La izquierda pide más sangre

Ahora apareció un valiente que dice lo que seguramente muchos otros abrigan in pectore. El sociólogo y profesor universitario Atilio Borón ha escrito un texto que lo pinta de cuerpo entero.

Por Gonzalo Neidal
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Al menos alguien desde la izquierda se animó a opinar sobre la situación política y social de Venezuela. Era hora.
Porque los intelectuales, tan parlanchines y pontificadores, habían guardado un estruendoso silencio. Porque, se sabe, no es conveniente opinar sobre los temas incómodos. Mejor guardar silencio y repetir las bolillas fáciles: la desigualdad social, la represión de los setenta, la necesidad de otorgar más planes sociales y otros raídos temas que muestran cuan sensible es la izquierda argentina y cómo se preocupan por los pobres.
Pero Venezuela los ha complicado definitivamente. Venezuela tira por el piso todos los argumentos de la izquierda. Ahí tenemos a un gobierno militar que utiliza a un payaso sangriento como Maduro para ejercer el poder. Ha destruido la economía nacional y la ha puesto al borde de un colapso definitivo.
Pero la izquierda prefiere no entender los datos que la realidad le arroja a la cara. Prefiere atribuir las revueltas contra el gobierno a una conspiración de la CIA y los Estados Unidos. Contra toda evidencia, no se hace cargo del completo fracaso económico. Revisar sus datos, piensan, los llevaría a aceptar que durante décadas han defendido una causa que desemboca siempre en un fracaso completo: el socialismo.
Por eso hacen silencio.
Ahora apareció un valiente que dice lo que seguramente muchos otros abrigan in pectore. El sociólogo y profesor universitario Atilio Borón ha escrito un texto que lo pinta de cuerpo entero. Le ha pedido a Nicolás Maduro que de una vez por todas “aplaste” a la oposición de una manera “rápida y contundente” y que restablezca el “orden institucional”.
Borón es un gran revolucionario. Y a él no le importa que ya la represión del gobierno venezolano haya cobrado más de 70 muertos, en su mayoría jóvenes estudiantes. Ha de pensar que la revolución demanda severidad, sobre todo para con los sublevados, que son agentes del imperialismo norteamericano.
Pero las cosas son aún más graves. Borón dice que lo que ocurre en Venezuela es una guerra civil. Esto significa entonces que todo está permitido para derrotar al adversario. Una guerra civil muy curiosa pues de un lado está el ejército y del otro los manifestantes desarmados.
Para Borón hay represiones buenas y malas. Matar a manifestantes está bien si el que dispara se proclama anti imperialista y abanderado de los pobres. Con esa credencial está permitido matar, incluso a los pobres.
La izquierda argentina ha llegado al límite de lo canallesco.
Ya lo decía Gandhi: “Temed la dureza del corazón de los hombres cultos”.



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