Ahora los K son “los muchachos legrandistas”

Los emergentes “muchachos legrandistas” se mostraron maravillados con las preguntas que Mirtha le prodigó a Mauricio en la cena que mantuvieron en Olivos la noche del sábado.

Por Pablo Esteban Dávila

mirtha-macriEs enternecedor leer a los kirchneristas invocando a Mirtha Legrand para atacar al presidente Macri. La diva eterna (¡otra que Cristina!) que, hasta finales de 2015, era la exponente más rancia de la oligarquía, de Magnetto, de Clarín y de Spruille Braden–la memoria K agiganta la longevidad de Chiqui– se ha transformado, súbitamente, en una intérprete destacada de los más sagrados ideales de la década ganada.
Los emergentes “muchachos legrandistas” se mostraron maravillados con las preguntas que Mirtha le prodigó a Mauricio en la cena que mantuvieron en Olivos la noche del sábado. Descubrieron en ella una justiciera, que pone los puntos en las íes a un gobierno caracterizado por su afecto a los ricos, las importaciones indiscriminadas y el incremento de las tarifas.
Nada mejor que una recoleta mujer de la farándula para enrostrarle a los de su misma clase social la falta de sensibilidad de que adolecen. Mató su frase “si yo fuera un inversor, no invertiría un peso en este país”. No falta mucho para que sea postulada al rango de primera descamisada, aunque el honor sería seguramente declinado.
El episodio revela hasta qué punto las huestes kirchneristas viven en el desvarío. Haciendo de lado que cualquiera puede interpretar los hechos o, con más razón, las palabras como se les venga en reales ganas, la señora Legrand no hizo otra cosa que abordar asuntos de la más urgente actualidad. Que el presidente se sintiera más o menos cómodo con la índole de cuestiones a las que fue sometido es harina de otro costal, pero lo cierto es que, al aceptar una entrevista de esta naturaleza, la posibilidad de responder temas no necesariamente agradables se encontraba implícita. Celébrese la lucidez o la agudeza de la diva, más no se entronice su imaginada virtud opositora por hacer el trabajo con su característico estilo.
Ocurre que, en el imaginario kirchnerista, cualquier pregunta incómoda a un presidente es, en sí misma, un acto de oposición. No puede culpárselos por semejante entendimiento, pues ni Néstor ni Cristina respondieron jamás un cuestionario abierto, ni en una conferencia de prensa ni, mucho menos, con la entonces denostada señora Legrand. Si ellos lo hubieran hecho cuando habitaban la Casa Rosada habrían descubierto, antes que ahora, que los formadores de opinión construyen su prestigio contraviniendo, precisamente, el discurso público de quienes detentan el poder. Así se vuelven creíbles, objeto de ratings y de redituables ingresos publicitarios. Es una ecuación muy sencilla de entender, pese a haber sido una suerte de entelequia para los militantes Nac & Pop durante tantos años.
Esta inesperada pasión por cenas y almuerzos paquetes se suma a otros problemas que el kirchnerismo descubre por estos tiempos con la pasión de un explorador victoriano. Uno de ellos es la inflación. Muchos de sus máximos exponentes reclaman al presidente por la carestía del costo de la vida y por los índices de precios al consumidor que no terminan de aplacarse. –“¡La inflación pulveriza el salario!”, se desgañitan ahora. Reclaman, en consecuencia, medidas urgentes al Ministerio de Economía.
Sería, por cierto, una preocupación encomiable excepto porque, tal como se recuerda, el gobierno del Frente para la Victoria negó, sin sonrojarse, que hubiera existido algo parecido a la inflación durante su decenio (Amado Boudou acuñó el recordado eufemismo “tensión de precios” para eludir la mención). Más aún, fraguó deliberadamente las estadísticas del INDEC para que no existiese registro oficial de este flagelo macroeconómico. Ahora se escandaliza por índices que, en rigor, son una consecuencia inevitable de sus yerros en la materia.
