Los liberales “troskos”

Aunque fuere cierto de que las medidas drásticas, pasado un tiempo, generan condiciones económicas más favorables que compensan con creces los dolores iniciales, ellas resultan inaplicables por razones sociales y políticas.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

troskos-liberalesCada partido, cada idea política tiene su ala extremista, radical. En los setenta, se usaba el calificativo de “trosko” para señalar, despectivamente, todas las propuestas políticas desmesuradas, fuera de “timing” o bien carente de sustento.
El liberalismo también tiene su ala “troska”. Son los que le reclaman al presidente Mauricio Macri medidas de gobierno más drásticas, mayor energía y decisión en los ajustes económicos, en la quita de subsidios, en la anulación de planes sociales.
Los más enfáticos de todos son los economistas. Probablemente porque ellos se sientan eximidos de tener en cuenta los condicionantes políticos que supone gobernar. Ellos arremeten con todo. ¿Cómo es que Macri no hace volar de un plumazo varios cientos de miles de los empleados públicos innecesarios que incorporó el kirchnerismo?
¿Por qué Macri no aumentó las tarifas públicas llevándolas a los niveles que tienen en países vecinos?
¿Cómo es que no recorta el gasto público de una manera mucho más drástica para de ese modo equilibrar el presupuesto?
Y cosas por el estilo.
Les cuesta distinguir entre la teoría, las ideas puras, los conceptos, por un lado, y la política por el otro.
Tienen, en esencia, el mismo problema que los “troskos”.
Ven todo fácil. Al alcance de la mano. La revolución a la vuelta de la esquina.
Abominan del gradualismo. Quieren cambios drásticos.
Si se tratara de una conquista, descreen del café, la conversación, el cine, la cena, y otros mecanismos de los que el militar británico Basil Liddell Hart llamaba “la aproximación indirecta”. Proponen una suerte de violación en una plaza pública, por así decirlo.
Es, en cierto modo, una cuestión temperamental. Raro, tratándose de liberales, pues se espera de ellos el predominio de la razón sobre lo emocional, del cerebro sobre el corazón. Al menos eso predicó siempre Ayn Rand.
Pero no. Ellos plantean salir con un caño, hablando simbólicamente. Como si medidas tales no hubieran de generar consecuencias y respuestas entre los afectados.
Aunque fuere cierto de que las medidas drásticas, pasado un tiempo, generan condiciones económicas más favorables que compensan con creces los dolores iniciales, ellas resultan inaplicables por razones sociales y políticas. Sobre todo porque, acertadamente o no, son percibidas como perjudiciales para los afectados inmediatos y, por lo tanto, rechazadas.Aunque quien intente llevarlas a cabo sea un gobierno pleno de legitimidad y cuyo acceso al poder se haya producido a través de una elección democrática inobjetable.
La política se trata de eso: de cómo hacer para que las ideas que uno ha proclamado y considera beneficiosas para el país y para los votantes, puedan ser instrumentadas sin generar resistencias que, a la postre, signifiquen un retroceso irremontable.
Incluso la flecha, para ser disparada, necesita ser tirada hacia atrás, mientras se apunta para dar en el blanco.



1 Comentario

  1. Exelente Gonzalo tu comentario. Solo le agegaría al párrafo de que ….”los más enfaticos de todos son los economistas….” Y LOS PERIODISTAS (Gráficos, de la TV y radios)

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