¿Por qué el pueblo eligió cambiar el rumbo?

Luego de un paneo histórico de los últimos 15 años de Latino América, en este artículo se aborda el análisis autocrítico de los procesos populares, en las personas del exministro boliviano Andrés Soliz Rada y del filósofo Emir Sader, ambos militantes de lo que se denomina el campo popular.

Por Eduardo Dalmasso

En agosto del 2016, el ex Ministro de Hidrocarburos del gobierno de Evo Morales , Andrés Soliz Rada , afirmaba en una nota periodística sobre el proyecto político bolivariano y, específicamente sobre el caso venezolano: “Después de impulsar la meta de la Patria Grande, mediante el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Alternativa Bolivariana para América Latina (ALBA), el proyecto bolivariano, por graves errores en su conducción, corre el riesgo de quedar en la memoria colectiva como sinónimo de abuso, autoritarismo, corrupción, negador de principios democráticos, de la libertad de expresión y de los derechos humanos”.
Soliz Rada hacía énfasis en los errores cometidos por los gobiernos chavistas, fundamentalmente por el desconocimiento de la importancia de la macroeconomía. El autor señalaba que la mística y convicciones del comandante Hugo Chávez , en defensa del pensamiento de Simón Bolívar , no fueron acompañadas por la capacidad necesaria para impedir el desorden económico financiero en el que se sumió Venezuela.
El ex funcionario, en un gesto poco común, señalaba que no es suficiente responsabilizar de lo ocurrido al imperialismo y sus agentes internos. Lo importante era contrariar a los intereses de Estados Unidos con austeridad, eficiencia y responsabilidad. Separar la economía de la política conduce al abismo. También, el profesor universitario, se explayaba sobre la importancia de la autoridad moral de los dirigentes, como basamento de la credibilidad de un proyecto. Lo notable, en este caso, es cómo un hombre al que nadie podría acusar de pro imperialista, como se desprende de su trayectoria y rol en el Gobierno de Evo Morales, se hace cargo de lo que considera debilidades manifiestas de ciertos procesos de carácter revolucionario.

Las flaquezas desde la visión de Emir Sader

Más relevante aún es el escrito de Emir Sader publicado en el diario Página 12, en febrero del 2016. Es decir, unos meses antes del artículo de Soliz Rada. El entusiasta filósofo, pero también eminente sociólogo, se despoja en este artículo de la emocionalidad propia de los actos de carácter político, desmenuzando, las falencias de los modelos políticos y de desarrollo de los movimientos populares; luego sí, de exaltar los logros de estos gobiernos y hacer énfasis en el excesivo poder de los medios como voces de los intereses minoritarios.
Para Sader, su poder en estos casos, deriva en crisis políticas por su influencia en los sectores medios; más allá de las dificultades reales de las economías, dado que para el político, la penetración ideológica del neoliberalismo condiciona las respuestas de la sociedad. Para el brasileño no bastaba con realizar acciones positivas, sino que estas requieren de un planteo ideológico. Esto, sin duda, es susceptible de controversia respecto a la inexistencia que alude el autor, pero lo que me interesa transcribir de su texto, tiene que ver con su coincidencia con la opinión de Soliz Rada: “Otro factor condicionante, en principio a favor, después en contra, fue el relativamente alto precio de las commodities durante algunos años, del que los gobiernos se aprovecharon, pero no para promover un reciclaje en los modelos económicos para que no dependieran tanto de esas exportaciones. Para ese reciclaje habría sido necesario formular y empezar a poner en práctica un modelo alternativo basado en la integración regional. Se ha perdido un período de gran homogeneidad en el Mercosur, sin que se haya avanzado en esa dirección. Cuando los precios bajaron, nuestras economías sufrieron los efectos, sin tener como defenderse, por no haber promovido el reciclaje hacia un modelo distinto”.
Es decir, Emir Sader plantea la inexistencia de cambios estructurales necesarios para darle sustentabilidad a los proyectos populares. Marca incluso que por fuera de los discursos, el avance en el proceso de integración no se ha profundizado dentro de las dimensiones necesarias. Luego, en su escrito, agrega en consonancia con Soliz Rada: “En algunos países no se ha cuidado debidamente el equilibrio de las cuentas públicas, lo cual ha generado niveles de inflación que han neutralizado en parte los efectos de las políticas sociales, porque los efectos de la inflación recaen sobre los asalariados. Los ajustes no deben ser trasformados en objetivos, pero sí en instrumentos para garantizar el equilibrio de las cuentas públicas y eso es un elemento importante del éxito de las políticas económicas y sociales”.
A lo anterior, Sader agrega otra opinión en coincidencia con el ex Ministro de Evo Morales: “Aunque los medios hayan magnificado casos de corrupción, no se puede negar que no hubo control suficiente de parte de los gobiernos respecto al uso de los recursos públicos. El tema del cuidado absoluto de la esfera pública debe ser sagrado para los gobiernos de izquierda, que deben ser los que descubran eventuales irregularidades y las penalicen, antes que sean los medios”.
Soliz Rada, en el escrito previo, expresa: “No detener la corrupción. Este es el punto de inflexión ética entre el proyecto bolivariano y los modelos consumistas y depredadores del neoliberalismo y del libre mercado. Varios de los presidentes que se adscribieron al ideal de la Patria Grande provocaron decepción con el descomunal incremento de sus patrimonios personales (….) No se entendió que el proyecto bolivariano está sujeto a los avances y retrocesos de los procesos democráticos, lo que equivale a respetar resultados electorales adversos, a fin de saber reagruparse para volver a avanzar. Ni los triunfos ni las derrotas son irreversibles”.
Los dos autores citados nos plantean con crudeza las serias debilidades de los procesos de conducción política, dejándonos interesantes interrogantes sobre el significado y requerimiento de las representaciones del pueblo.



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