Otro tanto sucede con las tarifas de servicios públicos. Tras negarse a actualizarlas pese a la inflación que golpeaba al país (total que no existía), actualmente los K pataleancon furia ante los incrementos que el ministro Juan José Aranguren propone cada seis meses. Prefieren ignorar que tanto ajuste se debe menos a la vocación neoliberal de Cambiemos que a la mala praxis serial de las políticas que Julio de Vido y Axel Kicillof llevaron adelante con la convicción del fanático.
La pobreza es otro asunto que los enardece por estos tiempos. No en vano Legrand le espetó a Macri que “la pobreza es terrible y vos prometiste pobreza cero”. Para alimentar su indignación se valen del informe del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina. – ¡Más del 30% de pobres! ¡El gobierno es una fábrica de indigencia!, se solazan. Es lindo que datos tan concretos e independientes ratifiquen lo que pronosticaban que ocurriría desde el 11 de diciembre de 2015.Pero ocurre que la fuente es exactamente la misma que Alicia Kirchner tildó como falaz y tendenciosa hasta pocos días antes de esa fecha. Para los personeros de una Administración que sostenía que la pobreza era menor en Argentina que en Alemania, debe ser liberador que otro se haga cargo de lo que antes se negaban a transparentar para “no estigmatizar” a nadie.
La anomalía se reitera en otros peronistas con menos carga ideológica. Así, después de haber soportado años de atropellos contra el federalismo fiscal sin chistar, muchos gobernadores “descubrieron”, a los pocos días de asumido el gobierno macrista, que la Nación se quedaba con el 15% de coparticipación originariamente cedido al ANSES. Envalentonados por el éxito de Córdoba y Santa Fe –las únicas jurisdicciones que se animaron a desafiar al kirchnerismo por esta exacción– exigieron a Macri que les restituyese de inmediato el porcentaje conculcado, dando muestras de su pasado servilismo y de un oportunismo cínico.
Es un hecho que los K han descubierto en el llano los problemas que generaron en el gobierno y que se negaron a admitir durante tanto tiempo. Sin embargo, y haciendo gala de un apasionado apego por la post verdad de Donald Trump, están lejos de reconocer la autoría de los desaguisados que el equipo de Mauricio Macri intenta corregir con una exquisita mezcla de errores y amateurismo (Mirtha lo dijo: “Yo tendría que ser tu asesora, no hubieras cometido muchos errores” – aplausos nacionales y populares). Esto los coloca en una posición de inesperados fiscales que acusan a los líderes de Cambiemos ser los autores de crímenes sociales cuyo copyright compete, en verdad, sólo a ellos.
Los muchachos legrandistas están felices por el destemplado interrogatorio de su nueva referente. Deshojan la margarita para que la próxima cena se consume en El Calafate, con un exquisito cordero patagónico y una buena vista desde el hotel Los Sauces. Hasta la victoria siempre.



2 Comentarios

  1. super pedorro, si estuvo re armado eso. Como si su imagen fuera buena. Cuando todos salieron a decir que habia sido grandiosa mirtha por decirle en la cara las verdades; capaz se les pasó por alto que es un montaje capcioso que te fuerza a optar la postura obvia, para despues sacar titulares defenestrando a la critica por enbanderarla a mirta; no nos olvidemos que es una mentira burda lo de que Cristina tenia todos los medios, chamuyaso estta todo monopolizado, ellos disponen del escenario los personajes, una vez mas la mentira del reality show, pero usado de una manera mu estratégica. Al final logran como siempre hacer parecer que no somos tan distintos y que hay matices como para decir que hasta hay algo en comun entre cristina mirta, y macri, al final son todos lo mismo… etc.. NO, Ahi es donde cavo trinchera realmente; dan asco cuales servidores de Sauron!! Son tan pobres que ni me gaste en leerlo el titular y la primer oración lo dice todo…. tienen CACA en la cabeza ni mas ni menos.

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