Desencantándonos

El single “Where’s The Revolution”, del grupo inglés Depeche Mode, fue lanzado a comienzos de febrero junto a un video en blanco y negro (bajo la dirección del realizador holandés Anton Corbijn), donde la parodia y la tensión dramática se combinan para provocar un efecto impactante.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

Frente a la ola de desenfrenado optimismo que reinó en el mundo al comenzar la segunda mitad del siglo veinte, podría decirse que se viven tiempos desencantados y escépticos. En aquel entonces había gente enceguecida tras las fantasías del progreso infinito o de la emancipación revolucionaria, que en la prosecución de esos objetivos menospreciaba las desgracias de la vida cotidiana: el futuro iba a ser mejor. Ahora, en cambio, las principales metrópolis del globo viven atemorizadas por amenazas terroristas, catástrofes ecológicas y propuestas políticas que, bajo la excusa de mayor ofrecer seguridad, terminan vulnerando los derechos más elementales de la convivencia democrática.
Mientras que la sensación que reinaba en los viejos tiempos se sintetizaba en la frase “todo puede pasar”, en la actualidad pareciera que sólo nos tranquiliza la idea de que “nada va a pasar”. Y eso no sólo se restringe a las grandes decisiones mundiales, sino que se traslada a todos los aspectos de la existencia. Por supuesto que los avances científicos siguen alimentando esperanzas de un porvenir venturoso; y las utopías ideológicas todavía son el sustento espiritual de muchísimas personas. Pero el sentimiento generalizado es el de un paralizante desengaño, después de tantas promesas que –simplemente- quedaron sólo en eso.
El arte, que tan bien espejó los sueños de amor y paz en los sesenta, de ninguna manera puede evitar constituirse en el reflejo de este estado de cosas que se expande como reguero de pólvora a través de las redes sociales, donde se manifiesta con mayor crudeza el desamparo existencial que nos envuelve. La literatura, el cine, las artes plásticas, trasuntan ese síntoma que se expresa políticamente mediante plebiscitos y comicios de resultados incómodos, pero que también puede ser apreciado en los comentarios que dejan los usuarios de los portales de noticias, donde vomitan odio y resentimiento hacia todo lo que se les cruce delante.
El single “Where’s The Revolution”, del grupo inglés Depeche Mode, fue lanzado a comienzos de febrero junto a un video en blanco y negro, donde la parodia y la tensión dramática se combinan para provocar un efecto impactante. Bajo la dirección de Anton Corbijn, un realizador holandés que ha sido responsable de varios de los videoclips más conocidos del grupo, se muestra allí a los tres componentes de la banda rodeados de la estética revolucionaria de un siglo atrás, en la que las coreografías marciales y el color rojo que se cuela en algunos detalles (como las banderas) completan el sentido de lo que dice la letra.
En su arenga, que en el video es actuada por el cantante Dave Gahan, pareciera que Depeche Mode le echa en cara a los antiguos dogmas revolucionarios su progresiva degeneración, que ha puesto a la humanidad ante un horizonte sin opciones. Así como en su tema “Revolution”, de 1968, los Beatles (y particularmente, John Lennon) cuestionaban ciertas falsedades ideológicas, en este caso lo que se advierte es una especie de melancolía por aquellos años felices en los que, al menos, cabía la posibilidad de instrumentar un cambio de rumbo.
Ya cincuentones, los Depeche Mode también filtran en esta canción algo de su propio desencanto vital, al descubrir –quizás- que todo su aporte sonoro no ha logrado torcer un destino que ubica al planeta ante una encrucijada en la que nadie sabe muy bien qué camino hay que tomar. Habrá que esperar hasta el 17 de marzo, fecha en la que se anuncia saldrá el álbum “Spirit”, para verificar si esta muestra que nos han anticipado es una síntesis de un concepto de “blanco o negro” que afecta a todo el disco. O si se trata de una pieza más dentro de un rompecabezas que no se ha privado del resto de los colores.



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