Anomia

Allá hace varios siglos, en los años cercanos a la conquista de América, los funcionarios españoles a cargo de los territorios coloniales tenían una fórmula para incumplir las órdenes y leyes que les llegaban desde la metrópolis: “se acata pero no se aplica”.

Por Gonzalo Neidal
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La Real Academia Española define a la palabra “anomia” como “ausencia de ley”. Pero agrega una segunda definición que se aproxima un poco más a la situación en la que se va internando la Argentina: “Conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normassociales o de su degradación”. Raudamente, hacia ahí vamos si es que no hacemos algo para detener ese proceso.
La primera vez que hemos escuchado la frase “criminalizar la protesta”, al menos que recordemos, fue por boca del abdicado vicepresidente Carlos Chacho Álvarez. Era su forma de quejarse de que algunos piqueteros o manifestantes eran sometidos a la acción de la justicia. Existe una frase que es aún peor: “judicializar la protesta”. Dicho esto en tono de reproche, tal como se lo utiliza normalmente, es un cuestionamiento al hecho de que la Justicia simplemente actúe ante quienes cortan el tránsito, impiden la circulación y se apoderan de las calles en forma reiterada.
Vamos acercándonos a situaciones que aunque están previstas en las leyes y normas, se resuelven con hechos, en función de la relación de fuerzas existente. Y no pasa nada.
Allá hace varios siglos, en los años cercanos a la conquista de América, los funcionarios españoles a cargo de los territorios coloniales tenían una fórmula para incumplir las órdenes y leyes que les llegaban desde la metrópolis: “se acata pero no se aplica”. En los hechos quería decir que se tomaba conocimiento de la instrucción pero que no se implementaba. Probablemente nuestro desapego a la ley tenga, entonces, raíces bien remotas.
Algunos hechos para ilustrar lo que queremos significar:
Un chofer de colectivos urbanos de Córdoba chocó seis veces en el período de 18 meses. Razonablemente, fue despedido. Ya aparecieron gremialistas que amenazan a la empresa con un paro de actividades si no lo reincorporan. Cabe preguntarse a los cuántos choques puede una empresa despedir a un chofer. O a las cuántas muertes.
Once turistas argentinos fueron detenidos por pintar muros centenarios en el Cusco, ciudad inca patrimonio cultural de la humanidad.
El dirigente piquetero Emilio Pérsico amenazó ayer a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich con cortes de ruta para la semana que viene. Se amenaza con la comisión de un delito, con total desenfado. Y no pasa nada.
Y así, la lista podría ser larguísima. Ni mencionaremos las normas de tránsito, cuya violación es moneda corriente con la secuela de accidentes y muertes que eso implica.
La situación está llegando a un punto difícil de revertir.
Las leyes laborales, tampoco se cumplen. Si se llama a conciliación obligatoria, el sindicato simplemente no la acata y no pasa nada. No recibe sanción alguna.
Y así con todo.
Este es el camino que lleva a arrojar bolsones por encima de las tapias de los conventos y al asesinato de los fiscales que osan acusar al poder.
Ojo: aunque la economía mejore, por esta vía también se llega a Venezuela.



1 Comentario

  1. Anomia: Nota para leer dos veces con opiniones de Gonzalo Neidal – El tema y lo que se dice en verdad pone el dedo en la llaga, pues diríase que en cierta medida remite al «ser nacional», y si no leer de nuevo «Cambalache» lanzado en 1935 y que mantiene actualidad, acaso extendida. Para enfrentar al autor de la nota se podría alegar que en lugar de la carencia de disciplina social en la Argentina tiene plena vigencia la «ley del vivo». Y esto vale para todas las escalas de la pirámide socia (arriba, al medio y abajo) de ahí el auge del populismo degenerado en cualquier lugar o función. Es bueno también leer de nuevo la nota de Daniel Zen sobre el valioso trabajo (interpretación de encuestas y documentación) de los profesores Antonio M. Hernández, Daniel Zovatto y el experto Ignacio Fidanza (La Voz, 7 enero 2017) sobre la anomia como virtud degradante de nuestra generación. Sólo agrego que una sociedad sin disciplina social es una sociedad débil, sometida a las voracidades sectoriales, y expuestas a los lobos de afuera. JAR

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