El frente de tormenta gremial cambia de rumbo y amenaza al municipio

Pensando al corto plazo, bien podría aventurarse que Mestre estaría razonablemente satisfecho con esta marca. Lo importante es ganar tiempo de cara a octubre. Un equívoco, sin embargo, amenaza con oscurecer la negociación.

Pablo Esteban Dávila

Son frecuentes los comentarios del tipo “¡que loco está el tiempo!” y cosas por el estilo. Aunque parezca un atavismo, el hombre moderno está más pendiente del clima y de sus extremos de lo que estaba en el pasado. El hecho que ahora estos fenómenos sean notablemente más inofensivos no parece disminuir la pasión popular por los pronósticos.
Una sola clase de tormentas continúa siendo tan peligrosa como lo fue siempre, especialmente para los gobiernos: las tormentas gremiales. Este tipo de meteoros son siempre virulentos, especialmente cuando las generan los sindicatos de empleados públicos. Es sabido que, como en este tipo de trabajo existe la estabilidad absoluta y la fuente laboral jamás se pierde, estos gremios son capaces de llevar los conflictos a lugares de especial exasperación. En épocas contemporáneas, los docentes de Roberto Baradel son, tal vez, la máxima expresión de esta intransigencia.
Como no podía ser de otra manera, Juan Schiaretti tuvo que enfrentarse a este particular frente climático a comienzos del año. Fiel al estilo de los gobiernos peronistas, no le fue difícil entenderse con el SEP capitaneado por José “Pepe” Pihen. Este secretario general (que también es legislador de Unión por Córdoba) es lo suficientemente dúctil como para pactar acuerdos que, en términos generales, les convienen a todos y que no generan ruidos excesivos. Un 19,5% de aumento en dos tramos con una cláusula gatillo bastó para sellar la paz tan pronto como a mediados de marzo.
No fue la misma experiencia con la UEPC liderada por el kirchnerista Juan Monserrat. Como ocurre siempre con las paritarias docentes, la variable de ajuste elegida para comenzar el plan de lucha fueron los alumnos de las escuelas públicas. A las medidas de fuerza locales se le sumó la confusa demanda de otros gremios docentes en diferentes provincias (también kirchneristas) reclamando paritarias nacionales con el gremio fantasma de CTERA. Desde el Panal se ofreció el mismo acuerdo que el aprobado por el SEP, pero Monserrat dijo nones en cada ocasión en que se sentó a negociar. La situación se volvió tan tensa que Schiaretti tuvo que regresar precipitadamente de sus vacaciones para evitar que la crisis escalase al nivel que María Eugenia Vidal tenía que enfrentar en Buenos Aires –y que aún hoy lo hace.
No obstante estas acechanzas, y justo cuando la tormenta parecía romper en rayos y centellas, el ímpetu combativo del gremio cordobés comenzó a declinar. Sus medidas de fuerza no fueron lo contundentes que se prometieron y el hastío general contra la belicosidad de Monserrat comenzó a hacer estragos en la adhesión de sus representados a la lucha. Al final, ayer la UEPC aceptó la última oferta del gobierno: 24,5% sin ajuste por inflación. La provincia ahora tiene cerradas, oficialmente, las cuentas con todos sus empleados.
Pero, y contrariamente a lo que podría suponerse, la tormenta gremial no se desarmó sino que cambió de rumbo. De amenazar al Panal, pasó ahora a dirigirse hacia el Palacio 6 de Julio. La única diferencia es que, en lugar de estar llena nubes cargadas de docentes en pie de guerra, se encuentra ensamblada por los representados del SUOEM. Si se la pudiera bautizar a la usanza de los ciclones en el Caribe, debería llamarse Rubén. Una vez más Rubén Daniele comienza a jugar su ajedrez con el intendente de turno.
Lo curioso del caso es que, mientras Schiaretti se afanaba en erosionar a la UEPC y trataba de encontrar una salida a sus demandas, Ramón Mestre gozaba de una paz sindical inaudita. Muchos especulaban que, esta vez, los pronósticos de mal tiempo con la gente del SUOEM no se cumplirían. La esperanza, como siempre, demostró ser vana; la temporada de huracanes es inexorable, especialmente en esta época.
Por ahora, sólo hay asambleas en las dependencias municipales. Aunque técnicamente no es un paro, funcionan como tal. Para los vecinos es igual que lo fuera. Ningún empleado trabaja, generalmente, ni antes ni después de estas consultas colectivas. El pedido de aumento es de un 15% en el primer semestre, apenas dos puntos por debajo de la pauta inflacionaria anual fijada por el Banco Central. Daniele y los suyos apuntan que, a partir de julio, puedan morder otro porcentual de similar calado, habida cuenta que ningún vaticinio se anima a apostar porque esta pauta efectivamente pueda cumplirse.
Pensando al corto plazo, bien podría aventurarse que Mestre estaría razonablemente satisfecho con esta marca. Lo importante es ganar tiempo de cara a octubre. Un equívoco, sin embargo, amenaza con oscurecer la negociación.
El origen del problema reside en que, a finales del año pasado, se acordó un aumento del 2,1% a modo de compensación por la inflación real. Pero (y esto es típico en los acuerdo decembrinos), mientras que el Departamento Ejecutivo creyó que se trataba de un porcentaje a cuenta de la paritaria de 2017, el SUOEM entendió que correspondía por entero al 2016. Tratase de un desencuentro gregoriano que, con los antecedentes a la vista, puede empeorar el clima dentro de la negociación en ciernes.
¿Qué hacer al respecto? Todavía no se conoce cuáles son las cartas que el intendente piensa jugar en esta partida. Por ahora, y a tenor de la tormenta que se avecina, tanto él como sus funcionarios han convenido en mantener el optimismo ante la segura presión gremial que habrán de enfrentar. Hay motivos, por cierto, para sostener una actitud positiva. Después de muchos años la Municipalidad se encuentra ejecutando un programa más o menos ambicioso de obra pública y, de seguro, el gobierno nacional no permitirá que se detenga, especialmente en una ciudad que cuenta como propia. Mestre sabe que, a diferencia de los difíciles años de Cristina, otros cuidan ahora de él tanto como sí mismo. Es una gran ventaja que piensa hacer valer.
Esta confianza en su actual momento político obra como un suplemento vitamínico para vérselas con las huestes municipales. Es probable que sepa que, en un sentido estricto, se trate sólo de una mera sensación de fortaleza porque (nadie se hace ilusiones en este tema) es muy posible que al final el SUOEM se salga con la suya como es habitual. De cualquier manera, y más allá de sus deseos, está obligado a capear el temporal que se dirige al municipio; siempre es mejor hacerlo con fe y esperanza antes que mostrar una actitud derrotista desde el vamos. Como dice el refrán, al mal tiempo buena cara.



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