Venezuela y el populismo

Ante este panorama dramático, ¿qué hace que los socialistas y populistas argentinos todavía manifiesten su apoyo a un régimen tan repudiable? La progresía argentina no formula ninguna objeción a Maduro ni a los resultados de su gobierno.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

Uno de los problemas del populismo (y de la izquierda en general) consiste en su baja capacidad para revisar sus puntos de vista y más aún, de hacerse cargo de los resultados de sus políticas. En definitiva, nula aptitud para corregir los rumbos que manifiestamente aparecen como equivocados o fallidos. El socialismo, en sus diversas variantes, se transforma así en un dogma sostenido por la fe más allá de los resultados que se obtengan en la práctica. Una ideología completamente inmune a la refutación.
Hugo Chávez, al igual que Fidel Castro, entusiasmó a muchos de nosotros pues llegaba como un líder político capaz de desarrollar las posibilidades económicas de un país potencialmente rico, a la vez que elevar el nivel de vida de un pueblo largamente postergado.
¿Qué sucedió? Lo que habitualmente sucede con los regímenes populistas y socialistas: tras algunos años de resultados con aumentos en los ingresos de los sectores más postergados y generalización de subsidios y otros beneficios, la economía comenzó a desplomarse. El auge y la caída coincidieron con la evolución del precio del petróleo (único producto de exportación de Venezuela), que pasó de 17 dólares el barril a 140 hacia junio de 2008. Luego cayó a 30 en pocos meses.
La economía de Venezuela se desbarrancó completamente. El Socialismo del Siglo XXI, denominación que el propio Chávez había dado al proceso que lideraba, se derrumbó. El gobierno de Nicolás Maduro perdió su mayoría pero se resiste a convalidar la plena vigencia de las instituciones pues eso significaría certificar que ahora es tan sólo una minoría y debería dejar el poder.
Ahora, el gobierno de Maduro se sostiene en el Ejército y en civiles armados. La democracia ha desaparecido de Venezuela. El parlamento, con mayoría opositora, ha sido suprimido y la represión va en aumento. Conseguir alimentos o medicamentos es una odisea, la economía está virtualmente paralizada y ha disminuido incluso la producción de petróleo.
Ante este panorama dramático, ¿qué hace que los socialistas y populistas argentinos todavía manifiesten su apoyo a un régimen tan repudiable? La progresía argentina no formula ninguna objeción a Maduro ni a los resultados de su gobierno. No objeta la supresión de las libertades individuales ni el cese de la vigencia de las instituciones democráticas. Para los izquierdistas de estos lados la democracia no es un valor a defender. Tampoco parece serlo el progreso económico o el aumento del nivel de vida de la población. Entonces ¿qué es lo que defienden en Venezuela? ¿Qué valor visualizan allí como rescatable y digno de ser vindicado y promovido?
Se nos ocurre tan sólo la confesada voluntad “antiimperialista” del régimen. Con sólo mentar a los pobres y autodesignarse como su defensor, el gobierno de Venezuela cuenta ya con el apoyo de la izquierda local. No importan los resultados, no importa que el pueblo de sus desvelos ya carezca de alimentos y de trabajo. Sólo importa que “la derecha” o sea los que se oponen a Maduro, no lleguen al poder de ninguna manera. Aunque sean mayoría.
Esta conducta del populismo y la izquierda autóctonos se extiende también a varios países de América Latina, que se muestran reticentes a sancionar a Venezuela. Tampoco el Papa Francisco ha expresado una clara voluntad de pugnar por el restablecimiento de la democracia en Venezuela. Su palabra a favor de una vía de solución pacífica iguala a un gobierno dictatorial y represor con la mayoría del pueblo que busca restablecer la democracia y el funcionamiento de la economía.
Si hay algo bueno que pueda adjudicarse al régimen chavista de Maduro es el desenmascaramiento del populismo y de la izquierda.
Si es que aún hacía falta hacerlo.



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