Efecto “Viviani”: libertad de acción para taxistas

El Sindicato de Peones se adhirió al paro, pero la conducción aclaró que iba a respetar la decisión de cada afiliado. En Buenos Aires, Uber capitalizó los dichos del dirigente afín al kirchnerismo y sumó usuarios.

Por María Viqueira

Durante el paro de ayer el transporte fue una variable central en las grandes ciudades y el acatamiento que tuvo la medida convocada por la CGT se relacionó directamente con la imposibilidad de muchos trabajadores para llegar a sus puestos.
En Córdoba, durante toda la jornada hubo movimiento de taxistas y de remiseros, aunque tuvieron dificultades para acceder al centro.
El Sindicato de Peones de Taxis adhirió, pero el secretario general de la entidad, Miguel Arias, aclaró que se iba a respetar la “libertad de acción” de los conductores.
En tanto, los remiseros desarrollaron su tareas con normalidad. Víctor Taborda, titular del sindicato que agrupa al sector, había adelantado que los coches verdes iban a circular porque prestan un servicio público y su “patronal” es la Municipalidad.
En ese sentido, remarcó que, por ordenanza, el vehículo que interrumpe el servicio lo debe comunicar, ya que es pasible de sanciones.
Además, dijo que los remiseros tienen la “férrea convicción” de que no pueden dejar a la gente “a pie” en situaciones así.
La prestación que brindan los taxistas quedó en el ojo de la tormenta luego de que se viralizaran imágenes de Omar Viviani, jefe del Sindicato de Peones desde hace tres décadas, arengando a su gente a recurrir a métodos violentos para impedir que sus pares circularan por la Ciudad Atónoma de Buenos Aires durante la huelga.
Viviani -un dirigente cercano a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que en el 2015 fue candidato a diputado nacional por el Frente para la Victoria- dijo en una asamblea que había que “darle vuelta los coches” a los “carneros”.
Sus dichos le valieron una citación a declarar, cursada por el fiscal de Cámara porteño Walter Fernández, con motivo de la denuncia que presentó su colega de primera instancia, Verónica Guagnino, de oficio, por amenazas agravadas y por atentar en contra de la libertad de trabajo y asociación.
El sindicalista no compareció. Su abogado solicitó una prórroga y adjuntó un certificado médico con indicación de 48 horas de reposo.
Viviani no pudo salir a la vía pública y se “perdió” el paro.
Aunque se retractó aduciendo que “se le salió la cadena”, recibió otras tres denuncias. Una la promovió el fiscal Carlos Donoso Castex, por incitación a la violencia colectiva. Otra fue planteada por el titular del Colegio de Abogados de Capital Federal, Guillermo Lipera, por aquel ilícito, intimidación pública e instigación a cometer delitos. La tercera fue presentada por un particular.
Más allá de las repercuciones judiciales de la “bajada de línea” de Viviani, sus manifestaciones le valieron el repudio casi generalizado de la población y no quedaron en meras expresiones “folklóricas”, como hubiera sucedido hace un par de años.
Su exabrupto potenció la discusión crítica, que ya estaba instalada, sobre la medida que convocó la CGT, y la firma Uber capitalizó la controversia.
Ayer, miles de porteños de movieron usando la aplicación.
Las objeciones que generó la acalorada adhesión de los taxistas y el cuestionamiento hacia Viviani convirtió a Uber en una alternativa para mucha gente no había probado el servicio.
Paradójicamente, Viviani, quien se opuso con ferocidad a la modalidad cuando anunció que comenzaba a operar, convocando protestas y cortes de calles y encabezando la guerra judicial en contra de la compañía, le brindó una “ayuda” involuntaria (e invaluable).
El efecto negativo que causaron sus manifestaciones en la opinión pública incentivó a la gente a viajar en un auto sin identificación aunque hubiera taxis circulando, por el temor a las represalias de la tropa del sindicalista.
Viviani mantenía una buena relación con el macrismo, por el rechazo del Gobierno porteño hacia Uber. Hasta el presidente Mauricio Macri se metió en la controversia en abril del año pasado, cuando respaldó al dirigente y dijo que los taxistas son “un símbolo”.
Ahora, la firma se posicionó como una “aliada” potencial de las autoridades y su actividad fue esencial para que, tal como quería el oficialismo, la gente pudiera ir a trabajar.
Algo similar pasó a fines de diciembre, cuando paró el transporte en reclamo por el impuesto a las Ganancias, y Uber triplicó sus viajes y ganó nuevos usuarios.
La “variable transporte” fue reconocida por el jefe de Gabinete, Marcos Peña, quien definió a la medida de fuerza de ayer como “un paro sindical focalizado como un paro de transporte”.