El arte de innovar

“Malibu”, el nuevo single que publicó la cantante Miley Cyrus la semana pasada a cuatro años de la salida de su último álbum comercial, posee el encanto de lo alternativo, sin que eso implique que le falten las condiciones requeridas para sonar en la radio y tener difusión masiva.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

cyrus-malibuHace casi cuatro años, Miley Cyrus pateaba el tablero con su álbum “Bangerz”, que significó su definitivo alejamiento del aura “Disney” que la rodeaba a partir de su éxito como estrella de esa escudería. Para refrendar su mayoría de edad, tanto vital como artística, se lanzó en una alocada carrera hacia la madurez profesional, a través de un perfil que la ubicase en las antípodas de su personaje de Hannah Montana. Poses eróticas, declaraciones osadas y letras explícitas caracterizaron a ese periodo tumultuoso de la vida de Miley, en el que sus menciones en las noticias estaban vinculadas generalmente a los escándalos.
Aparentemente, la estrategia ha surtido efecto. Hoy ya nadie asociaría a la cantante con aquella adolescente, hija del astro del country Billy Ray Cyrus, que protagonizaba una tira en el horario central de Disney Channel. Por el contrario, actualmente se la vincula más bien a su típico gesto de sacar la lengua de manera desafiante, de elevar el dedo mayor en señal de “fuck you” o de utilizar ornamentos sacados de los sex shops durante sus conciertos, además de las fotos fumando marihuana y exponiendo desnudeces que fueron la comidilla de la prensa farandulesca durante largas temporadas.
En 2015, la Miley Cyrus “descocada” trasladó a un disco los excesos que rodeaban su vida cotidiana. Junto al músico Wayne Coyne y su banda Flaming Lips, ella grabó “Miley Cyrus & Her Dead Petz”, un álbum experimental lanzado de manera independiente, en el que se liberaba de todas las ataduras que le imponía la industria discográfica. Que una pop star se atreviese a emprender semejante proyecto, representó el mayor atrevimiento hasta la fecha de la ex Disney, que defendió a muerte su libertad creativa y se expuso a las consecuencias de encarar una aventura alejada de todos los convencionalismos del negocio de la música.
Pero 2017 parece ser el año del asentamiento de la intérprete. El momento de plantarse en una posición que la distinga tanto de la niña prodigio que encabezaba una sitcom como de la transgresora que no dejaba títere con cabeza. Por lo menos, en ese sentido parece encaminarla “Malibu”, el nuevo single que publicó la semana pasada y que posee el encanto de lo alternativo, sin que eso implique que le falten las condiciones requeridas para sonar en la radio y tener difusión masiva. En su abordaje heterodoxo del género country, ella consigue un resultado más que atendible.
El videoclip de “Malibu” cae en los lugares comunes que rodean a una cantante de moda (escenas de mar y playa, ropas escasas y mascotas adorables), y la letra alude de manera bastante directa al excelente momento que pasa la relación de Miley con su novio, el actor Liam Hemsworth. Sin embargo, se nota en la canción un salto cualitativo en la apuesta sonora de la artista, que logra equilibrar dosis muy precisas que impacto comercial y originalidad, y consigue subrayar lo lejos que ha quedado aquella furia de “Bangerz”, cuando romper reglas era el objetivo que estaba por encima de todo.
Ahora sólo queda aguardar hasta ver con qué se despacha en su futuro disco, del que todavía ni siquiera hay un título en firme. Ella ha dicho que no soporta componer ni grabar bajo presión y lo ha demostrado tomándose varios años entre un álbum y otro. Si el resto del material se alinea con “Malibu”, cabe esperar que Miley saque de la galera una obra imprevisible, a la altura de –por ejemplo- el disco “1989” con el que Taylor Swift conquistó a todos en 2014. Porque si bien el pop es un altar de lo establecido, sabido es que se nutre de innovaciones que no todos están en condiciones de destilar.



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