Pisteros bonaerenses

Todavía tengo olor a humo del rally, amigo lector. Qué cosa tan cordobesa el deporte de los fierros. Nos gusta pensar que somos eruditos del automovlismo porque vivimos en una provincia en la que todos los años se corre una fecha del campeonato mundial.

Por Javier Boher

massa-stolbizer-randazzo-vidalTodavía tengo olor a humo del rally, amigo lector. Qué cosa tan cordobesa el deporte de los fierros. Nos gusta pensar que somos eruditos del automovlismo porque vivimos en una provincia en la que todos los años se corre una fecha del campeonato mundial. Es como pensar que sabemos de fiambres porque el vecino come salame todos los días. Igual es lindo vivir el rally, porque nos hace recordar que estamos en una carrera hacia las legislativas de medio término. Y en ese prime es donde uno mejor se maneja.
La última semana hemos visto algunos movimientos interesantes, principalmente en provincia de Buenos Aires. Digamos todo: sobran nombres y ambiciones, pero también miedo (acá en la costa del canal de Argüello le suelen decir cagazo, pero no se si llegará a tanto). Venimos de un par de semanas complicadas para los muchachos kirchneristas, lo que ensucia un poco más la campaña. Ese es el problema de los verticalismos: la última conductora del peronismo está tan desorientada como para bloquear en twitter a LA conductora. CFK bloqueando a Mirtha Legrand nos da la pauta de que el peronismo de Buenos Aires está en la necesidad de redefinir liderazgos. Ninguno se anima a despegarse todavía, porque aunque tenga un techo bajo el piso de Cristina es bastante alto (no porque esté en alguna torre de Puerto Madero, sino porque su intención de voto en PBA se mantiene relativamente alta). Siendo realistas, cualquiera que quiera hacer carrera en política desconfiaría del rumbo que pueda elegir una mujer que tuitea fotos trucadas involucrando a cuatro de los conductores más elegidos por la gente, pero qué sabemos nosotros de política y medios.
Dentro del espacio del peronismo bonaerense las negociaciones son duras. Cada uno tiene su cuota de poder y ninguno quiere ceder. Es como cuando estando en el medio de las sierras cada uno tiene un ladrillo para levantar la parrilla: si uno no lo pone, el asado no se puede hacer. En esa danza de nombres aparecen algunos que vienen jugados -como Cristina-, algunos que quieren revancha -como Randazzo-, o algunos que quieren que el peronismo festeje con la corona de laureles y el botellón de champagne -cualquiera más racional-. En el grupete de los que ya tuvieron su oportunidad y representan a los más veteranos está Scioli, que por ahora prefiere el perfil bajo y se está moviendo menos que los muñecos de cera que tiene en Villa La Ñata. Entre los que tienen un pie en cada lado (funcionarios de primera línea del gobierno anterior pero con una imagen relativamente positiva) encabeza Randazzo. En el último grupo aparecen los que dicen que hay que reconstruir el partido (en un guiño contra los renovadores), encabezados por Insaurralde, que hace equilibrio entre las dos posiciones anteriores. Después de un año y medio de guerra interna se han dado cuenta de que la división sólo favorece a Cambiemos, que demostró cintura para gobernar en minoría. No importa si entre tres facciones del peronismo en octubre le ganan a Cambiemos en la suma total de diputados. Si el oficialismo queda a la cabeza, al peronismo no le va a resultar tan fácil el tramo que va hasta 2019. Lo hizo el kirchnerismo en sus pésimas elecciones de 2013 y 2009, no es descabellado pensar en que ahora desde Cambiemos puedan hacer lo mismo.
