El reino de la extorsión

Es como si las leyes no existieran. La autoridad no logra imponerse. La policía no actúa porque el gobierno no quiere cargar con el costo de la represión. Los fiscales y jueces no pueden hacer cumplir las leyes porque, directamente, sus resoluciones no son acatadas

Por Gonzalo Neidal
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extorsiónEstá claro que vivimos en tiempos en que las leyes rigen parcialmente, con grandes agujeros negros donde habita la pura fuerza, la ley de la selva.
Los gremios de Córdoba utilizan rutinariamente y a pleno su capacidad de extorsión hacia la sociedad y hacia el poder político. Lo tienen claro y actúan en esa dirección en forma descarada. Basta escuchar cualquier discurso de Rubén Daniele, el dirigente de los municipales, para saber cómo actúan y cómo amenazan. Si no están conformes con algo, paralizan sus actividades o hacen asambleas que consisten en comer criollitos con las ventanillas cerradas durante dos o tres horas para fatigar a la gente que concurre a hacer trámites.
Algo similar ocurre ahora con los choferes del transporte urbano. Y cada tanto, con gremios como Luz y Fuerza, también de fácil vocación por el reclamo friccional. Su capacidad para crear caos es robusta. Y a todos ellos lo tiene sin cuidado lo que los vecinos piensen acerca de su conducta sindical. Son conscientes de que no son muy queridos pero eso les importa tres pepinos. Saben que con sus paros envilecen la vida de todos nosotros pero justamente por eso es que paran, cortan el tránsito, rompen vidrios hasta conseguir lo que quieren.
Es como si las leyes no existieran. La autoridad no logra imponerse. La policía no actúa porque el gobierno no quiere cargar con el costo de la represión. Los fiscales y jueces no pueden hacer cumplir las leyes porque, directamente, sus resoluciones no son acatadas. Las normas de conciliación obligatoria mueven a risa. Si algunos trabajadores están en desacuerdo con las medidas tomadas por el sindicato, los otros, los violentos, los disuaden rápidamente para que se encolumnen con los revoltosos. Si los choferes quieren manejar los colectivos, rápidamente son convencidos a pedradas de que eso no es lo que más les conviene.
Crear un infierno es lo que buscan pues a partir de ahí los vecinos comienzan a clamar por soluciones ya que sus actividades cotidianas –incluido el trabajo- son severamente entorpecidas por los violentos que no dejan circular a quienes quieren continuar con sus tareas normales.
Es el reino de la extorsión violenta. El uso de la fuerza como sistema.
Llaman a eso “la lucha por nuestros derechos”.
Pero hay algo curioso: todos esos gremios cobran salarios de privilegio, muy lejanos del promedio que puede ganarse en otras actividades, o de lo que puede ganar un médico, un maestro o un policía, o de lo que gana en promedio un profesional en la actividad privada.
Son los niños bien de esta sociedad.
Y los más quejosos. Los más malcriados.
Algo no estamos haciendo bien.