El oficialismo no perdió el clásico y respira aliviado

La dirigencia de Belgrano superó su último gran obstáculo antes de las elecciones: no caer ante Talleres de local con su gente. El equipo no brilló pero dejó una salvadora imagen.

Por Federico Jelic

El cronómetro marcaba 32 minutos del segundo tiempo cuando llegó el desahogo y el alivio. Belgrano, gran parte del club, respiró y volvió a sentir vida. Retornó el pulso. Parece exagerado este parte médico y en parte lo es, solo que en 90 minutos en un clásico se viven tantas emociones electrizantes junto a la tómbola de la suerte: todo lo que hay por ganar puede perderse en la misma proporción en un clásico.
Entonces se entiende que el gol de Guillermo Farré haya simbolizado todo ese combo de sensaciones en la dirigencia de Belgrano. El equipo marcha penúltimo en las posiciones, la peor campaña de la última década, todo un estadio Mario Kempes pintado de celeste y Talleres se estaba llevando la fiesta a su casa, en silencio. El grito sagrado puso paridad en el marcador y a su vez, un dejo de tranquilidad, de euforia contenida. Perder el derby cordobés ante toda su gente hubiera significado el golpe más certero y letal al corazón del hincha y a la imagen dirigencial, aunque lo mismo no salió indemne del todo. Tiempos proselitistas en Alberdi, el 29 de este mes hay elecciones después de 20 años, donde el oficialismo se jugaba la carta más importante: no perder ante Talleres frente al público votante.

La última cruzada
Curioso: el resultado del clásico no tiene influencia directa y total de la dirigencia. Son los jugadores y el DT los responsables directos de que si la pelota pega en el palo entra y es gol o rebota y sale. Pero claro que es consecuencia de algunas determinaciones dirigenciales y del proyecto deportivo de la institución, detalles que parecen haberse subestimado por parte de Armando Pérez y compañía en este último tiempo.
La presencia prioritaria del hombre de los cosméticos al frente de la Comisión Normalizadora de AFA fue un factor importante de críticas por parte de la oposición. Y cuando los malos resultados afloran, pegar es mucho más fácil. Ironía del destino poco clemente: el fixture deparó el duelo ante Talleres, nada menos que a dos semanas de los escrutinios…
El Mario Kempes como hace tiempo no ocurría fue escenario de contienda política. En los estacionamientos y en las tribunas se repartieron folletos de ambas facciones, dando clima de contienda electoral. El oficialismo con “Nuevo Resurgir” presentó imágenes del candidato a presidente Jorge Franceschi junto a los tres vicepresidentes. Sus propuestas de gestión se relacionaban con los alcances de la construcción de la nueva tribuna en Alberdi, revalorizando además las tres clasificaciones a copas sudamericanas, y a su vez, invitando aa potenciar un proceso exitoso junto a la frase clave de la campaña: “Ir por más”. De lo bueno conseguido, seguir creciendo con esa premisa.
Desde la otra trinchera, Santiago Montoya junto a “Corazón Celeste” también hicieron sus panfletos que dispersaron por todo el recinto. “Por un club dirigido por hinchas” cierra como lema la impresión, a modo de sorna sobre la supuesta vinculación de Pérez con otro equipo de Buenos Aires. “Cambiar, para un Belgrano protagonista” es la incentivación a lograr una campaña con posibilidades reales de campeonatos. Al dorso completa la información con ejes de gestión, haciendo hincapié en la transparencia, ordenamiento, ambiciones, etc. “Con tu voto pensá en grande” y “Por un Belgrano de los socios” son las otras dos frases motivadoras.

Vinieron los goles
Parecían las acciones de Wall Street. Minuto a minuto, a modo de pantalla del mercado de valores, en este último desafío por parte del oficialismo para evitar una abrupta caída de puntos de imagen. Necesitaban imperiosamente un buen resultado en el clásico. Cambio de DT con Sebastián Méndez a la cabeza, que venía de debutar con una derrota ante Banfield, y un paso en falso en el clásico podía generar críticas despiadadas e inoportunas a 13 días de los comicios.
Por eso cuando Jonathan Menéndez metió el gol para adelantar a Talleres, las acciones de Franceschi y su lista parecieron decrecer. Se concretaba la cuarta derrota en fila, sin muchas opciones de juego en la cancha, y encima, ante el rival de toda la vida, con una marea “Pirata” de testigo. Así y todo, no hubo insultos unánimes ni para el plantel ni para la dirigencia. Nadie pidió la cabeza de nadie pero el ambiente se percibía muchísima tensión. Más en los palcos que en la cancha.
Hasta que Farré trajo la tranquilidad y la armonía 15 minutos después. A los “ponchazos”, una pelota sucia que fue de carambola por toda el área, y listo, llegó el empate, empujado con el corazón y el alma. Ese gol fue la vuelta olímpica para Pérez y compañía. El oficialismo volvió a respirar y sus acciones en la bolsa volvieron a crecer. Así se refleja de manera injusta o no dependiendo de la óptica, la consideración del hincha. Eligen también de acuerdo al resultado del momento, a la “calentura” de algún partido o racha, y en ese contexto, el oficialismo estaba demasiado expuesto, tanto para los cuestionamientos de los sectores opositores como del propio socio que se deja llevar por las emociones.



¿Quién vota?
De todas maneras, el socio votante de Belgrano no siempre es el pasional que insulta desde la tribuna popular o las redes sociales. La conducta de tener la cuota al día y valorizar otros aspectos no es moneda corriente por Alberdi. Y será ese perfil de simpatizante quien irá a las urnas. Algunos muy familiarizados e identificados con el proceso de Pérez y otros disgustados que apuntarán a una renovación con Montoya. Pero el “grueso” general queda exento. Se calcula que entre 4500 y 6 mil socios no más estarán habilitados en el padrón con el derecho de sufragio, será cuestión de interpretar cuántos de los cuestionadores del oficialismo están al día con su carnet y cuántos de los que apoyan al ciclo actual ratificarán su voto de confianza a la conducción oficial ahora con Franceschi al frente de todo.

Obstáculo superado
Tiempo de campañas proselitistas, viajes al interior, reunión con las filiales y con las bases de cada partido. Desde el oficialismo entienden que se superó el obstáculo más difícil en el contexto proselitista. Ninguna otra acción social e institucional iba a posibilitar fidelidad masiva como el riesgo de una migración de votos a la vereda de enfrente como lo hubiera significado perder con Talleres en tu cara con toda tu hinchada herida. Una derrota hubiera sido quizás un desencadenante directo de críticas al armado del equipo, sacando a la luz viejas facturas ya pagadas: como la contratación de Leonardo Madelón, la salida de Ricardo Zielinski, la onerosa incorporación de Matías Suárez, la eliminación en Copa Sudamericana de local, la renuncia del arquero y capitán Juan Carlos Olave (ahora devenido a manager de la institución) y otros reclamos por las ventas de Lucas Zelarayan y Emiliano Rigoni más las demoras de la construcción de la tribuna en la calle Hualfin cuando el propio presidente había anunciado la inauguración del reformado estadio de Alberdi para febrero pasado.
El empate final trajo paz. Se recorrerá el último tramo con un carga más liviana. Una victoria hubiera aparejado mejor semblante sin dudas, aunque de todas formas, la reacción del equipo dejó tintes heroicos, con un desgaste en sus protagonistas evidentes y un final que le termina dejando como saldo una imagen positiva. Por espíritu y corazón más que fútbol. Y el oficialismo se aferra a eso. No se perdió el clásico y encaran la recta final hacia las elecciones con una mochila mucho menos pesada.



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