Armando Pérez, el normalizador frustrado

El titular de Belgrano, al frente del comité regularizador de AFA, consiguió bajar la deuda y acomodó algunas cuestiones institucionales pero las críticas y las internas le valieron un desgaste pronunciado. Bauza y su salud, su flanco débil.

Por Federico Jelic

perezLa presencia de Armando Pérez en AFA al frente de la espontánea Comisión Normalizadora, intervención de FIFA con injerencia estatal después de que por la vieja casona de la calle Viamonte se hiciera lo imposible para que sancionaran al fútbol argentino, fue parte de un capítulo inusitado por estas tierras, con un balance espinoso y donde no quedaron “salvadores” ni caudillos.
Lo realizado termina con un saldo desfavorable. Al final, el titular de Belgrano deja su cargo tras la asunción de las nuevas autoridades, con Claudio Tapia a la cabeza, con una imagen desgastada y con inconvenientes de salud.
El costo de estar al frente de una jungla de poderes, de egoísmos, de ambiciones políticas desmesuradas, tuvo consecuencias pírricas. Porque a pesar de haber logrado instaurar el nuevo estatuto impuesto por el ente madre del fútbol mundial, de haber achicado una deuda onerosa histórica y otros asuntos meramente institucionales, en el saldo de la opinión pública quedó marcada una postura de un ciclo incapaz de resolver asuntos de agenda y prolongar conflictos. Una mirada subjetiva y direccionada intencionalmente.
Es que fue tal el complot de los equipos del ascenso de Buenos Aires y de los principales referentes de Primera que terminan haciendo prevalecer sus errores por encima de todo, con algunas actitudes de gobierno personalista, con una supuesta y cuestionable arbitrariedad en sus manejos y otros menesteres que le valieron enemigos importantes. Discutible.

Ascenso y desestabilización
Apenas asumido en su cargo, Pérez se encontró con el primer obstáculo en relación al inicio del torneo, con los dineros que se adeudaban de “Fútbol para todos”, proyecto que Fernando Marín empezó a comandar desde el ascenso de Mauricio Macri a la presidencia. Se retrasó todo casi un mes. El empresario de los cosméticos fue elegido por el gobierno por la buena imagen que cosechó su administración en Belgrano, de las más prolijas del fútbol argentino, sin deudas en AFA tras levantar su quiebra en los plazos previstos. La intervención le dio laderos virtuales como el abogado Javier Medín, ex dirigente de Boca Juniors y cercano a Macri; Pablo Toviggino en las cuentas y la asesora letrada Carolina Cristinziano; sin embargo, pocas veces trabajaron corporativamente. Un grupo heterogéneo y ecléctico, porque al propio Pérez se le complicó mantener aliada a su tropa.
Es que, cuando el empresario de los cosméticos comenzó a obrar sin mucha consulta a su equipo, le fueron con los tapones de punta. Medín terminaba tomando decisiones por debajo de la mesa, Toviggino se reveló rápidamente y comenzó a orquestar el golpe de Estado junto a los principales referentes de las categorías menores (llámese “ascenso unido” de “Chiqui” Tapia y acólitos) y porque Cristinziano estuvo más abocada a cuestiones relacionadas a CONMEBOL que a su propia casa.
Y, claro, el ascenso no tardó en ponerse en pie de guerra. Reclamando elecciones ante cada faltante, con el vice de Nueva Chicago como pregonero fundamental, a Pérez se le empezó a complicar la estabilidad.

Bauza y la Selección
Para colmo de males, con la salida de Gerardo Martino en la Selección Argentina, tuvo que ocupar esa vacante en una especie de casting donde desfilaron desde Marcelo Bielsa a Miguel Ángel Russo, para designar después a Edgardo Bauza.
Bueno, Pérez todavía sigue pagando los platos rotos de aquella decisión. Porque ahora sus adláteres literalmente “se lavan las manos”, no se responsabilizan y señalan con el dedo índice al conductor repentino de AFA por esa acción. Claro, como hoy Argentina está penando para llegar a Rusia 2018, cada uno por separado sale a decir en los programas radiales y televisivos: “Yo a Bauza no lo hubiera puesto en ese cargo”. Falsedad, hipocresía y traiciones, moneda corriente en esa fauna infausta que es el fútbol.
Convaleciente de salud y firmeza
De todas maneras, al peor de los momentos Pérez lo pagó con su salud. Estuvo internado poco menos de una semana por una infección urinaria y por una afección cardiaca, por las que hasta hubo momentos en los que se rumoreó el peor diagnóstico.
Así y todo, nunca claudicó. Pudo haber amagado con renunciar pero su personalidad no se lo iba a permitir. Había realizado méritos para ocupar ese sillón y esta designación fue como para sacarse la espina y darse el gusto después de que no consiguiera los avales en pos de ser elegido postulante, allá por 2016. Ni esa proximidad con la muerte lo hizo reflexionar: iba a entregar su mandato en AFA una vez que hubiera autoridades electas.
Claro que antes tuvo que renegar gran rato con el ascenso por el tema del estatuto, donde el ascenso le negoció a muerte los 21 lugares que hoy ocupan en el nuevo formato de los asambleístas del Comité Ejecutivo. Ni estando convaleciente dio un paso al costado, a pesar de que su entorno se encargaba de vaticinar un certificado de defunción, y no solo en su función de interventor. Pero a Pérez le quedaban reservas de oxígeno y de energías, a pesar de su incontrolable vicio con el tabaco que muchas veces lo puso de rodillas ante la parca.



Normalización pírrica
Y bueno, Armando Pérez terminó su mandato cumpliendo los deberes que le impusieron. El inicio de los torneso se retrasó casi dos meses, siendo éste el peor momento de su gestión, pero ahora ya hay propietarios de los derechos de TV tras la salida de “Fútbol para todos”. Al final, hubo elecciones, con autoridades proclamadas a pesar de que hubo un solo candidato, nuevo estatuto de FIFA ya incorporado, y con una importante medalla conseguida en su proceso: achicar el pasivo de AFA de 500 millones de pesos a 30 de la misma moneda.
Pero no le fue gratis. Un desgaste desmesurado ante tantos frentes y una feroz interna política. Un paso en los cargos de influencia que le valió más enemigos que elogios. Una normalización festejada, pero pírrica en el saldo final. No se va aplaudido ni aclamado, a pesar de haber cumplido el objetivo de su intervención. Al contrario, su imagen se deterioró al ritmo de su salud. Injustamente o no, estos son los imponderables que tiene aventurarse en las esferas de poder sin un “padrino”. Con honestidad y gestión a veces no alcanza.



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