Un tratado sobre populismo

Quien talla una piedra preciosa ha de tener mucho cuidado en no arruinarla. Tal trabajo demanda precisión y talento mejorar lo que se tiene sobre la mesa.

Por Gonzalo Neidal
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Quien talla una piedra preciosa ha de tener mucho cuidado en no arruinarla. Tal trabajo demanda precisión y talento mejorar lo que se tiene sobre la mesa. El riesgo siempre está latente y seguramente a cada momento se cometen errores que terminan malogrando las posibilidades que existen en el material en bruto, al menos en forma potencial.
Es corriendo este riesgo que tomamos en nuestras manos una gema que no estamos seguros de saber abordar con la delicadeza y la aptitud que demanda y merece.
Por estos días circuló un video en el que aparece una mujer joven, medianamente robusta, de aparente condición humilde, que formula breve declaraciones ante un periodista.
La mujer dice lo siguiente:
“Todo político roba plata. Si ella robó… (se refiere a Cristina Fernández de Kirchner) nosotros teníamos para comer. Como dice Cristina, Kirchner robó a los pobres, robó al país pero la gente pobre tenía para comer. Hoy en día no tenemos. Tenemos que laburar día a día para poder tener”.
Fin de la cita.
¿Hace falta más?
Casi podríamos terminar aquí la nota.
Ni los sesudos libros de Chantal Mouffe y Ernesto Laclau echan más luz sobre el populismo que estos breves renglones de esta desconocida mujer que dice con gran convicción sus razones de apoyo al kirchnerismo.
Ella acepta la verdad indiscutible sobre la conducta de Néstor y Cristina en el poder. Toma como un dato de la realidad que robaban, incluso acepta (o se le escapa bajo la forma de lapsus) que también le robaban a los pobres. Pero eso no es considerado por ella como un dato importante, por dos motivos. Uno, porque “todos los políticos roban”, según su concepto. Y, además, porque los Kirchner repartían entre los pobres una parte (“teníamos para comer”). Ese sólo hecho transforma un delito en un mérito.
La mujer reporteada no se refiere a que los Kirchner creaban las condiciones materiales, el clima económico, para que cada uno pudiera conseguir un trabajo y, de ese modo, la gente pudiera generar recursos para sobrevivir y aún ampliar sus horizontes. No: eso lo deja perfectamente aclarado en el último párrafo: “ahora tenemos que trabajar”, dice como si viviera una verdadera pesadilla.
Esta mujer se refiere, claro está, al extenso sistema de subsidios y planes sociales construido durante los años de populismo salvaje. Y se trata de un reproche injusto hacia este gobierno ya que esa política lejos de suprimirse se ha ampliado, conforme lo revelan todas las cifras disponibles y todos los expertos que analizan la realidad económica y que cada día le reprochan a Macri su poca disposición a reducir el gasto público y el déficit fiscal.
Los criterios económicos que esta mujer expone con firmeza y naturalidad, como si fueran una obviedad que no puede discutirse, es el legado fundamental y decisivo del populismo: la supresión de la lógica de mercado según la cual los recursos provienen del trabajo. Sin ello no existe la producción ni el estímulo a producir. La economía implosiona y la sociedad toda se hunde.
Este espíritu rentístico, que separa el esfuerzo del bienestar fue fortalecido por el peronismo durante los años cuarenta. Perón lo advirtió con claridad. Ha de ser por ese motivo que cuando presentó el Segundo Plan Quinquenal, encabezó sus dichos con esta frase:
“Los hombres y los pueblos que no sepan discernir la relación del bienestar con el esfuerzo, no ganan el derecho a la felicidad que reclaman”.
Más claro, agua.