Una pulseada decisiva

Muchos viejos políticos se miran, sonrientes y dicen que “a Vidal le falta cintura política”.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

No se trata de una lucha por los salarios de los docentes.
Es una lucha por el poder. Aunque esto hoy pueda parecer exagerado, es rigurosamente así.
Así está planteado del lado de los gremios de maestros, comandados por Cristina Kirchner a través del sindicalista Roberto Baradel.
Es un año electoral. Podría decirse que éstas “son las reglas de juego”. Pero no lo son. La batalla por los salarios planteada así, para doblegar la voluntad de la gobernadora de Buenos Aires y la política de mayor prestigio del oficialismo, no es un modo civilizado de convivir en democracia. Utilizar la lucha sindical como instrumento político no es lo que corresponde pues mezcla todo y contamina completamente la política.
El kirchnerismo plantea cualquier batalla al todo o nada.
Así fue con la movilización de la CGT y la exigencia K para fijar una fecha de paro general. Así fue también con la movilización de las mujeres, cuyos episodios bochornosos provinieron de los grupos feministas extremos y de las mujeres kichneristas.
Podría decirse que Vidal es testaruda. Que no podrá derrotar a los gremios docentes y que más tarde o más temprano tendrá que ceder. Podrá decirse que de este modo, con su tozudez, lo único que hace es deteriorar su figura y tangencialmente la de Macri. También puede decirse que esta pelea no le conviene porque en pocos días más los padres de alumnos, incluidos los que la votaron, se fastidiarán y le comenzarán a exigir que de una vez por todas afloje para que puedan comenzar las clases.
Algunos incluso dirán que no entienden cómo puede ser que Vidal no se dé cuenta de que por este camino va hacia una derrota segura. Que debería hacer cualquier cosa para pagar lo que le piden. Por ejemplo, parar la obra pública, o bien pedirle más dinero al gobierno nacional, o bien endeudar más a la provincia para pagar lo que Cristina y Baradelle exigen.
Pero Vidal entiende que no puede pagar lo que le piden porque no tiene dinero suficiente para hacerlo. Además, como no hay paritarias nacionales de maestros (porque todos están a cargo de las provincias y de la CABA), Vidal sabe que la discusión salarial bonaerense fijará una pauta que servirá de referencia para los aumentos en todo el país. Si ella cede, es probable que haya problemas en todas las provincias.
Muchos viejos políticos se miran, sonrientes y dicen que “a Vidal le falta cintura política”. Como se sabe, la mentada y tan alabada “cintura política” consiste casi siempre en ceder a lo que se le pide y después veremos qué hacemos. Que se arregle un próximo gobierno.
Ceder también significa no cumplir los objetivos que el gobierno se propone. Es como fijarse una dieta por razones de salud, para vivir más años, y meterse cada dos por tres en un Mac Donald y sacudirse un cuarto de libra. Con papas fritas.
¿Logrará el gobierno la comprensión de los padres de alumnos sin clases? ¿O finalmente cederá y pateará para más adelante el ordenamiento de las cuentas públicas de la provincia de Buenos Aires?
Si el gobierno no afloja, demuestra que está dispuesto a dar batalla para acomodar la economía del país. Pero esto supondrá un largo y peligroso conflicto docente que es muy probable que pronto comience a horadar el poder de la gobernadora.
Pero si cede, entonces esto servirá para dar pie a nuevas exigencias y será una señal de que al gobierno se lo puede vapulear con un par de paros y movilizaciones.
En consecuencia, no se trata de una pulseada cualquiera.
Y ambos protagonistas son conscientes de eso.



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