Mujeres, una lucha desigual en un mundo machista

Las mujeres han sido relegadas históricamente; su rol reproductivo muchas veces ha limitado sus oportunidades de crecimiento, desde una menor participación en las responsabilidades económicas de mantener un hogar hasta una mínima participación en la toma de decisiones.

Por Alejandra Torres
Directora de Idesa

Las mujeres han sido relegadas históricamente; su rol reproductivo muchas veces ha limitado sus oportunidades de crecimiento, desde una menor participación en las responsabilidades económicas de mantener un hogar hasta una mínima participación en la toma de decisiones. Como reacción a esto, las mujeres han alzado voz para posicionarse en un lugar distinto y más igualitario al que tradicionalmente se le asignó en relación al hombre.
A pesar de esta lucha y los avances notorios en cuanto a lograr un trato más justo, el Foro Económico Mundial estima que el mundo tardará 118 años en cerrar completamente la brecha económica de género. Las mujeres ganan hoy lo mismo que hace una década ganaban los hombres, con una diferencia promedio en la actualidad del 24% en términos salariales. Esta diferencia se debe a que la población femenina es más propensa a dedicarse a trabajos familiares no remunerados o a actividades de baja productividad y del sector informal en condiciones precarias.
Uno pensaría que este tema merece especial atención en regiones como las de Medio Oriente y de África del Norte, en donde cultura, religión e historia los ha condenado a registrar las menores tasas de participación laboral de las mujeres y la mayor tasa de casamientos a temprana edad del mundo. No obstante, el debate de este tema es necesario e indispensable también en un país como el nuestro.
Argentina no se destaca por sus grandes logros en la lucha por subsanar esta injusticia. Por el contrario, a título de ejemplo, es el segundo país de la región con mayor número de femicidios en 2014 (uno cada treinta horas); se suele ligar esto a la ausencia de autonomía económica de las mujeres que no les permite liberarse del maltrato.
En Argentina, la población femenina en promedio destina 15,6 horas semanales a tareas remuneradas, la mitad que los hombres (34 horas). Al considerar las horas dedicadas a tareas no remuneradas sucede al revés, 42,8 horas las mujeres mientras que los hombres sólo 17,4 horas. Esta división por sexo en el trabajo como resultado de la construcción social de estereotipos de género, va contra los derechos fundamentales de las mujeres y sus posibilidades de progreso personal y profesional, el cual indudablemente contribuye al desarrollo del país.
En Argentina, los avances teóricos académicos y de organizaciones feministas logrados en los últimos años, han empujado exitosamente a la construcción de lineamientos políticos e instituciones promotoras de la igualdad de género en las distintas jurisdicciones en el país.
Estas políticas, que en la teoría van destinadas a combatir estas disparidades de género, en la práctica son simples políticas dirigidas a las mujeres, pero sin combatir el fondo del problema, que es un trato estructural desigual. Allí está el punto a debatir en la actualidad.
Es sustancial aumentar la participación laboral de las mujeres, pero de manera sostenida y autónoma de los programas del gobierno con que tienen fecha de vencimiento. Hay que equiparar sus ingresos a la de los hombres por igual trabajo, generando un efecto derrame en la economía y sociedad. Se estima que igualando la participación en el mercado laboral en la región, aumentaría en promedio un 14% el PIB de América Latina. Por último, un aumento de los ingresos familiares a raíz de una mejor remuneración de la mujer, modificaría los patrones de gasto a favor de los hijos, erradicando una gran proporción de la pobreza regional, sobre todo en aquellas familias monoparentales e donde la madre cumple el complejo rol de ser jefa de hogar.



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