La revolución “bolivariana”

Venezuela ya es una dictadura con todas las letras. Hacia allí se dirigía Argentina si continuaba en el poder el peronismo. No hay ninguna duda de que eso era lo que inevitablemente ocurriría.



Por Gonzalo Neidal
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venezuelaCuando Hugo Chávez subió al poder, el precio del barril de petróleo en el mercado internacional era de 17 dólares. En un par de años comenzó a subir. A mediados de 2008 estaba en 140 dólares. Fue su pico máximo. Desde ese momento comenzó a bajar hasta llegar a 30 dólares hace poco más de un año y medio. Esta secuencia numérica es un buen punto de partida para explicar el auge y la caída del populismo venezolano.
En los años dorados, Chávez se pavoneaba arriba de un jeep militar y preguntaba qué era tal o cual fábrica, cuando le explicaban decía: “Exprópiese”, y el pueblo celebraba tanto patriotismo. Luego, aún en vida del extravagante líder caribeño, Venezuela comenzó a deslizarse hacia lo que hoy es: un país al borde de la desintegración y la guerra civil.
El sueño del “socialismo del siglo 21” ha sucumbido. Los resultados están a la vista. Es muy difícil echarle la culpa al acoso imperialista. Venezuela no necesita ayuda para hundirse; se autoabastece de fracaso y delirio.
Lo que comenzó con gran apoyo popular, derrapó hacia lo que hoy es: una dictadura que acaba de disolver el parlamento, derivar sus funciones hacia el más alto tribunal de justicia, que no es más que un títere del poder ejecutivo que ejerce Nicolás Maduro.
El gobierno ya es una minoría que se sostiene porque las Fuerzas Armadas lo respaldan y comparten el poder mientras el país se desintegra. La gente –especialmente los más pobres- no consigue comida, ni medicamentos, ni otros bienes esenciales. Venezuela ya es una dictadura con todas las letras.
Hacia allí se dirigía Argentina si continuaba en el poder el peronismo. No hay ninguna duda de que eso era lo que inevitablemente ocurriría. La supresión de los estímulos a la producción y al trabajo derivan en el caos y la decadencia. Y en lo político, en la dictadura ya que con el paso del tiempo y el desbarajuste económico, la mayoría del pueblo termina por abandonar el mamarracho populista.
Aunque sea una osadía contrafáctica también podríamos imaginar que hacia allí se dirigía la Argentina cuando en 1955 Perón fue derrocado por la revolución llamada libertadora. Esa irrupción no hizo más que preservar la idea populista y la esperanza de ese camino al progreso. En los hechos, hizo reverdecer el camino populista en la Argentina.
La deriva populista en Venezuela ha evidenciado también la torpeza del populismo vaticano, que se cuida mucho de condenar gobiernos como éstos mientras sigue obsesionado con el “neoliberalismo” al que atribuye todos los males de la humanidad. También está quedando claro el rol de los gobiernos latinoamericanos, muy diligentes para pedir explicaciones a Macri por la detención de Milagro Sala pero un tanto lentos para reclamar por la falta de vigencia de un orden democrático en Venezuela.
¿Logrará salir Venezuela de su atolladero populista? ¿Podrá hacerlo sin sangre? Pronto lo sabremos.



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