Gill reestrena en Villa María fórmula De la Sota

La rebaja tributaria del 30% comenzó a regir en un año en el que el intendente no se juega su reelección ni hace una apuesta aún mayor; tampoco en un momento en que el país no se asoma al abismo como ya parecía arrimarse a fines de 1999, y lleva el sello de quien, junto al otro Martín, el vicegobernador Llaryora, parte la generación de recambio del peronismo con proyección a escenarios más empinados.

Por Gabriel Osman
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gill-recaudacionEn diciembre de 1998 José Manuel de la Sota logró algo que parecía imposible en este bastión radical: derrotó a Ramón Bautista Mestre en las elecciones de diciembre. Su idea fuerza en aquella campaña electoral había sido una rebaja universal del 30% sobre los principales impuestos provinciales. Lo hizo ya en la curva claramente declinante de la Convertibilidad y el supuesto inverso del “efecto Tanzi”, de menor presión fiscal es igual a mayor recaudación. Esto se desmintió rápidamente pero al gobernador le sirvió para ganar las elecciones y consolidar el mayor ciclo virtuoso en el poder con cinco mandatos consecutivos entre él y el actual mandatario Juan Schiaretti. No es poco para una promesa incumplida e inconsistente, por lo menos, ya desde su lanzamiento.
También en Córdoba pero en escala municipal, el intendente de Villa María ha lanzado una remake de esta fórmula. La rebaja del peronista Martín Gill para todos los villamarienses es igualmente del 30% y ya tiene una primera medición bimestral, según su mensaje anual al Concejo Deliberante el miércoles pasado.
Tiene algunas diferencias con la fórmula claramente electoralista de De la Sota en el ’99. La rebaja tributaria del 30% comenzó a regir en un año en el que el intendente no se juega su reelección o hace una apuesta aún mayor; tampoco en un momento en el país no se asoma al abismo como ya parecía arrimarse a fines de 1999, y lleva el sello de quien, junto al otro Martín, el vicegobernador Llaryora, parte la generación de recambio del peronismo con proyección a escenarios más empinados.
En su discurso inaugural de las sesiones, Gill puso énfasis en su gestión financiera. Rapasó que tras sucesivos resultados superavitarios trimestrales obtenidos desde el inicio de la gestión –en 2016 fue de $ 14 millones, reivindicó “el éxito obtenido tras la redefinición de la matriz recaudatoria”, al lograr ampliar la base tributaria con una reducción hasta un 30% al 88% de los vecinos. Viniendo de un hombre que abrevó en el kirchnerismo (subsidios a la energía, por ejemplo, para ricos y pobres) y que aplicó la fórmula de rebaja universal de De la Sota (para todos, sin importar su capacidad tributaria), no es poco.
“Sepan que no se equivocaron cuando nos acompañaron, porque hoy 32 mil contribuyentes tienen un cedulón con una tasa más reducida”, dijo Gill y apuntó que esta baja ya ha repercutido en la recaudación del primer bimestre, pasando de 114 millones en 2016, a 155 al cierre de febrero de 2017. “El incremento fue de 40 millones de pesos”, aseguró.
Su pasado reciente no ha descolocado a Gill en Villa María, corazón de la pampa sojera y víctima de las exacciones llamadas retenciones que supieron malversar los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Agotado aquel ciclo, el intendente de Villa María supo reconocer su pertenencia –y futuro- al peronismo cordobés y mantiene muy buenas relaciones con Schiaretti. Tal vez una ubicuidad que le reporta de su extracción académica y, eso sí, en las antípodas de su compañera de fórmula en las legislativas de 2013, tempranamente recluida en un autoconfinamiento político.