El padre de la criatura

Los que pensábamos que tras su derrota electoral en el ballotage en noviembre de 2015 Daniel Scioli desaparecería raudamente de la política nacional, nos equivocamos.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

scioliLos que pensábamos que tras su derrota electoral en el ballotage en noviembre de 2015 Daniel Scioli desaparecería raudamente de la política nacional, nos equivocamos.
Iniciado en la política gracias a Carlos Menem, el motonauta supo reinventarse una y otra vez, logrando mantenerse visible en la superficie del turbulento mar de la vida pública argentina.
Sus reacomodamientos sucesivos supusieron el quebrantamiento de antiguas lealtades. En 2003 enfrentó al propio Menem desde la fórmula presidencial que encabezaba Néstor Kirchner. Luego, cuando Kirchner decidió anular leyes y procesar nuevamente a los militares, tuvo un duro y breve altercado con el entonces presidente, que echó a todos los sciolistas que habían quedado en la secretaría de Turismo, lugar que Scioli había ocupado durante el breve interregno de Eduardo Duhalde. Pero nuevamente se reacomodó tiempo después rumbeó hacia la nunca fácil provincia de Buenos Aires, donde ganó con cierta comodidad la gobernación por dos veces.
Rechazado por el entorno de Cristina e incluso repudiado por los intelectuales de Carta Abierta, Daniel Scioli logró ser el hombre que la ex presidenta tuvo que aceptar a regañadientes para que la sucediera en el poder. Porque aunque ya pocos se acuerdan, en los meses previos a las internas abiertas y a la primera vuelta electoral, Scioli era número puesto para la presidencia. En ese momento era completamente impensado otro resultado electoral.
Sin embargo no le alcanzó. Perdió por un par de puntos. En ese momento su futuro político era asaz nebuloso. Pero se abrazó a Cristina y nuevamente logró sobrevivir a punto tal de que se preanunciaba como protagonista en los comicios legislativos que ya llegan.
Y en una semana sus chances electorales sufrieron un rudo e inesperado impacto mediático. Algo insólito ocurrió. Su bella novia, en una ráfaga de celos, investigó su teléfono celular y le descubrió una aventura amorosa. Despechada por el desliz del casi presidente, confesó a los medios un secreto que abrigaba: estaba embarazada y Scioli era el padre de su hijo. Desde ahí los hechos fueron vertiginosos. En las horas previas, ante la inminencia de que la noticia se haría pública, Scioli decidió anticiparla preventivamente en un programa de chimentos, impostando felicidad por su nueva y complicada paternidad. Pero no logró su objetivo publicitario: su novia reveló que se negó a abortar pese a los insistentes pedidos del ex gobernador. A partir de ahí todas fueron malas noticias para Scioli. Críticas, rechazos, reproches morales y repudios de toda índole cayeron sobre su cabeza.
El hombre que se había sumergido en búsqueda de su brazo arrancado por un terrible accidente en el mar, que había sorteado todos los escollos que le fue presentando la política nacional, que había llegado a las puertas mismas de la presidencia de la Nación, parece ahora desplomarse por motivos triviales o, cuanto menos, no extremadamente severos.
Los argentinos, que muchas veces han tenido una mirada aprobatoria de los avatares amorosos de sus hombres políticos, esta vez parecen dispuestos a cobrarle a Scioli todas las facturas juntas, en un arranque de severa moralidad.
El casi presidente, que había tenido la habilidad de recomponer su relación con una ex pareja sólo a los fines de favorecer su imagen como candidato presidencial, ahora parece sucumbir ante su presunta negativa a asumir la paternidad, tema en el que de todos modos, ha registrado notables avances.



Dejar respuesta