A un año del “golpe” a Salerno, díscolos desafían a UTA nacional

El 17 de mayo de 2016, la ciudad quedó sin transporte por un paro que se convirtió en el inicio de una revuelta sindical que culminó con la remoción del ex mecánico, cuatro meses después.

Por Yanina Passero
ypassero@diarioalfil.com.ar

UTA-paroLa vida interna de la UTA Córdoba es vertiginosa. Doce meses exactos fueron suficientes para mostrar un gradiente perfecto entre los polos caos-orden y viceversa. El paro general del sistema de transporte de la jornada de ayer recordó a cada uno de los actores que participan del servicio que la irreverencia de sus dirigentes autóctonos no conoce límites, siquiera los impuestos por sus máximas autoridades nacionales, quienes tienen, al fin y al cabo, la potestad de pulverizar sus carreras gremiales si los hechos lo ameritan.
Fueron los flamantes delegados recientemente electos quienes lideraron los piquetes en la sede ubicada en avenida Vélez Sarsfield, a pocos metros de Patio Olmos, que minutos después derivaron en asambleas en Autobuses Córdoba y Tamse para terminar con un paro total entrada la tarde.
Una huelga promovida por delegados díscolos de UTA no debería sorprender: se trata de un gremio con alto poder de fuego, libanizado y caprichoso. Lo cierto es que estos representantes de base resultaron ungidos por el voto directo de los choferes en el marco de un proceso electoral que los interventores de UTA Nacional, Luis Arcando y Jorge Kiener, habilitaron como prueba piloto para comenzar a transitar el camino de la normalización de la seccional. Cabe recordar que los mandatos fueron interrumpidos en septiembre de 2016, cuando la central que comanda Roberto Fernández en todo el país decidió remover a la totalidad de la cúpula y mover sus hilos con hombres de su entera confianza.
¿Qué explica el quiebre del voto de confianza que UTA Nacional concedió a aquellos dirigentes que deberían instaurar buenas prácticas de conducción gremial?
El argumento que agitaron los cabecillas de la medida tomó forma de pedido de anticipo salarial de $5.000, pero su eficacia comenzó a agotarse apenas esgrimida la razón para dejar a pie a toda una ciudad. Lógico. La paritaria se resuelve, se firma y se aplica en un despacho porteño. Incluso, en tiempos de Alfredo “Cuchillo” Peñaloza, quedó caduca la pulseada por el llamado “diferencial Córdoba” que se sometía a una discusión en el ámbito del Ministerio de Trabajo de Córdoba. Desde hace más de tres años, la pauta salarial no se plebiscita en la seccional mediterránea.
La razón que motivó la medida de ayer es un viaje hacia el pasado reciente. Los delegados, encabezados por Marcelo Marín y Sonia Beas, mostraron sus dientes a la intervención y exigieron elecciones para formar una nueva comisión directiva. Curioso método para exigir democracia interna.
Arcando, además de asegurar el apoyo a los “paladines” de los choferes en cada empresa apenas terminaron los comicios, les aseguró que la delegación volvería a autogestionarse. Para precisar una fecha, deben esperar a que el Tribunal de Ética de UTA Nacional se expida sobre la suerte que correrá el desplazado Salerno, su junta ejecutiva y los delegados que jaquearon el servicio, en un raid de paros y trifulcas internas que comenzó el 17 de mayo de 2016 y terminó con la intervención cuatro meses después.
A un año de la revuelta que abrió una caja de pandora en la UTA Córdoba, son ahora los delegados nacidos bajo un nuevo orden –que redujo a su mínima expresión las retenciones de servicio y honra la acción directa como medida de última instancia- quienes desafían el esquema de poder vigente.
Arcando siguió de cerca el conflicto. Si el paro no se levantaba antes de las 18, volvería a comunicarse con Kiener para analizar los pasos a seguir. Los nuevos delegados sabían que estaban en falta porque incumplieron con el protocolo que marca el reglamente interno. Siquiera avisaron a sus superiores de la decisión tomadas en la punta de línea.
Afortunadamente, los dirigentes díscolos sopesaron las consecuencias de su irreverencia antes que fuera tarde. El conflicto se disipó mágicamente, con una exposición no vinculante de sus “reclamos” en la cartera laboral que encabeza el schiarettista Omar Sereno. La circunspección deberá ser la actitud elegida por los protagonistas del paro de ayer, si es que desean continuar en el cargo y pelar, en 2018, por la titularidad del sindicato. Los interventores, en adelante, deberán tomar nota que los episodios de ayer fueron orquestados para medir el poder de su autoridad.
La UTA Córdoba no mostró indicios de maduración. Su comportamiento cíclico retrasará el proceso de normalización exigido ayer porque es evidente que la cooperación y el respeto básico por las normas no fueron aprehendidos. Ahora bien, el resurgimiento de la vida interna agitada (que debería ser episódico al ocurrir en medio de la intervención) es una señal de alerta que se disparó en el Palacio 6 de Julio.
El intendente Ramón Mestre es otro de los beneficiados por la conducción personalizada de UTA Nacional de los choferes cordobeses. El revival de la insurgencia que inauguró la semana es una mala noticia, en un año electoral.



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