Paro débil, punto para Macri

Al peronismo se le hace complicado distinguir entre la política y el gremialismo.

Por Gonzalo Neidal
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macri-paroLas limitaciones del sindicalismo para emprender la lucha política ya habían sido señaladas por Lenin hacia 1902 cuando publicó ¿Qué hacer? Allí explicaba pacientemente a los “economicistas”, también llamados por él “tradeunionistas” (por las tradeunions británicas), que la lucha gremial no era la principal vertiente de la lucha política, ni siquiera una de las más importantes.
Este libro debe haber sido salteado por Néstor Pitrola en su acendrada formación marxista. El peronismo también tiene las cosas un poco mezcladas o simula tenerlas. Lenin les decía a los “economicistas” que los sindicatos habían sido creados para discutir las condiciones de trabajo y el salario y no para cuestionar la raíz del sistema.
A los sindicalistas peronistas uno podría decirles algo parecido: que los sindicatos no están hechos para cuestionar la política económica ni para pedir cambios en ella. Llegado el caso, para eso está el Partido Justicialista. El manejo de la economía es una prerrogativa del gobierno nacional. Se trata probablemente del capítulo más importante y complejo de todas las funciones que un gobierno tiene a su cargo. De tal modo, quien quiera poder definir aspectos de la política económica primero debe convocar la voluntad popular y obtener su apoyo para orientar el destino económico del país.
Esto ya lo decía Cristina cuando le recomendaba a la oposición que debían formar un partido, ganar las elecciones y entonces sí, definir el rumbo del país. Macri siguió al pie de la letra las instrucciones de Cristina y llegó al poder. Por eso maneja la política económica.
Al peronismo se le hace complicado distinguir entre la política y el gremialismo. Siempre ha utilizado a los sindicatos como un instrumento de la lucha por el poder, desvirtuando así su tarea. Hoy, la lucha sindical está mezclada con la batalla política, lo que no hace otra cosa que debilitar a los sindicatos pues pone de manifiesto que son peones de una lucha por el poder. Muchos peronistas (no sólo kirchneristas) sueñan con ver a Macri fuera del gobierno y se suman a cualquier manifestación con ese objetivo. En el origen de este paro está la movilización de la CGT de hace algunas semanas, la toma violenta del palco por parte del kirchnerismo y la exigencia a los dirigentes gremiales de que fijaran una fecha para la medida de fuerza.
Este paro llegó en un mal momento: justo cuando comienzan a conocerse datos que confirman la existencia de cierta mejora en algunos sectores económicos. El gobierno acaba de cerrar un blanqueo de capitales que ha significado un éxito notable por la cantidad de dinero recaudado y por el total de adherentes alcanzado. Además, hace pocos días hubo una manifestación espontánea de apoyo al gobierno y de respaldo a la democracia.
El paro de ayer tuvo una adhesión más bien módica, conforme a todos los informes. Va creciendo en la población un cierto hartazgo hacia este tipo de medidas que no aportan soluciones pero que además muestran a los sindicalistas entreverados con grupos violentos y funcionalmente subordinados a la estrategia política de Cristina y los restos del kirchnerismo.
Ciertamente, los dirigentes gremiales no se cuentan entre los dirigentes con más prestigio y predicamento a nivel popular. Han conseguido esa posición luego de un esfuerzo de décadas. Ayer se percibió con claridad que, si no hubiese existido temor por actos de violencia y represalias, al menos en Córdoba, la actividad se hubiese acercado bastante a la normalidad. Punto para el gobierno.