Apuntes para octubre

Así y todo, sin grandes éxitos para festejar, la adhesión al gobierno se mantiene en altos niveles. Esto debe ser leído como un voto de confianza hacia un estilo de gobierno más transparente y un reconocimiento al esfuerzo que se realiza.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

Faltan muchos meses para los comicios de octubre. Pero, a la vez, están a la vuelta de la esquina, muy próximos.
¿Se mantendrá el actual escenario o se modificará sustancialmente? ¿Contra quién se enfrentará el gobierno? O, dicho de otro modo, ¿quién ejercerá el liderazgo del peronismo para esa fecha?
Aún es temprano para hacer presunciones que tengan visos de solidez analítica. La clave de todo es si finalmente Cristina Kirchner decidirá presentarse o no como candidata.
Sus palabras en Europa fueron claras a favor del desistimiento a una candidatura. El argumento fue el que alguna vez esgrimió Menem: quien ha sido Papa no puede retroceder a ser cardenal. Pero luego fue rectificada por sus partidarios.
Hoy, a cinco meses de las elecciones legislativas, Macri ciertamente no puede exhibir éxitos rotundos en materia económica.
Que haya logrado frenar la marcha inevitable hacia un caos económico similar al de Venezuela, no es algo que sea excesivamente valorado. La inflación se ha reducido casi a la mitad pero el combate continúa y genera altas tasas que significan un freno a la reactivación.
Las inversiones no llegan todavía en forma masiva y no lo van a hacer hasta que haya seguridades de que este camino se consolida. Razonablemente, los inversores temen que un regreso a políticas como las del anterior gobierno, pueda dañar las inversiones que realicen.
Así y todo, sin grandes éxitos para festejar, la adhesión al gobierno se mantiene en altos niveles. Esto debe ser leído como un voto de confianza hacia un estilo de gobierno más transparente y un reconocimiento al esfuerzo que se realiza. Y también como una toma de distancia respecto de la larga década kirchnerista.
¿Se presentará Cristina, finalmente o se preservará para las elecciones presidenciales de 2019, abrigando la posibilidad de un deterioro económico que haga clamar por su regreso?
Su presentación se justificaría en un escenario de victoria asegurada, por buen margen. Incluso un triunfo ajustado en la Provincia de Buenos Aires significaría una derrota relativa que pondría en juego su vida política futura. En octubre, Cristina se enfrentaría a Macri y Vidal en un pantano de citaciones a tribunales, probables nuevos audios reveladores y seguras novedades sobre los procesos de corrupción en su contra. Un panorama ciertamente complicado.
Así y todo, no parece ser Florencio Randazzo un rival de fuste para sacarla de la cancha y enviarla a El Calafate para toda la vida. Tras el desafío de Randazzo a una interna partidaria, probablemente se esconda una vocación de reagrupamiento K alrededor del liderazgo de Cristina.
A la par, el espacio que representan Sergio Massa y José de la Sota, el de un peronismo que se ofrece como civilizado, republicano y creíble, se ha desdibujado notablemente a partir de la deserción de algunos de sus referentes prominentes pero también debido a su indefinición y a su aspecto dubitativo. La avenida del medio, después de todo, no parece ser tan ancha como se anunciaba.
Hoy, tan lejos de los comicios, todo hace pensar que la pelea de fondo va a tener como protagonistas al gobierno y al kirchnerismo, ahora remozado por el increíble acercamiento de Alberto Rodríguez Saá, temeroso de perder en la provincia que él y su hermano gobiernan desde hace casi 35 años.
Macri y Vidal contra Cristina es el mejor escenario al que puede aspirar el gobierno aunque no esté exento de riesgos e incertidumbres.



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