Horacio González y su jeroglífico

Para González, únicamente son las políticas de índole populista las que pueden concitar el apoyo más o menos amplio de la gente.

Por Gonzalo Neidal
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Hace pocas horas reapareció el grupo de intelectuales kirchneristas que durante varios años se expresó a través de Carta Abierta. Anunciaron ahora que el próximo 25 de mayo lanzarán un nuevo agrupamiento de intelectuales que tendrá una línea política idéntica. La idea es formar “un gran frente cultural contra el gobierno”.
El orador principal de la reunión fue el ex titular de la Biblioteca Nacional, Horacio González quien analizó el momento político e invitó a los presentes a “hacer una lectura lúcida del gobierno”. Nos sorprendió. Siempre pensamos que la lucidez los acompañaba en todo momento, en cada palabra que pronuncian.
¿A qué se refería González? Lo aclaró inmediatamente. Pronunció una frase para un recuadro: “La Argentina vive en un jeroglífico. Estamos ante un gobierno neoliberal que cuenta con apoyo popular”. Joya.
“Jeroglífico” significa algo difícil de descifrar y de entender y remite a la escritura de los egipcios. Y lo que González confiesa no entender es cómo un gobierno “neoliberal” pueda contar con apoyo popular.
El intelectual de Carta Abierta le reconoce a Macri “apoyo popular”. González podría haber hablado de simple “apoyo” pero el añadido “popular” es un valioso reconocimiento que ellos no otorgan fácilmente. Lo mezquinan, lo retacean. Casi podría decirse que los intelectuales K certifican qué es popular y qué no lo es. Pensamos que reconocerle a Macri esa condición habrá supuesto para ellos un desgarro interno de proporciones. Su frágil y sensible alma revolucionaria ha de haber padecido indeciblemente ante esa verdad que finalmente debieron aceptar. ¿Cómo puede ser que un niño bien, educado en colegios de elites, empresario y millonario, relativamente joven y ¡para colmo! de ojos celestes haya llegado a la presidencia y, sobre todo… ¡cuente con apoyo popular!
Sí, Don Horacio: es un jeroglífico. Pero lo es especialmente para quienes cuentan con un esquema mental tan cerrado que les impide vislumbrar siquiera opciones distintas a las que vienen repitiendo durante décadas y décadas, sin siquiera considerar la posibilidad de que el mundo haya cambiado a punto tal que lo que pensábamos hace cuarenta años ya no sirve para explicar la realidad de estos días.
Para González, únicamente son las políticas de índole populista las que pueden concitar el apoyo más o menos amplio de la gente. Por el contrario, las políticas “neoliberales” son opresivas y carentes de beneficios para el pueblo, para los hombres y mujeres de más estrecha condición social, para los pobres.
Una primera observación es que no sólo de pan vive el hombre. A veces el pueblo otorga importancia a valores o circunstancias distintas a lo puramente material aunque éstas cuenten a la postre con un peso decisivo en las decisiones populares.
Proponemos a González una línea de análisis distinta. Quizá el pueblo valoró de un modo distinto al gobierno de Cristina Kirchner. Quizá se hartó de ella y de su forma de ejercer el poder. Quizá fue decisivo que propusiera a alguien con las cualidades de Aníbal Fernández para gobernar la provincia de Buenos Aires.
Quizá también haya percibido que Cristina Kirchner no reunía las condiciones de honestidad y decencia que una parte importante de los argentinos pretenden para un gobernante. Quizá los argentinos entendieron que por el camino propuesto por Daniel Scioli –que ofrecía continuar con el programa de Cristina- el país iba rumbo a Venezuela.
Quizá, en definitiva, que para una parte importante de los argentinos, tener un gobierno “neoliberal” no sea tan horroroso como lo es para un intelectual de izquierda, aferrado con uñas y dientes a ideas que forman parte de un pasado remoto. (De todos modos, que el de Macri sea un gobierno “neoliberal” es algo que puede discutirse largamente).
Si González no hubiera estado distraído habría advertido que algo similar a esto sucedió con Carlos Menem. El riojano puso patas para arriba al peronismo: privatizó, desreguló, tuvo excelentes relaciones con los Estados Unidos, visitó al Almirante Rojas y alentó la economía de mercado. Y fue popular.
La gente lo votó en 1989 sin saber muy bien lo que era. Decían que Menem los había engañado pues prometió hacer una cosa e hizo otra. Pero luego, en 1991 ya todo el mundo sabía hacia donde iba. Y lo volvió a votar. Y también en 1993 y en 1994 (reforma constitucional) y luego lo reeligió en 1995.
O sea, una política distinta a la “nacional y popular” puede conseguir votos una y otra vez. Y si esto logra repetirse con Macri, algo que no resultará para nada fácil, ocurrirá lo mismo.
En consecuencia, entendemos la preocupación de los intelectuales kirchneristas. Y se comprende que para ellos todo esto sea un jeroglífico.