Violencia en las calles

Los piquetes son una suerte de guerrilla de baja intensidad. Sin muertos. Por el momento.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

Los piqueteros están ganando la batalla. Y lo hacen a través de un mecanismo extorsivo: “Si no me das esto, te hago la vida imposible. Y si me lo das, de todos modos seguiré pidiendo lo que me dé la gana”. Y así hasta que todo reviente.
En la situación actual del país es muy difícil combatirlos. Son una minoría ínfima. Si se presentan a elecciones, sacarían una cifra insignificante de votos. Pero eso no importa: pocas docenas de piqueteros son capaces de crear un robusto caos e impedir que millones puedan concurrir a sus obligaciones cotidianas.
Los piquetes son una suerte de guerrilla de baja intensidad. Sin muertos. Por el momento. Pero no son más que una minoría que agrede al conjunto con demandas muchas veces caprichosas e incumplibles. O que una vez cumplidas son reemplazadas por otras. Y después por otras.
La represión es una palabra que ha sido proscripta del lenguaje político del país. Aunque existe en el resto del mundo. Con gobiernos de derecha o de izquierda. Sobre todo con los de izquierda, que dicen representar a los pobres y postergados.
Como están planteadas las cosas, una ínfima minoría pone en jaque, día tras día, a una inmensa mayoría de gente que trabaja. Con el transcurrir de las semanas todos sabemos lo que pasará: los que trabajan se enojarán necesariamente con el gobierno ya que éste no les soluciona el problema de la circulación. Un problema que es político pero que no tiene que ver con la voluntad de las mayorías, que no quiere piquetes sino tranquilidad.
Con este sistema de extorsión los piqueteros consiguen lo que quieren del gobierno. Y se comprometen a dar paz. Pero después no cumplen. Y vuelven a pedir cada vez más.
Claro que los piqueteros no son inocentes. Ni sus reclamos son neutros. La situación que están generando beneficia a quienes quieren que el presidente elegido mediante elecciones limpias cese en su gobierno y se vaya en medio del caos que ellos producen. Los piqueteros, con su accionar, favorecen a los que dejaron de gobernar, que aspiran a retornar, a que la Justicia paralice sus causas y que todo vuelva a ser como antes. Esta es su apuesta y ninguna otra.
Por más que Macri insinúe que la responsabilidad de controlar los piquetes es del gobierno de la ciudad, todos sabemos que la opinión pública mira hacia el ejecutivo nacional. El fastidio generalizado le llega al gobierno de Macri, que no encuentra una respuesta, principalmente porque no existe una respuesta sencilla que no multiplique los piquetes.
Los que reclaman simplemente “mano dura” no saben de qué están hablando. No se trata de que la ley esté del lado del gobierno. Eso no alcanza. Aunque esté amparado por las normas y la Justicia, la represión (que es lo que ocurriría en cualquier país civilizado del mundo) podría ampliar el caos hasta límites intolerables, con resultados difíciles de predecir.
El gobierno obtuvo amplia mayoría de votos en todas las grandes ciudades. Sin embargo, no puede controlar la calle. En tal sentido, los piquetes actúan con lógica guerrillera. No les importa que sean repudiados por una amplia mayoría de la población. No les importa que no cuenten con respaldo electoral. No importa que estén actuando contra las leyes y la Justicia. Imponen una voluntad de hecho. Crean caos mediante la violencia. Porque cortar calles y rutas es un hecho de violencia.
¿Cómo se sale de esto? Con la ley, claro. Pero el problema es que los piqueteros se mueven al margen de la ley. ¿Cómo se impone la ley? ¿Cómo se evita que estos hechos de violencia piquetera no se extiendan ni profundicen hasta cobrar víctimas personales? No es sencillo.
Probablemente el gobierno necesite un consenso explícito más amplio del que tiene para entonces poder actuar con mayor autoridad política.
Si con la razón no se puede, llegará el momento en que se intentará con la fuerza. Eso es inevitable. Pero para eso el gobierno deberá construir un contexto de indubitable respaldo hacia su decisión de controlar y suprimir el caos que generan los piqueteros.
Y eso requiere tiempo. Y el tiempo no es algo que abunde en un año electoral.



1 Comentario

  1. Los piqueteros: De acuerdo en que la modalidad y las intenciones son las que describe el autor – Y lo hace muy bien – Hay que agregar,empero, en que algún problema social real suele estar de por medio. Si es ajustado a la realidad el gobierno debe solucionarlo para que, si existe, quitarles la causa que, al menos de hecho, los “legitima”. Si pese a ello insisten con su modalidad patotera, entonces la represión. De otro modo el gobierno se hace cómplice y se coloca en contra del orden y de los derechos de la población. O sea renuncia a su autoridad, ya no será gobierno sino cualquier cosa – JAR

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