En muchas provincias los estatales ganan más que los privados

El promedio es del 20%. Córdoba está en ese grupo. Las excepciones son Ciudad de Buenos Aires, Chubut, Neuquén, Santa Cruz, San Luis y Buenos Aires.

El salario de los trabajadores estatales en las provincias supera en 20% promedio el nivel de las remuneraciones del sector privado. Las excepciones son varias, como la Ciudad de Buenos Aires, Chubut, Neuquén, Santa Cruz, San Luis y Buenos Aires. Una realidad es que las jurisdicciones con alta proporción de empleos públicos sobre la población tienen cada vez más limitaciones para sostener esos sueldos.
En algunos casos, puede plantearse un “círculo vicioso”, por el cual, esas políticas fiscales, la falta de bienes públicos de calidad y la alta presión tributaria desalientan las inversiones y el empleo privado, afectando la capacidad del estado de recaudar impuestos. La conclusión es del economista Jorge Day, del Ieral de la Fundación Mediterránea.
El estancamiento de la economía argentina, que se inició en 2011, se refleja en la mala performance de los indicadores de productividad, que a su vez repercuten en la capacidad de las empresas de mantener las mejoras del salario real de sus trabajadores.
Este fenómeno –según Day- fue ignorado por un número importante de provincias, en las que los salarios estatales muestran significativa divergencia con lo que ocurre en el sector privado. Pero esta tendencia no parece sustentable.
Los salarios más altos se suman a que el empleo público tiene más beneficios, como la estabilidad laboral, y en algunos casos menos horas y menos días de trabajo que los privados. El informe de Day señala que hay dos grupos de provincias.
En uno los estatales ganan menos que los privados; incluye a varias petroleras (Neuquén, Santa Cruz y Chubut), donde el sector del petróleo paga mejores sueldos. También está la Ciudad de Buenos Aires. No sólo están las casas matrices de las grandes empresas, sino que a su vez es la más beneficiada con los salarios públicos nacionales. Y San Luis (“posiblemente como consecuencia de la estructura creada por la promoción industrial”) y Buenos Aires,
El otro grupo es el de las provincias que pagan salarios públicos mayores que los privados: aquí se encuentran varias de las consideradas “grandes”, como Córdoba y Santa Fe, y también Mendoza y Entre Ríos.
Aquellas provincias que tienen muchos empleados, les cuesta contar con fondos para pagar altos salarios (similar al problema que enfrentan los jubilados).
En general, las jurisdicciones con muchos empleados públicos tienden a pagar salarios promedios que son inferiores a los privados. Luego del ajuste vía devaluación en 2002, comenzó una recuperación del poder de compra (más del 70% entre 2004 y 2013), para luego comenzar el declive.
Day indica que para el país lo ideal es que mejore el poder adquisitivo de los salarios. Eso es posible y sostenible en el tiempo cuando lo hace acompañado de una mayor productividad.
“Si la productividad no mejora, y aparte los salarios públicos regionales tienen mejor desempeño, se complica el panorama para el sector privado en general”. Un interrogante es cómo puede el Estado pagar mayores incrementos salariales. La respuesta es obvia: recurriendo a más fondos. ¿Cuáles? Aquellos provenientes de una mayor presión impositiva, endeudarse y/o reduciendo la obra pública. No sólo están los costos de mayor deuda o de deterioro de la calidad de la infraestructura, sino que además presiona a mayores costos salariales al sector privado, que no son sostenibles en el tiempo. Además, esos mismos fondos extras tienen un límite. El año pasado se sintió.
En los últimos cinco años la economía se estancó y, en algunas regiones, los salarios privados promedios, netos de inflación, disminuyeron. Por ejemplo, en provincias patagónicas, luego que el precio internacional del petróleo llegara a un mínimo. Sin embargo, en ese mismo periodo, en algunas de esas provincias mejoró el poder de compra de los asalariados estatales (aun cuando disminuyó en 2016), como en Chubut.
En Santa Cruz, con serios problemas fiscales, el asalariado público promedio sí sintió el ajuste. En San Juan, los menores precios del oro redujeron el salario privado promedio en cinco años, pero mejoró el del estatal. En este caso, la jurisdicción contaba con finanzas públicas saludables (ahorraron antes, para enfrentar luego situaciones más complicadas).



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