces, catorce veces. Pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión.”
“La noche del catorce de marzo de 1939….Jaromir Hladik soñó con un largo ajedrez” (“El milagro secreto”).
“Con minucioso amor lo soñó en catorce lúcidas noches… En la noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el dedo índice, y luego todo el corazón, desde afuera y desde adentro…” (“Las ruinas circulares”).
Según los cabalistas –que han obsesionado a Borges- en la Escritura ninguna palabra, ninguna letra, ningún número es casual. En la literatura contemporánea, la obra de Borges es la Escritura.
¿Por qué el catorce? Es un múltiplo de siete, número que los pitagóricos veneraban, pues en él vibran los siete espíritus sagrados.
El catorce es sinónimo de ayuda, curación, bondad y misericordia. Se cuenta que en otro tiempo los niños, antes de ir a la cama, rezaban: “Cuando me voy a dormir por las noches, catorce angelitos me guardan.”
Dos veces en su obra, Borges crea un hombre. En “Las ruinas circulares” lo sueña; en “El golem” el rabino lo amasa con arcilla, como Dios lo hizo con Adán. El catorce está directamente relacionado con la operación de crear un hombre por los dioses sumerios. Así, esa mitología nos recuerda que un dios “amasa la arcilla ante la mirada de Nintu, separa catorce pedazos de pasta, coloca siete a la derecha y los otros siete a su izquierda. De las catorce matrices reunidas por la experta, siete produjeron machos y las otras siete hembras.”
Catorce días tarda la luna en crecer. Una estrella de plata de catorce puntas decora actualmente el lugar donde se supone que nació Jesús, en la Iglesia de la Natividad de Belén.
En el siglo catorce, en un tiempo en que en Europa sólo había guerras y epidemias, surgió la creencia de que catorce santos ayudaban al pueblo. Los santos no eran siempre los mismos, pero siempre eran catorce.
¿Es que acaso nos ha dejado Borges un mensaje, una clave, un enigma? He tratado de descifrarla con mitología, que está al alcance de cualquiera.
Sin embargo, la historia no termina allí. Ahora viene lo más impresionante. Borges murió el 14 de junio de 1986 (8+6=14). El copyright de este último misterio no le pertenece al muerto, ni a María Kodama, ni al autor de esta miscelánea, ni al diario que la publica. Es propiedad exclusiva del Autor de todos los autores y de todos los lectores.



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