Mirta Iriondo: quien puede lo más, puede lo menos

Contrató a su hija por resolución decanal que no la obliga a asistir ni a cumplir horarios. La decana de Famaf Iriondo parece adherir con fervor a la teoría jurídica de que “el que puede lo más, puede lo menos”.

Por Gabriel Osman
gosman@diarioalfil.com.ar

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Mirta Iriondo

Mirta Iriondo es la decana con más desenfado para tomar decisiones o formular declaraciones. En 2016, durante los momentos previos a la deliberación de la Asamblea Universitaria que terminó eligiendo a Hugo Juri como rector, no tuvo empacho en blandir como discurso persuasivo en una reunión, su ya célebre sentencia “lo académico me importa un carajo”. Quería darle una mano a su candidato, el ex rector Francisco Tamarit en su intento de reelección. Le dio efectivamente una mano, pero de brea.
En otros tiempos, a los docentes de esta “república de castalia” que es Famaf (junto a Químicas, las dos Facultades más prestigiosas de la UNC) se les hubiera erizado la piel ante tamaño alegato de Iriondo. Pero estos hombres de las “ciencias objetivas” (expresión petulante si las hay) ya hace mucho que han perdido la doncellez y están más curtidos. Tamarit, por ejemplo, es (o fue) un maestro en el arte de andar por el barro.
Esta es una explicación probable. Otra que podría explicar cómo es que son tan finos en sus dedicaciones académicas y profesionales y tan naif para comprarse sin digerir el “relato K”, es la siguiente: como ponen todo su empeño en física teórica, complejas matemáticas y demás temas de alto refinamiento intelectual, clausuran el resto de las inevitables cavilaciones humanas (las políticas, por caso) con sencillas respuestas ideológicas que no tienen, siquiera, la jerarquía de una receta de cocina.
En la misma línea de actos y dichos de la ex funcionaria K de Nilda Garré, también debe anotarse su reciente intento de amputar la nómina de docentes del Observatorio Astronómico ante el riesgo de tener allí una mala cosecha el 6 de junio. La intentona recibió un duro revés de la Junta Electoral, que ordenó incorporar al padrón a esos docentes. El efecto ha sido exactamente el apuesto al que buscaba Iriondo: ahora sí que puede ser complicado para ella el comportamiento de esos electores.
uncLa decisión controvertida suya que ha trascendido ahora es la contratación de su hija, Micaela Ventureira (el número de su DNI indica que nació en el exterior). Su hija fue designada por resolución 17/2017. Prevé un contrato de seis meses de duración (1 de enero 2017 – 30 de junio 2017) y una asignación de $ 60.000. El contrato de locación de servicios obliga a su hija a brindar sus prestaciones profesionales “con el propósito de que lleve a cabo todo lo atinente al diseño y realización de los componentes de la imagen institucional de Famaf”. El contrato respectivo, más específico en los detalles de la contraprestación, señala que “por tratarse de un contrato sin relación de empleo, queda entendido que la asistencia de la profesional lo será sin sujeción de horario ni registro de asistencia (…), salvo que las circunstancias lo requieran.
En resumidas cuentas y observando el recorrido de sus procedimientos, parece claro que Iriondo adhiere con fervor a la teoría jurídica de que “el que puede lo más, puede lo menos”. Traducido: si me puede importar un carajo lo académico y puedo amputar el padrón si esto me conviene, por qué no puedo designar a mi hija.



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