El que largó la carrera hace unos años y hoy está sufriendo el desgaste es Sergio “La people” Massa. Quedó atrapado en un superespecial que no termina nunca. Tanto jugó de opositor al kirchnerismo que hoy esos votantes no lo quieren. Tanto apoyó al gobierno los primeros meses que cuando lo critica cae su apoyo. Es la pesadilla de cualquier político, porque hacia donde se mueva pierde votos. Ojo que no es zonzo. Me imagino que algo habrá aprendido del mecenas del Tango Rally Team, nuestro exgobernador, que ha sabido cultivar la paciencia para ganar la carrera y no sólo el tramo. Lo que hasta ahora se muestra claro es que no va a poder unificar el peronismo bonaerense y lo que más lo asusta es pensar en sus posibles rivales. Está obligado a renovar su banca pero no le gusta el escenario de un enfrentamiento contra una boleta que lleve el apellido Kirchner escrito (sean Máximo, Florencia o Fernández de). Quizás en ese caso pegue el salto a dar pelea en otra categoría y deje a la-señora-que-no-demuestra-emociones Stolbizer pelear en ese tramo, porque con el auto de las denuncias y la honestidad puede hacer una carrera digna.
No hay que olvidarse de que en Buenos Aires hay dos carreras para octubre, una para senadores y otra para diputados. Esto dificulta aún más las negociaciones, porque hay que ver cómo se traccionan una a otra. Básicamente, puede pasar lo que le pasó a Macri con Vidal (que te suma algún puntito) o lo que le pasó a Scioli con Aníbal (que le restó un par). La carrera por los senadores es la más dura, porque sólo entran dos partidos. En el tridente Frente para la Victoria-Frente Renovador-Cambiemos, el que se quede afuera no la va a pasar bien cuando llegue la hora de los análisis políticos. Todos sabemos cómo se disparó la carrera política de Eduardo Mondino después de salir tercero en las elecciones a senador por Córdoba en 2009, o la de Francioni después de la de 2015.
En Cambiemos tienen un problema distinto: básicamente no tienen candidato. No faltan voluntarios, pero ninguno conmueve a la gente. De alguna manera lograron que Carrió desistiera de presentarse en PBA, lo que es un triunfo interno de la línea dura del Pro. Se anticiparon al regreso del “rompehogares” Lousteau y la plantaron como un rival de peso (ojo con el chiste fácil…) en CABA. Igual, seamos realistas: podrían correr la carrera de octubre con el R18 del Gordo Raies porque a la campaña lo mismo la van a centrar en Vidal (y en las continuas pérdidas de aceite del kirchnerismo en sus declaraciones). Lo único que necesitan para esta elección es a alguien que no despierte rechazo del electorado: básicamente, no tiene que tener una alta imagen negativa, un archivo comprometedor o similar. Podría ser un completo extraño sacado del comité más remoto del interior de la provincia que para el caso sería exactamente lo mismo. Si no hubiesen hablado tanto de republicanismo y no ensuciar a la política hoy podrían recurrir a aquel engendro que pergeñaron en el 2009 Néstor y Scioli -las candidaturas testimoniales- y ponerla en algún lugar de la lista. El único ruido que tienen en la hasta ahora saludable coalición oficialista son algunos muchachos del radicalismo bonaerense que están mareados por el olor a naftalina de los trajes de Raúl Ricardo que todavía usa Junior Alfonsín y piensan en términos ideológicos lo que se debe pensar en términos estratégicos.
Amigo lector, tranquilo. Los años electorales son largos, más desde que se incorporó a nuestra vida la frase “espacio gratuito cedido por la dirección nacional electoral” a las transmisiones radiales y televisivas. Ni hablar de la publicidad en los videos de internet o en las redes sociales. Es una carrera en la que pueden pasar muchas cosas que cambien el rumbo de la intención de voto. Acá en Córdoba los candidatos son otros, pero lo que pase en Buenos Aires va a tener su influencia, como pasa con cada tema que ocupa el papel central en los medios de Buenos Aires. Pase lo que pase, recuerde que no importa lo mala que sea la campaña, lo impresentable de los candidatos ni la chatura de las propuestas: nada puede ser peor que niños y adolescentes repitiendo frases de dudosa calidad humorística, tal como fue el caso de la tristemente célebre “alica, alicate” de hace un par de años. Por suerte aquella derrota quedó atrás.



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